La fotografía ya se ha asumido en sus diversos roles unitarios y simultáneos. En todas las tomas coexisten diferentes porcentajes de realidad y fantasía. El fotógrafo, su cámara, lo que retrata, el negativo o positivo (película) y la fotografía final que obtiene integran el plano de lo real. La fantasía abarca las expectativas verbalizadas o no por el autor, su historia personal y su entorno.
De los parámetros clásicos a los recientes, de las realidades a las fantasías trata la exposición Still/Life: The Body as Object in Contemporary Life, curada por Elizabeth Ferrer para Americas Society de Nueva York. La integran seis artistas: Eugenia Vargas, Marco Antonio Pacheco, Marta María Pérez Bravo, Ricardo Zulueta, Víctor Vásquez y Alberto Chong, nacidos entre 1949 y 1962 en Chile, México, Cuba, Puerto Rico y Jamaica.

En un medio plástico contemporáneo poderoso como es la fotografía, el cuerpo ha sido sujeto representado, sujeto que señala y ha sido sujeto que connota. En Still/Life, el cuerpo aparece como objeto y como atril, como soporte artístico, documental, sicosocial, político, religioso, científico y, por sobre todo, ritual, en una epopeya altamente conflictiva, abismal y decadente con que culmina el siglo XX. Hoy, la consabida frase "os amareis los unos a los otros", se desmembra afectiva, sexual y moralmente. En cualquier lengua y religión debe verse acompañada de, con cuidados, limitaciones y consideraciones o el cuerpo todo de esta humanidad se rendirá al SIDA, a las torturas y demás atrocidades enajenantes que nos habitan.
En esta treintena de obras presentadas, la producción y la representación constituyen una etnografía anticipada para los habitantes de los próximos milenios. Vásquez, Chong y Pérez Bravo exhuman rituales precolombinos, afro-caribeños y sincréticos (indígenas y dogma católico); también se perciben castigo, aislamiento y laceración. En los tres citados, así como en Eugenia Vargas, Pacheco y Zulueta predominan las imágenes construidas o "modelo armado" en base al ser humano como objeto. Casi todas están resueltas en interiores con el acento puesto en la fragmentación, el refotografiado y la señalización. No hay una preocupación fisionómica ni de status, más bien, en cada una y en el conjunto coexisten pares de referentes: óleo-espacio natural frente a los interiores-ambientes; presentativo-oculto; vida-muerte y sólido-sublimado, con lo que nos recuerdan que todo objeto es efímero. En el conjunto coexiste una idea ascensional que actuaría como liberación del cuerpo de su propia instancia física. Las tradicionales naturalezas muertas muestran volúmenes de frutas, carnes, cerámicas..., refiriendo así la "fiscalidad" de esos elementos y extienden la visión a los otros sentidos recurriendo a la experiencia del espectador, quien aporta olores, calidades y sabores intangibles dentro del cuadro —pintura o fotografía. Este estado de lo real y su trascendente analizando en las tradicionales naturalezas muertas tiene su equivalente en estas Still/Life, a través del cuerpo y lo que éste sublima en cada composición.
El ideal de los cuadros románticos de la Latinoamérica dieciochesca está presente en la exposición junto al aliento decadente de la deconstrucción. Lo que es irreversible es que las herramientas utilizadas por los autores pertenecen a lo neoconceptual, en los amarres, hilos, clavos, registros fotográficos, buena herencia de la buscada perduración documental de las performances, misma que varios de los autores han ejercitado.
GRACIELA KARTOFEL
