Colectivajul 1995 - sept 1995· Por Autor no disponible

Cocido y crudo

Museo Reina Sofía

La muestra organizada por el crítico de arte norteamericano Dan Cameron era uno de los acontecimientos más esperados de la temporada por varias razones. En primer lugar, por ser la primera producción propia e importante que realizaba el museo bajo la dirección de María del Corral, un proyecto en el cual ella había depositado un especial interés y al que había dedicado no pocos esfuerzos.

Sin embargo, la inauguración venía a producirse tres meses después de su fulminante cese por razones no suficientemente claras desde el punto de vista del sector artístico y en un momento en que el museo recogía los frutos del buen hacer de esta prestigiosa profesional. Así las cosas, en la presentación de esta exposición resultaba que su artífice era la gran ausente. Todo ello contribuyó a que la exposición viera desvirtuado el debate que pudo generar y se habló desde ópticas simplistas que, en muchos casos, transparentaban más una actitud de apoyo interesado hacia la nueva dirección del museo que una opinión independiente respecto a la propia muestra.

Colectiva: Cocido y crudo — imagen 1
Doris Salcedo. Atrabiliarios (detalle) 1994-1995. Instalado con madera terciada, zapatos, fibra animal e hilo quirúrgico. Cortesía de la artista y Brooke Alexander.

Crudo y cocido aborda una lectura en términos socioculturales y examina el dilema del objeto de arte transcultural: la manera en que distintas culturas se identifican y, a su vez, confrontan y asimilan otras culturas. La relación del título de la exposición con el estudio antropológico que Claude Lévi-Strauss realizó en 1964, Le Cru et le Cuit, es irónica y mantiene —según el propio Dan Cameron— cierto contenido crítico hacia aquel texto ya que no lograba trascender los límites de su tiempo, dado su empeño en aplicar valores colonialistas para medir otras culturas. Así la inversión de los términos del título original y la eliminación de los artículos da a entender que lo que una vez se consideró como algo separado —lo crudo, como primitivo, por una parte y lo cocido, como signo de evolución, por otra— hoy se podría ver como interrelacionado y simultáneo.

Siguiendo la declaración de intenciones de Cameron, la muestra pretende poner en cuestión el esquema eurocentrista con el que habitualmente se juzgan las diferentes culturas y en lugar de mostrar la obra de los artistas según el discurso jerárquico de la cultura "cruda" del Tercer Mundo respecto a la cultura "cocida" del mundo industrializado, se intenta explorar las relaciones de estas dos ideas a lo largo de líneas horizontales, especialmente en la medida que afectan a la elección y transformación de los materiales de cada artista.

Hasta aquí la propuesta, de manera sintética, del curador. Pero más allá de las intenciones conviene detenerse en el conjunto de la exposición, cuyo incuestionable mérito reside en trazar un panorama muy amplio del tipo de obras que hoy se están realizando en el mundo.

Pero en este punto hay que hacer una de las observaciones fundamentales a la muestra. Es evidente que encontramos artistas de los cinco continentes, pero en su gran mayoría, artistas que ya están bastante integrados en los circuitos internacionales y que trabajan con galerías prestigiosas, que es como decir que estamos viendo el trabajo de creadores que han asimilado un tipo de lenguaje aceptado en las coordenadas conceptuales y de mercado internacional.

Igualmente hay que señalar la dificultad desde una óptica occidental de hacer lecturas globales que tengan una ambición de fidelidad respecto a lo que se está produciendo en otras latitudes, nuestra mirada siempre estará mediatizada por nuestros propios valores. Mucho más sensato y atractivo resulta indagar sobre qué aspectos se trazan los puntos de encuentro, las mutuas influencias, las preocupaciones compartidas y hasta dónde la impregnación de un arte meramente digerible por los canales establecidos.

Lo que sí muestra la exposición es ese arte que ha sufrido un proceso de hibridación producto de la mezcla intercultural, pero siempre con marcado aire occidental, porque de otra forma difícilmente penetraría en los circuitos mediáticos y mercantiles del arte llamado "internacional".

Una exposición tan amplia como ésta (54 artistas de 23 países—algunos con producciones específicas y otras ya vistas con anterioridad en otras muestras— que incluye todas las técnicas: pintura, escultura, instalaciones, fotografía, videoinstalaciones, montajes escenográficos, proyecciones, diaparomas, instalaciones interactivas, intervenciones y acciones) cuenta con obras de excelente nivel así como con piezas mediocres e incluso flojas, pero indiscutiblemente es una exposición importante, que hay que conocer y que plantea numerosos puntos de discusión.

Incluso, aunque el soporte teórico planteado por Dan Cameron sea un tanto débil, la exposición traza un panorama del arte actual, ante el cual no incluye el debate sino que hace más que comenzar. He ahí su mérito fundamental.

Valga un rapidísimo repaso por las obras más destacables por su calidad y la nacionalidad de sus artistas que mayoritariamente se encuentran asentados en los Estados Unidos y Europa; un repaso no se olvide, realizado también por ojos occidentales y con haremos de interpretación occidentales: Janinne Antoni (Estados Unidos), Xu Bing (China), Pedro Cabrita Reis (Portugal), Geneviève Cadieux (Canadá), Lili Dujouri (Bélgica), Marlene Dumas (Sudáfrica), Sylvie Fleuri (Suiza), Gary Hill (Estados Unidos), Damien Hirst (Reino Unido), Igor Kopystiansky (Ucrania), Rogelio López Cuenca (España), Pedro Mora (España), Vong Phaophanit (Laos, residente en el Reino Unido), Rosângela Rennó (Brasil), Doris Salcedo (Colombia), Kiki Smith (Alemania) y Marlene Dumas (Holanda).

ALICIA MURRIA

Cocido y crudo: Museo Reina Sofía | artnexus