Artistas latinoamericanas

Olga de Amaral. Montaña oro (detalle). 1992. Fibra, soporte y hojilla de oro. 155 x 155 cm. Colección de la artista.

Exposiciónjul 1995 - sept 1995· Por Bélgica Rodríguez

Artistas latinoamericanas

1915-1995

Esta es la primera exposición de mujeres artistas latinoamericanas en los Estados Unidos, se inició en el Museo de Arte de Milwaukee (Marzo-Mayo), luego va al Museo de Arte de Phoenix (Julio Octubre), luego al Museo de Arte de Denver (Octubre 1995-Enero 1996), para finalizar la gira en Abril 1996 en el Museo Nacional de Mujeres en las Artes de Washington, DC.

Cuando se lee en el texto de la curadora Gerry Biller, escrito especialmente para el catálogo que acompaña a la exposición Artistas latinoamericanas 1915-1995, una cita tomada del libro Defense of Elitism de William A. Henry III, uno queda realmente conmovido y asombrado por su contenido: "Se podría eliminar a cada mujer escritora, pintora y compositora desde la era del hombre de las cavernas al presente y no deformar el curso de la cultura occidental significativamente. Por supuesto, se perderían artistas individuales de mérito: Echaría de menos profundamente a Jane Austen y George Eliot, Sigrid Undset y Willa Cather. Pero se eliminarían pocas, si es que fueran realmente gigantes, y difícilmente a alguna que haya cambiado de forma radical, en lugar de realizarla tan simplemente". Biller afirma que las mujeres artistas de Latinoamérica han logrado reconocimiento en sus respectivos países, pero fuera de ellos, por ejemplo en los Estados Unidos, han sido los artistas hombres los reconocidos, citando ejemplos como Wifredo Lam, Fernando Botero, Roberto Mafia y Joaquín Torres-García. En consecuencia, su propuesta de mostrar el trabajo de 35 mujeres artistas abarcando un período de casi 100 años, ha sido una tarea pionera y de contrachoque con las posiciones digamos "machistas", para llamarlas de alguna manera, que se han asumido en relación con el trabajo creativo de la mujer y su inserción en la historia reciente del arte universal. Es importante acotar "reciente", porque la aparición de la mujer artista en la historia puede considerarse un fenómeno de la modernidad. Podríamos recordar que de una manera casi titubeante en Europa surgen a finales del siglo pasado, especialmente con los poquísimos ejemplos que conocemos del período impresionista. Y en América Latina, como un caso especial podría considerarse a México, que tuvo algunas mujeres artistas en el siglo XIX. A partir de esto último se plantea una interrogante: Si siempre han estado en minusvalía numérica, ¿será cierto que las mujeres artistas han recibido menos reconocimiento que los hombres? Si es afirmativo, ¿por qué? Y si es negativo,¿también por qué? Y no es cuestión de ponerse a analizar el problema desde un punto de vista sociológico, sobre lo cual ya se ha escrito muchísimo.

Exposición: Artistas latinoamericanas — imagen 1
Olga de Amaral. Montaña oro. 1992. Fibra, soporte y hojilla de oro. 155 x 155 cm. Colección de la artista.

Es evidente que la cantidad de artistas hombres supera la de mujeres. También es evidente que se han destacado más hombres como "creadores" que mujeres, refiriéndonos solamente a aquellos que han hecho aportes y contribuciones significativas a la historia del arte. Cuando se habla de mujeres artistas, estas asumen el orgullo de ser "creadoras" en el sentido universal, no de ser "mujeres", de allí que sus posiciones estéticas no expliciten categorías diferenciales, como tampoco una especial actitud hacia lo "femenino". Es difícil aceptar que una pintura de Tarsila do Amaral, de Anita Malfatti, de Amelia Peláez, para solo nombrar algunas de las seleccionadas para esta exposición, se definan como artistas mujeres para diferenciarse de los hombres. Ellas también han buscado a la luz de las nuevas propuestas soluciones a sus intereses artísticos particulares. En la obra de las artistas invitadas existe una confrontación directa con esquemas formales tradicionales. La mujer artista en América Latina, al igual que las de todo el mundo, en general se diferencia de su colega masculino, en que su obra se ha asociado más directamente a una experiencia existencial de cada día, con lo cotidiano en lo que lo cognoscitivo se plantea como problema fundamental. Es la definición del objeto del deseo, de las aspiraciones a la luz de una realidad visible. No es extraño que el compromiso de una Tarsila (paisaje brasileño), de una Marina Núñez del Prado (las montañas de los Andes y el cóndor), de una Elba Damast (la casa), o de una Ana Mendieta (la tierra y el ser), sea (o haya sido) una confrontación directa con el mundo visible para convertirlo en una experiencia mágica en la que la interioridad del "ser" y sus relaciones con la realidad visible produce una conexión creativa de asociaciones de la artista con la vida. Es evidente que el sistema de referencia de todos los artistas es el mismo, lo que cambia es su concepción del mundo y la naturaleza de las necesidades espirituales, así como la dirección que estas tomen. En este plano de concepción y percepción del universo, la artista mujer busca conectar sus sistemas intelectuales con los intuitivos, acercándose así a la exploración de su propia condición femenina, pero no amparada en el ser "hembra", sino en el ser un "ser humano". En consecuencia, su sistema de referencia debe ser localizado en el plano de la realidad terrenal, humana y humanista. No puede cuestionarse que la mujer artista se comporte como cualquier otro creador, expresando en términos pictóricos una actitud específica hacia la realidad "visible" y esta actitud específica contempla también una visión que lleva en sí misma ciertas preocupaciones intelectuales y espirituales que pueden diferenciarla de la obra de un artista hombre. ¿Cómo es esto? La experiencia objetiva del entorno es apreciada con una mayor sensibilidad, puesto que en el acto de la creación la "región psíquica" aporta una buena cantidad de estímulos.

Exposición: Artistas latinoamericanas — imagen 2
Cordelia Urueta. Muralla. 1987. Óleo sobre tela. 129.5 x 132.1 cm. Colección Sr. y Sra. William E. Kimberly, McLean, Virginia.

En América Latina, la mujer artista hace su introducción en el medio a principio de siglo XX, y apelando a la memoria y sin muchas referencias históricas, entre las primeras en destacarse están las brasileñas Tarsila do Amaral y Anita Malfatti, por su interés en revolucionar el medio artístico de su país a la par de sus colegas masculinos, fundamentalmente durante las dos primeras décadas. A partir de aquí, una revolución lenta se inició y ha ido creciendo a medida que el siglo fue avanzando hasta llegar a estos tiempos definidos como postmodernistas. Durante todo este tiempo, la mujer artista ha ido ganando terreno en un medio internacionalmente reservado a los hombres, y guerreando su espacio con las mismas armas, las del intelecto, la creatividad, la sensibilidad y la perseverancia.

En relación con una exposición como Artistas latinoamericanas, 1915-1995, siempre se presenta la duda de si es válido acercarse al universo del arte a partir de una categorización del sexo. La respuesta pareciera ambigua, y hasta contradictoria, propiciatoria de contribuir a la confusión general que existe actualmente en el mundo de las artes visuales. Al tomar en cuenta que en muchas de las grandes muestras que se han presentado en los Estados Unidos, las mujeres han estado menos representadas, en la exposición sobre la cual escribimos esta nota, y que se inició en el Museo de Arte de Milwaukee, es un aporte más al conocimiento y proyección del trabajo de la mujer artista latinoamericana. Sin embargo, es justo mencionar que en la exposición de arte latinoamericano organizada en el MoMA por Waldo Rasmussen, que comenzó en Sevilla en 1992 y terminó en Nueva York, se hizo honor a la importancia de la mujer artista.

Uno de los aspectos de la obra del grupo de artistas presente en Artistas latinoamericanas, 1915-1995, así como en la de las muchísimas otras que quedaron por fuera, es que no puede considerarse aislada de la sumatoria de ideas y conceptos formales y conceptuales que han permeado la creación artística latinoamericana en este siglo XX. Toda ella ofrece en términos visuales los diferentes sentimientos y pensamientos a través de los que el ser humano se ha visto a sí mismo. A tono con su tiempo y su circunstancia, cada una de ellas ha sido capaz de ser una artista sin complejos al lado de sus colegas hombres. Uno de los ejemplos fundamentales es Anita Malfatti, de quien se presentan tres pinturas de 1915, las más antiguas de la exposición, y cuyo trabajo a partir de esta fecha marcó un momento de vanguardia en el medio artístico brasileño.

Exposición: Artistas latinoamericanas — imagen 3
Soledad Salamé. Jardín de la Luz Sagrada. 1994. Instalación, técnica mixta. 213.4 x 243.9 x 152.4 cm. Colección Gómez Gallery, Baltimore, EE.UU.

Geraldine (Gerry) Biller fue la curadora que presentó el proyecto al Museo de Arte de Milwaukee, guiada por su interés en el tema adquirido durante sus diez años de residencia en varios países latinoamericanos y por su condición de historiadora del arte. Su propósito fue organizar una exposición de mujeres artistas "cuyo arte era conocido nacional e internacionalmente, pero que nunca se había mostrado como un solo cuerpo de trabajo". Este propósito fue cabalmente logrado al exhibir un cuerpo expositivo coherente de obras que han marcado hitos históricos y artísticos en el desarrollo del arte latinoamericano de este siglo. Tomando en cuenta las limitaciones obvias de selección, el proceso de selección se hizo difícil, llegando a un grupo final de 35 artistas. Biller en todo momento estuvo consciente de que toda selección implica exclusión y que en este caso se excluían artistas importantes. Con 35 artistas, la curadora cumplió su criterio de innovación y variedad, incluyendo diversidad cultural y geográfica (se representan 11 países), medios de expresión usados, contenido y estilo, como puede leerse en una nota de prensa sobre la exposición. Cinco fueron sus consideraciones: Innovación artística en el plano nacional, regional o internacional desde el comienzo del siglo veinte hasta el presente; la relación del trabajo de la artista con las múltiples influencias culturales y sociales a las que estaba expuesta; la interconexión entre las artistas y su generación, en sus propios países así como en otros países latinoamericanos; y la presencia o ausencia de la temática de género expresado en el tema del trabajo de cada una en su vida de artista. Ella deja al público la conclusión de si existe o no una estética particular de la mujer artista latinoamericana (al principio de esta nota me refiero a ello), preguntándose si sus sentimientos están expresados en autorretratos, retratos de familia o en escenas hogareñas o específicamente en un género comunitario. De aquí toma el planteamiento de Marta Traba, sobre las dos vertientes que tiene el arte moderno latinoamericano: una, la de estar profundamente ligado a las corrientes internacionales, tomando de éstas lo necesario para luego expresarlas en un lenguaje de paráfrasis, y la otra, la de formar un "banco de imágenes", a partir del arte popular. A este respecto cita a Marta Traba cuando afirma que "la doble animación, de arte culto y arte popular, produce una impregnación social la cual, sin duda, es la constante en el arte moderno latinoamericano. El conocimiento de él hace posible desarrollar una relación y hasta una comprensión de nuestra sociedad". Con esta información en la mano, Biller se formuló algunos interrogantes, los cuales tenía que aclarar a partir de la obra misma a seleccionar. Interrogantes como: ¿Expresan las artistas de esta exposición esta constante de una forma diferente a los hombres? ¿Podrían los poderosos autorretratos de Frida Kahlo o de Mari Mater O'Neill haber sido creados por un hombre? ¿Revelan los íntimos retratos y escenas interiores pintadas por María Izquierdo, Olga Costa y Elena Climent, o las definiciones del cuerpo femenino tan delicadamente construidas por Rocío Maldonado o Ana Mendieta, el género de la artista? ¿Habría elegido un hombre representar una casa para definir su espacio como Elba Damast hace el de ella?, ¿o una cocina como La cocina aromática de la abuela Moorehead de Leonora Carrington? Así justifica que si "la perspectiva de las mujeres es diferente a la de sus compañeros hombres, mejor razón para exhibir junto al arte de las artistas mujeres. Haciéndolo así, se enfatiza la naturaleza única de la expresión femenina y su importancia en la historia del arte —en este caso, la historia del arte latinoamericano".

Exposición: Artistas latinoamericanas — imagen 4
Mari Mater O’Neill. Paisaje en fuego No. 2 (Autorretrato). 1992. Óleo, crayón e hilo sobre tela. 182.9 x 121.9 cm. Colección Sr. y Sra. Pedro Muñoz Marín, Puerto Rico.

En realidad, esta es la primera exposición de mujeres artistas latinoamericanas en los Estados Unidos, incluyendo pintura, escultura, arte textil, arte sobre papel e instalaciones de medios múltiples. Del Museo de Arte de Milwaukee (marzo-mayo), va al Museo de Arte de Phoenix (julio-octubre), luego al Museo de Arte de Denver (octubre de 1995-enero de 1996), para finalizar la gira en abril de 1996 en el Museo Nacional de Mujeres en las Artes de Washington, DC. Un catálogo bilingüe bellamente ilustrado con reproducciones a color y textos de Edward Sullivan, Marina Pérez de Mendiola y Bélgica Rodríguez, acompaña la muestra auspiciada por la Compañía Philip Morris. Las artistas que fueron seleccionadas por Biller en orden alfabético fueron Rosa Acle (Uruguay, 1916-1990), Olga de Amaral (Colombia, 1932), Tarsila do Amaral (Brasil, 1886-1973), María Magdalena Campos-Pons (Cuba, 1959), Leonora Carrington (Laucanshire, Inglaterra 1917; llegó a México en 1942), Leda Catunda (Brasil, 1961), Lygia Clark (Brasil, 1920-1988), Elena Climent (México, 1955), Olga Costa (México, 1913-1993), Elba Damast (Venezuela, 1944), Raquel Former (Argentina, 1902-1988), Gego (Gertrudis Goldsmidt, Hamburgo, Alemania 1912-1995; llegó a Venezuela en 1939), Beatriz González (Colombia, 1939), Sarah Grilo (Argentina, 1921), Ana Mercedes Hoyos (Colombia, 1942), María Izquierdo (México, 1906-1955), Frida Kahlo (México, 1907-1954), Jac Leirner (Brasil, 1961), Rocío Maldonado (México, 1951), Anita Malfatti (Brasil, 1896-1964), Mari Mater O'Neill (Puerto Rico, 1960), Ana Mendieta (Cuba, 1948-1985), Marina Núñez del Prado (Bolivia, 1910), Tomie Ohtake (Kioto, Japón 1913; llegó a Brasil, 1937), María Luisa Pacheco (Bolivia, 1919-1982), Catalina Parra (Chile, 1940), Amelia Peláez (Cuba, 1896-1968), Alicia Peñalba (Argentina 1918-1982), Liliana Porter (Argentina, 1941), Soledad Salamé (Chile, 1954), Fanny Sanín (Colombia, 1938), Mira Schendel (Zurich, Suiza, 1919-1988; llegó a Brasil en 1949), Tilsa Tsuchiya (Perú, 1932-1984), Cordelia Urueta (México, 1908), y Remedios Varo (Ángles, España, 1908-1963; llegó a México en 1940).

Exposición: Artistas latinoamericanas — imagen 5
Elba Damast. El corazón de la casa. 1995. Instalación, técnica mixta. 335.5 x 274.3 x 366 cm. Colección de la artista.

La muestra se presenta cronológicamente. La primera sección está compuesta por pintura figurativa y dibujos realizados desde 1915 hasta mediados del siglo; la segunda sección corresponde al período entre 1945 y 1975 en el que se exhiben pinturas, esculturas y dibujos correspondientes a las tendencias artísticas desarrolladas internacionalmente, tales como la abstracción geométrica, el constructivismo, el surrealismo y el expresionismo. La tercera y última sección va de 1975 a 1995 e incluye obras que muestran el retorno a la figuración y los múltiples estilos y medios que caracterizan este período. Dentro de estos grupos cronológicos se agrupan las obras de artistas de un mismo país. Con estas dos agrupaciones, la lectura del discurso visual y estilístico se hace bastante coherente y fácil. La exposición está bien planteada desde el punto de vista museográfico, y con las obras seleccionadas, 150 en total, a pesar de cubrir una parte muy pequeña de la cantidad de artistas mujeres que existen en Latinoamérica, la curadora Biller logra ofrecer un panorama del desarrollo de las artes plásticas latinoamericanas entre los años que se cubre adecuando su selección a una representación que enfatizara las contribuciones más significativas que estas artistas han hecho a través de su obra. Durante este período ellas realizaron, y realizan, su trabajo con el mismo entusiasmo y constancia que el artista hombre, con la conciencia de que la creación y sus productos ameritan de una tremenda consciencia histórica, de una gran fuerza ética y de una profunda honestidad.

Exposición: Artistas latinoamericanas — imagen 6
Alicia Peñalba. Faun des Mers. 1959. Bronce. 44 x 83 x 35.5 cm. Colección The Cleveland Art Museum, EE.UU.

Como todas las exposiciones de artistas latinoamericanos que se han realizado en los Estados Unidos, esta tiene el propósito de dar a conocer más la producción artística de esta parte del planeta en un espacio geográfico que siempre mostró poco interés. Una preocupación digna de ser apreciada y que ha dado sus frutos positivos. Pero deberíamos considerar que este tipo de exposiciones ya ha cumplido su misión y la estrategia se debe dirigir hacia mirar el desarrollo del arte latinoamericano en un contexto hemisférico. Hoy se hace necesario que el análisis de este desarrollo no quede aislado "monográficamente" de lo que ha sucedido en el campo de las artes visuales en el hemisferio americano. Solo así, en términos de análisis de referentes cronológicos, generacionales, artísticos, conceptuales y espirituales, englobando a toda América Latina primeramente y luego de hacer las mismas reflexiones comparativas con lo que ha sucedido en los Estados Unidos y el Canadá, estaremos en condiciones de conocer (y de ser reconocidos) el lugar que se ocupa en la historia del arte universal. Frida Kahlo es la artista más conocida de todo el grupo en Norteamérica, por sus autorretratos y especialmente por su dramática vida y comportamiento no convencional como mujer y como artista. Pero eso no basta. Se hace necesario conocer y reconocer el arte en América Latina como una totalidad no separada del resto del planeta.

Para finalizar, y sin todavía poder resolver en mi interior si se debe diferenciar a las artistas de los artistas (la misma situación se produce en referencia a las poetisas y los poetas), teniendo eso sí la certeza de que tanto hombres como mujeres pueden ser creadores en un mismo nivel de competencia, sin diferencia de sexo y que antes de ser artista es un Ser Humano, me permito hacer una cita del texto que escribí para el catálogo: El artista latinoamericano ha recurrido a impulsos intuitivos, oscilando en su producción de imágenes entre la tensión y el caos, proponiendo una mitología personal producto de la mezcla de lo profano y lo sagrado. El suyo ha sido un simbolismo mítico, una visión cargada de una poética personal ligada a un contexto real. Imágenes con contenidos polisémicos, referidas a varios estratos locales culturales, políticos y sociales. El lenguaje visual, en consecuencia, al nivel de las imágenes está ligado a la realidad. El compromiso se establece con cualquiera de los peldaños de esa realidad y de lo internacionalmente artístico.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Crítica de arte, especialista en arte latinoamericano.

MA del Courtauld Institute of Art, Universidad de Londres. Dra. en Historia del Arte, La Sorbona, París. Expresidenta y Presidenta de Honor de AICA Internacional. Exdirectora de la Galería de Arte Nacional de Caracas y del Museo de Arte de las Américas, OEA, Washington, DC.

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