Exposición Individualabr 1995 - jun 1995· Por Carol Damian

María Brito

Gutiérrez Fine Arts

Los temas recurrentes de la religión y de los recuerdos de infancia que han aparecido durante años en las pinturas de medios mixtos, esculturas e instalaciones de María Brito asumen un carácter especialmente conmovedor en esta pequeña exposición de estilo retrospectivo que presenta obras realizadas desde 1988 hasta la fecha. Es como si los recuerdos y tradiciones de todos y de todas partes del mundo hubiesen sido denunciados como trampas sentimentales urdidas por nuestros padres y por la Iglesia. Aun cuando descritos de acuerdo con el vocabulario visual altamente personalizado de la artista, conformado por sillas, camas, artefactos religiosos, muñecas y otros objetos en apariencia mundanos, los temas resultan de una perturbadora universalidad.

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Cuatro pilares es una oración que rezan los niños en Cuba antes de irse a dormir, en la cual ruegan a los cuatro ángeles de la guarda, ubicados en los pilares de la cama que protejan su sueño y los guíen hasta el día siguiente. La más tradicional de las oraciones, enseñada a los niños en todo el mundo, sin pensar en el temor que pueden despertar tales criaturas ni cómo pueden propiciar una dependencia de parte del niño de fuerzas sobrenaturales, se convierte en una metáfora de las influencias y limitaciones culturales y sociales. Estas limitaciones se simbolizan en el arreglo de una silla colocada dentro de un corral infantil. La silla representa a una joven protegida por los muros de su educación cultural, un falso sentimiento de seguridad. Contempla por la ventana un mundo dominado por la imagen del Matrimonio de la Virgen de Rafael, modificado para satisfacer las expectativas de otra persona, y suspendido en un estandarte que recuerda las ceremonias solemnes de la Iglesia. Otros objetos de la instalación refuerzan el mensaje de represión, introducido de manera tan inocente, a través de una oración infantil.

El impacto del "entrenamiento" religioso sobre la mente inocente del niño se hace evidente en la pieza mural titulada Cuando mi alma no era blanca, 1994. Describe desde una perspectiva adulta una de las doctrinas fundamentales de la Iglesia, la confesión; la obra está construida como un lavamanos hecho de baldosas y provisto de su recipiente y grifo. Pensar que un niño de seis o siete años es obligado a sobrellevar el proceso de confesarse, y que se le enseña que, con el simple reconocimiento de la culpa, su alma quedará limpia hasta el próximo domingo, es otro aspecto de las creencias heredadas que produce una perdurable impresión. Las alusiones al "bagaje cultural" que llevamos a lo largo de la vida resultan evidentes en la imagen fantasmal que aparece en el espejo, mientras que el aspecto literal de la confesión se revela por aquello que parecen ser trozos de piel en el lavamanos y una bolsa colocada debajo del mismo donde se encuentran los "pecados" que aguardan su próxima aparición y lavado.

Es este lenguaje metafórico lo que conjura imágenes del pasado, de inocencia perdida y ángeles de la noche, nostalgia y temor, residuos de la formación cultural que todos poseemos.

CAROL DAMIAN

María Brito, por Carol Damian | artnexus