Dentro de la profunda tradición constructiva en la que se desenvuelve parte del arte venezolano contemporáneo, existen numerosos autores —sobre todo de provincia— que permanecen al margen de la oficialidad cultural, siendo desdeñados por los principales espacios expositivos. La obra de estos artistas es, en ocasiones, mesurada y paciente; en ella parece decantarse paso a paso un lenguaje personal, que sortea el difícil proceso de la construcción a partir de elementos puros.
Tal es el caso de Gabriel Marcos (Caracas, 1938), cuyo trabajo escultórico, de sólida e ininterrumpida investigación, sólo es conocido —y apreciado— por algunos especialistas que, abstrayéndose de la mira prejuiciada de la vanguardia, logran vislumbrar la calidad de su obra, la potencia —la fina agresividad— de sus volúmenes.
Francisco Da Antonio, curador de la exposición, apunta en su introducción al catálogo esta particularidad de Marcos: "el haber permanecido como al margen de nuestra contemporaneidad plástica, pese a su dilatada trayectoria a lo largo de las cuatro últimas décadas de nuestro siglo, a su ininterrumpida investigación constructiva y a la autenticidad, elegancia y calidad de su obra." Marcos comienza a trabajar la escultura en 1966, después de haber dado algunos pasos por la pintura. En realidad, sus trabajos de esta época eran, más que esculturas propiamente dichas, "objetos coloreados" que permitieron al artista vislumbrar las posibilidades del volumen e intentar posteriormente la incursión en la escultura.
Sus primeras esculturas (alrededor de 1970) fueron piezas articuladas mediante un motor en las que el artista jugaba con movimientos de rotación, transportación y gravitación. Posteriormente, en 1978, presentará sus primeras Estructuras articulables, piezas de aluminio anodizado que se componían de "varios módulos intercambiables que se encuentran en el interior de un cubo; tanto el cubo como los módulos tienen diferentes cortes de ángulos que hacen las formas variables; la articulación de sus partes, a su vez, modifica la estructura"1.
Trabajando a partir de esta idea, Marcos ha desarrollado esculturas articulables en las que la construcción recalca el sentido de direccionalidad. En obras como Gamma, por ejemplo, esta acentuación direccional dada por cuerpos paralelepípedos se ve enriquecida por la articulación de fragmentos de estos cuerpos que, con capacidad de ser manipulados, contraponen las líneas de fuerza predominantes de cada pieza. En éstas se da, entonces, un "tiempo dramático", una tensión que desemboca en un clímax formal. En Ítaca, la direccionalidad del volumen "principal" se ve contrapesada con la intervención de otras líneas direccionales remarcadas por otros volúmenes, cuya oblicuidad difiere del principal en apenas unos grados. Asimismo, el artista horada los paralelepípedos con líneas que nos siguen la dirección de la masa o con abruptas horizontales. El resultado es una obra en delicada tensión, una pieza de mesurada y palpitante belleza.
Esta exposición de Gabriel Marcos, primera muestra de arte constructivo presentada en el Museo Arturo Michelena (quien fuera nuestro más grande artista decimonónico) es, tal como la ha pretendido Da Antonio, "no sólo un acto de justicia harto merecido, cuanto una verdadera 'fiesta del espíritu' y una pública manifestación de reconocimiento para con una poética cuya voz reclama su irrupción en la historia grande"2.

NOTAS
1. Gabriel Marcos citado por Francisco Da Antonio: "Una poética para el espacio urbano" en Fundación Museo Arturo Michelena, Gabriel Marcos. Una poética para el espacio urbano. Esculturas 1976-1994, Caracas, 1995, p. 12.
2. Op. cit., p.3.
KATHERINE CHACÓN
