Guillermo Kuitca

Guillermo Kuitca. Instalación Burning Beds en el C.F.A. en Miami, 1995.

Exposiciónjul 1995 - sept 1995· Por Alanna Lockward

Guillermo Kuitca

Center for the Fine Arts Miami

Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales... también los hombres pueden prometer porque en la promesa hay algo inmortal. Jorge Luis Borges. Epitafio para el pintor Jorge Larco.

La muestra retrospectiva itinerante (1982-1994) de Guillermo Kuitca tocó puerto en el Center for Fine Arts de la ciudad de Miami del 27 de enero hasta el 16 de abril del presente año, proveniente del Wexner Center for the Arts en Columbus, Ohio. Será presentada, sucesivamente, en Londres en la Whitechapel Art Gallery y en el Museo de Arte de Tel Aviv.

Esta es una exhibición de una magnitud impresionante tanto por el volumen de las obras como por su consistencia museográfica. Eduardo Lipschutz-Villa, curador de la muestra, ha sido capaz de absorber el torrente amplísimo de la obra de Kuitca con una clarividencia de alquimista.

Hay algo de infalible en la trayectoria de un pintor joven, exitoso internacionalmente en su generación. A pesar de ello, Kuitca no es un dinosaurio petrificado en la magnificencia de sus logros (múltiples exposiciones individuales en Nueva York, Europa y Suramérica), más bien, ha sobrevivido su obsesión por encajar en el mercado internacional del arte con un acierto prodigioso.

El realismo mágico, al igual que otras etiquetas colonizadoras que siguen siendo manipuladas por los apostadores del arte, le ha cedido el paso a una figuración original y desquiciante que no acaba de empatarse ni con los dioses del neoexpresionismo ni con los demonios formulistas de los abstractos. Incluso los duendes repetitivos del pop-art, resabian sus humores en la obra más reciente de Kuitca y él los explota muy a su manera, muy a la K de Kuitca con sus mapas, letras de canciones, planos de casas y la manipulación masiva de sus colchones. Todos ellos están marcados con la K.

Exposición: Guillermo Kuitca — imagen 1
Guillermo Kuitca. Si yo fuera el invierno mismo. 1985. Acrílico sobre tela. 125 x 195 cms. Colección: Humberto Ugobono, Puerto Rico.

La obra figurativa de Kuitca de principios y mediados de los ochenta, o sea, el otro día, es de una teatralidad casi esotérica, Siete últimas canciones, El mar dulce, Nadie olvida nada; son títulos que se repiten en diferentes telas y en donde parece que existen las pruebas que pueden condenar a mil asesinos, sólo que no sabemos cual es la naturaleza de sus crímenes. También hay sillas que se desmaterializan en una críptica ecuación hielo-humo que nos recuerdan que todo lo que vemos en el mundo figurado de los objetos es una prueba más de su no-existencia, un juego cruel de nuestra imaginación. La inmaterialidad del olvido y la ausencia de candor infantil son lo que hace de su mundo de niño pintor una regresión positiva y universal.

A veces no estamos seguros de que hemos sido invitados a estas representaciones tan íntimas y no acabámos de sentirnos cómodos, parece que nos está demandando, que dejemos de pretender de ver lo que hay ahí. En todo caso están lo mapas, muchos de ellos, que junto con los planos de plantas de casas empezó a pintar en 1987 y que siguen siendo parte importante de su actual producción pictórica, ahí nos podemos relajar un poco, al igual que Kuitca que nos dice: "La idea de las plantas me dio tranquilidad de poder usarlas como un esquema que me permitía olvidarme de todo, como si ya hubiese algo heredado que me aseguraba que iba a llegara un buen resultado. Algo así como un fondo ya hecho sobre el cual podía hacer cualquier cosa. El prototipo lo encontré en un fascículo de El niño constructor".

El punto más épico de esta muestra está enclavado (sin espinas) en la instalación Burning Beds producida para el Centro IVAM de Valencia en 1993. Consiste en sesenta colchones infantiles empapados y maltratados artificialmente con fuego. El salón que ocupó era de dimensiones muy amplias y al entrar parecía que penetrábamos en un inmenso vagón sagrado cubierto con los gases de un hermetismo ancestral. Es aquí donde la herencia europea de Kuitca adquiere dimensiones explosivas en la recreación de un momento más de la fatalidad y sus procesos.

Es en este hemisferio donde la evasiva simbología de Kuitca elude su propio condicionismo y se presentan con claridad alusiones a los estragos psicológicos del Holocausto con una vehemencia insólita y desgarradora y carboncillos de formato pequeño rodearon la instalación como una alambrada mágica, preservando los horrores que como fantasmas de un sueño sin roibnol ni jeringuillas se han quedado en estas camas donde «nadie olvida nada». Kuitca retoma en su obra reciente algo del Story Art de fines de los años setenta con una sofisticación conceptual en la que sigue presente su preocupación mesiánica por el bien de todos y del uno en todos. Al igual que en gran parte de su figuración, sus mapas y colchones están impregnados de promesas redentoras.

Guillermo Kuitca es un artista circunscrito a una nueva geografía sin límites, un creador de su tiempo, amplio y exhaustivo que se lava la cara con el agua maldita de su precocidad.

ALANA LOCKWARD

Periodista dominicana que escribe para la página editorial de El Nuevo Herald y el suplemento cultural mensual "Atelier" del periódico El Siglo de República Dominicana.

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