IV Bienal Nacional de Arte de Guayana, Venezuela

Alfred Wenemoser. Instalación (detalle). RM Guayana. Foto: Carlos Germán Rojas.

Bienaljul 1995 - sept 1995· Por Anita Tapias

IV Bienal Nacional de Arte de Guayana, Venezuela

En un país que atraviesa en la actualidad una de sus peores crisis económicas, con una sociedad que ha perdido credibilidad en sus líderes políticos, y donde los dineros destinados a la cultura se ven reducidos notablemente, resulta heroico dar cuerpo a eventos expositivos como salones y bienales.

Es así como una vez más y de manera seria y coherente el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, de Ciudad Bolívar, emprendió el liderazgo que significa dar cuerpo a la Bienal de Guayana. Este evento en su cuarta edición contó nuevamente con la curaduría de Freddy Carreño y Ruth Auerbach. El primero es director desde hace varios años de esa institución museística; la Sra. Auerbach es ampliamente conocida dentro y fuera de nuestras fronteras por su acertada visión del arte contemporáneo. La IV Bienal Nacional de Arte de Guayana reunió dos generaciones de artistas, venezolanos y extranjeros radicados en el país. Los primeros con una amplia trayectoria nacional e internacional, merecedores en varias ocasiones de premios. Los más jóvenes han figurado desde hace pocos años en eventos, bienales, exposiciones y tienen la posibilidad de desarrollar una excelente carrera.

Bienal: IV Bienal Nacional de Arte de Guayana, Venezuela — imagen 1
Alfred Wenemoser. Instalación. RM Guayana. Foto: Carlos Germán Rojas.

Es así como entre los artistas más renombrados de nuestro medio están Eugenio Espinoza, Héctor Fuenmayor, Roberto Obregón y Sigfredo Chacón. Óscar Maldonado, Alfred Wenemoser, Pedro Terán, entre otros. Y jóvenes que irrupen en el medio con nuevos planteamientos y una visión fresca de los problemas estéticos. Entre ellos figuran María Cristina Carbonell, Juan Pablo Nascimiento, Carlos Molina, Mauricio Lupini, Enrique Eduardo Molina y Diana López, quien recientemente obtuvo una beca que otorga el Institute of Contemporary Art PS1 de Nueva York y la Fundación Calara de Caracas. Todos estos artistas, bajo diferentes ópticas y por variados medios (pintura, esculturas, videos, instalaciones), presentaron propuestas variadas, algunas comprometidas con la evolución del arte como fenómeno sin fronteras. Otras se refieren al desarrollo personal del artista.

Auerbach y Carreño lograron imprimir un ambiente muy festivo y majestuoso al evento. El museo como epicentro permitió al espectador recorrer de manera agradable las obras e instalaciones que allí se exhibían. Un plano de mano muy bien diseñado invitaba al visitante a iniciar un recorrido que partiendo del museo conducía al casco histórico de la ciudad, segundo punto del recorrido y quizá el más rico. Entremezclados con monumentos históricos, con el Orinoco y Angostura como escenario, se desplegaba una serie de obras que dialogaban con el entorno e involucraban al lugareño. La Casa Congreso de Angostura, El Correo del Orinoco, la Casa Piar, dejaron de ser por unos meses los recintos sacralizados de los héroes civiles y militares de la guerra de independencia, y se convirtieron en espacios de diálogo entre dos épocas, dos maneras de pensar. Es así como la obra de Héctor Fuenmayor Muerte e insurrección, suerte de performance e instalación, se desarrolla en tres momentos, el primero en la sede del Museo Soto —Cuadrado blanco sobre blanco—, la segunda en la Catedral Metropolitana —Paredón en honor de ex-piar, mu-ro de los la meto II— y la tercera en la Casa Piar —En ti, hierro de la gran suerte—, más exactamente en la habitación donde estuvo preso Manuel Piar antes de ser fusilado. Fuenmayor fundió en un solo tiempo dos momentos de la historia, el tiempo de encarcelamiento de Piar y su propio encierro. Por tres días permaneció Fuenmayor encarcelado en esa habitación, conviviendo con los objetos de Piar y los propios (fotos, un altar budista y otra suerte de objetos personales). En este encierro oró, meditó y, según palabras de Fuenmayor, el encarcelamiento se tornó en retiro espiritual "donde el sujeto es sometido a una sistemática negación de su yo existencial mediante el ejercicio del zazen (meditación zen)". Héctor exorcizó de esta manera uno de los episodios más tristes y erróneos de nuestra historia.

Bienal: IV Bienal Nacional de Arte de Guayana, Venezuela — imagen 2
Héctor Fuenmayor. En ti, hierro de la gran suerte. Acción velada. Foto: Carlos Germán Rojas.

Con la instalación de Rin y neón intermitente, Roberto Obregón hace suyo otro momento terrible de la historia nacional, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Bajo este régimen de terror se practicaron todo tipo de torturas. La que Obregón nos describe es una de las técnicas más usadas por la Seguridad Nacional en contra de los presos políticos, el rin; y el paralelo con el neón intermitente, utilizado por la policía de Augusto Pinochet, en Chile. La paradoja que se establece entre estos elementos de tortura sería que a lo largo de la historia el hombre se ha valido del grillo, del rin, del neón intermitente, del cuarto oscuro, del destierro y de cualquier otro artilugio con el fin de anular la voluntad de sus semejantes. El gran premio de la Bienal de Guayana fue compartido, en esta edición, por Héctor Fuenmayor y Roberto Obregón.

Alfred Wenemoser, venezolano nacido en Austria y radicado en el país desde 1978, es uno de los artistas conceptuales más conocidos y respetados del medio. Su instalación RM Guayana en el Campanario de la Catedral Metropolitana asombró y desconcertó a todos los visitantes y transeúntes de la Plaza Bolívar, lugar donde se encuentra el templo. Wenemoser, haciendo gala de sus conocimientos de arquitectura e ingeniería, hizo modelos a escala de la torre, los cuales, emergiendo de manera violenta del interior de la propia torre, se proyectaban hacia los cuatro puntos cardinales. Con esa instalación Wenemoser obtuvo el Premio Gobernación para Proyectos Especiales. Sigfredo Chacón recibe el Premio Gobernación del Estado Bolívar, mención pintura por sus obras Pintura monocroma con ratas y Pintura dálmata con moscas, tal y como lo define Chacón, "se trata de un collage conceptual que recrea situaciones que entran en total contradicción con los planteamientos puramente abstractos que caracterizan su obra".

Bienal: IV Bienal Nacional de Arte de Guayana, Venezuela — imagen 3
Roberto Obregón. Instalación. Rin y neón intermitente. Foto: Carlos Germán Rojas.

Pedro Terán, que por años ha indagado sobre el mito del Dorado, en esta ocasión nos ofreció una síntesis de sus búsquedas. La escalera de Manoa, instalación en hojilla de oro, resplandecía al tiempo que enceguecía al transeúnte. Terán interpreta el mito del Dorado y nos hace cómplices de la intimidación que producía a los conquistadores la idea de descubrir, de encontrar ese maravilloso lugar, la mítica ciudad de Manoa.

Eugenio Espinoza ha venido investigando desde hace varios años los códigos del lenguaje visual. Obstrucción del lenguaje es una suerte de instalación, que a manera de elementos de señalización de tránsito reproducen fotografías del artista haciendo toda clase de gestos y mímicas, propias de los jugadores del béisbol, los cuales fuera de contexto tienen otras connotaciones y significados. María Cristina Carbonell obtiene el Premio para Obra Tridimensional con una pieza que llamó la atención del jurado por lo actual del contenido y lo impecable de la realización. En Epicedio (Canto para un héroe muerto en combate), María Cristina Carbonell se inspira en las huellas de los animales en peligro de extinción, para expresar una inquietud humanística generalizada a la vez que coloca a estas especies como héroes que sobreviven a la invasión del hombre.

Mauricio Lupini, joven fotógrafo, obtiene el Premio en la categoría de Obra Bidimensional por su Serie B N.2, se trata de fotografías de la muñeca Barbie a quien despoja de sus vestidos, adornos y maquillaje, transformándola en un frío objeto, carente de todo el encanto que ella inspira. La paradoja presente en su obra es quizá la de frialdad de una muñeca frente a la frialdad que caracteriza al prototipo de la mujer perfecta de finales de la centuria.

Con Mundo raro, Enrique Eduardo Molina hace una apropiación del Pop art. Su cultura es la del cómic, el cual disfrutó de niño y hoy lo emplea como elemento conductor de ideas y búsquedas. Sus obras, saturadas de personajes, producto de su imaginación, suerte de monstruos que se apropian de las ciudades, las invaden y contaminan visual y sonoramente, nos hablan del caos de las grandes urbes.

Si en la exposición Indice organizada por el Museo de Artes Visuales Alejandro Otero en 1994, Juan Nascimento se valió de un producto utópico para caricaturizar las sopas Campbell's de Andy Warhol, en esta oportunidad la emblemática lata de cerveza Polar es el vehículo empleado por el artista para poner en evidencia los mecanismos de fetichización de la sociedad contemporánea. Estas latas, compactadas a manera de maletines de ejecutivos, pasan a conformar una obra de arte, legítima, palpable y museable. Nascimento sacraliza así lo banal del objeto, cuyo destino final es un depósito de basura y si corre con suerte será reciclado.

Describir todos los trabajos exhibidos en esta Bienal es imposible por lo limitado del espacio. Sin embargo, es importante señalar que el nivel de excelencia de los envíos habla de la sólida formación de nuestros artistas, de la riqueza de información y referencias que manejan y de los acertados criterios curatoriales. De igual manera se debe hacer notar el alto nivel del jurado único de selección y premiación, conformado en esta oportunidad por Roberto Guevara, Tahía Rivero, María Luz Cárdenas, José Antonio Hernández-Diez, Jesús Fuenmayor y Jorge Rigamonti, para obras bidimensionales, tridimensionales y proyectos especiales para instalaciones a escala urbana. Y por Ricardo Armas, Ricardo Gómez-Pérez y David Suárez como jurados en la categoría de fotografía.

ANITA TAPIAS

Crítica de arte e historiadora venezolana. Reside en Caracas.

IV Bienal Nacional de Arte de Guayana, Venezuela | artnexus