Esta Bienal tuvo un rasgo único: en ella compitió el arte popular junto con el "elevado". Aunque los problemas teóricos de estas clasificaciones y su relación resultan complejos, la decisión es un paso práctico para romper jerarquías que subvaloran la producción vernácula. Debe provenir de la visión de Ticio Escobar, uno de los más importantes críticos culturales de América Latina.
Más allá, el evento fue un esfuerzo para estimular y promover la cultura contemporánea paraguaya, como parte del rumbo de consolidación democrática que sigue el país. Organizada por Martel y el Centro de Artes Visuales y presentada en el Centro Cultural de la ciudad, es hija de la labor de un grupo de destacados intelectuales que —caso infrecuente—, ocupan los cargos culturales de la Municipalidad de Asunción.

Un jurado internacional otorgó las distinciones. La sorpresa más agradable resultó que el gran premio fue merecido por Juana Marta Rodas y Julia V. Isidres, dos extraordinarias ceramistas populares. El de arte popular recayó en otra magnífica ceramista, Ediltrudis Noguera. En escultura ganó Javier Guggiari, en dibujo Nelson Martinessi, y en grabado Engelberto Giménez, con mención para Osvaldo Camperchioli. Una pieza que rompe las convenciones del género valió el galardón en pintura a Gustavo Benítez. Fátima Martini ganó en instalación con una de las obras más logradas del concurso y Mónica González obtuvo mención con otro trabajo notable. Fotografía fue declarada desierto, con menciones para Carlos Bittar y Jorge Sáenz.
Paraguay ha sufrido una historia de aislamiento a causa de regímenes autoritarios, una guerra cruenta y una mediterraneidad en el sur. El país se sacude y quiere abrirse al mundo. La cultura tiene un papel a desempeñar en este objetivo. La Bienal Martel confirmó la existencia, junto con artistas de valiosa trayectoria —deficitariamente reconocida— como Carlos Colombino, Ricardo Migliorisi u Osvaldo Salerno, de un movimiento joven con una fuerza inesperada. A la vez, la presencia de un arte popular paradigmático del tránsito de la cultura tradicional indígena hacia la práctica contemporánea. Sorprendió que las obras de mayor interés en la Bienal fueran las menos "ortodoxas" como las instalaciones y la cerámica popular inventiva.
GERARDO MOSQUERA
