Colectivajul 1995 - sept 1995· Por Katherine Chacón

Artes del fuego

Galería de Arte Nacional

Bajo la curaduría de Alberto Asprino se presentó en la Galería de Arte Nacional la exposición Las artes del fuego en Venezuela. Diez presencias. Esta muestra logró reunir obras de diez de los más destacados artistas del fuego de mediana generación en el contexto venezolano. Guillermo Cuéllar (Maracaibo, 1951), Josefina Alvarez (Caracas, 1940), GiselaTello (Caracas, 1948), Renato Pozo (Pirmasens, Alemania, 1944), Belén Parada (Caracas, 1941), Noemí Márquez (Valencia, 1933), Lamis Feldman (Maracaibo, 1936), Kellmis Fernández (Caracas, 1954), Lourdes Silva (Caripe, 1945) y Alexis de la Sierra (Caracas, 1954) convergieron en las salas de la GAN no sólo para testimonio de su maestría técnica y del significado que para la vida de cada uno reviste su oficio, sino para recalcar la importancia que las artes del fuego han venido ganando dentro del ámbito de las artes plásticas en Venzuela y, más específicamente, dentro del espacio de los museos venezolanos.

Es justamente a este aspecto que nos remite Alberto Asprino en A la conquista del espacio museístico, texto central del catálogo que acompaña la muestra. Haciendo un recuento lo que podríamos llamar la historia museística de las artes del fuego en Venezuela, Asprino destaca la importante labor llevada a cabo por Miguel Arroyo en la dirección del Museo de Bellas Artes (1957-1976), que permitió la apertura de los museos a las, así llamadas entonces, artes plásticas.

El desarrollo de la enseñanza de las artes del fuego y la creación de diversos salones (o secciones en salones nacionales) con este perfil contribuyeron decididamente a la valoración de las artes del fuego dentro de la cultura plástica de nuestro país. Desde mediados de la década de los ochenta, por ejemplo, numerosas exposiciones de ceramistas, vitralistas y orfebres fueron presentadas en las salas de los más importantes museos venezolanos. Una vida para el arte, María Luisa Tovar (Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, 1985); Piedras lunares de María Vitanza (Museo la Rinconada, Caracas, 1987); Cerámica contemporánea de Venezuela: Primer Encuentro Nacional (Museo La Riconada, 1987); Lustres metálicos en cerámica (Museo de Bellas Artes, Caracas, 1987); Tributo a la tierra, Noemí Márquez (MACCSI, 1990); Reina Herrera: Rostros y perfiles del barro (Galería de Arte Nacional, Caracas, 1991), fueron algunas de estas exposiciones. En la década de los noventa, la presencia de la cerámica dentro del ámbito artístico nacional cobra fuerza determinante con la creación de la exposición Barro de América, la cual proyecta su futura realización con salón continental.

Dentro de Las artes del fuego en Venezuela. Diez presencias destacan considerablemente las exhibiciones de Gisela Tello, Lamis Feldman y Renato Pozo. Tello se vale de la cerámica para crear piezas volátiles en las que el abrupto contraste de la forma globular y las pequeñas salientes superiores, la sutileza casi brumosa de los matices y el perfecto equilibrio, las hacen ser como metáforas del viento o hermosas huellas del fuego.

Feldman es, sin más, una maestra del esmalte en Venezuela. Cuando hablo de maestría no me refiero sólo a la perfección técnica, sino a la profundización en un lenguaje que, a la larga, es transvasador de una experiencia vital profunda. La forma se hace así, forma del alma, universo delicado y profundo donde parece decantarse el camino de la existencia. Alquimista la llama Asprino en una acertada alusión a su búsqueda interior a través del fuego: "Su obra sobre metal se refleja como un vivir consecuente consigo misma, dejándose llevar por lo que siente interiormente.[...] nunca hizo esmalte, trató de ser esmalte y así encontró una proyección del alma"1.

Pozo investiga en un lenguaje denso, cercano a lo escultórico. La confrontación de materiales diversos en sus ensamblajes y las claras referencias antropológicas religiosas remiten a antiguos tótems de difícil y "barroca" filiación. Pozo experimenta con materiales naturales, con pigmentos, quemas, vidrios... se adentra en el universo íntimo de las posibilidades expresivas de la cerámica y el arte de los vidrieros para acercarse, por esta vía, a un universo atávico, a una vinculación esencial con el material.

Artistas de la talla de Guillermo Cuéllar o Belén Parada se vieron francamente disminuidos por la escogencia de las piezas a exhibir. Echamos de menos hermosas obras de Cuéllar y Parada, e incluso algunas piezas de Josefina Álvarez, que hubieran resultado más convincentes.

No obstante, y a pesar de las notables ausencias, Las artes del fuego en Venezuela. Diez presencias, constituyó una muestra necesaria como reflexión, como recuento y como polémica para la decisiva valoración e incorporación de las artes del fuego al universo general de las artes plásticas en Venezuela.

NOTA

1. Alberto Asprino: "A la conquista del espacio museológico" en Galería de Arte Nacional, Las artes del fuego en Venezuela, diez presencias, Caracas, marzo-mayo de 1995. p. 15.

KATHERINE CHACÓN

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