En el mes de noviembre del año pasado, el Centro Colombo Americano de Bogotá realizó una amplia muestra de la producción más reciente de Margarita Gutiérrez; obras de diversos formatos trabajadas al óleo en una técnica mixta de acuarela y témpera sobre papel screen. Desde hace varios años la artista realiza una producción abstracta, al principio en el campo de la geometría —rectángulos, trapecios y triángulos distribuidos en balanceadas composiciones verticales, de ejes centrales latentes en los que los colores, casi siempre claros y a veces matizados, vivificaban y realzaban la geometría— y a partir de fines del decenio de los ochenta, en el enorme terreno del expresionismo, en su caso con claras referencias a la obra de numerosos artistas encabezados por Kandinsky —el Kandinsky de 1910 a 1914 cuando se iniciaba la abstracción—.
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Examinando con cuidado los cuadros de Margarita Gutiérrez, no sólo se pueden recordar las Impresiones —basadas en la naturaleza exterior— y las Improvisaciones —expresiones espontáneas de carácter interior— del gran maestro ruso, sino las creaciones biomórficas, libres, informales o expresionistas de artistas como Arp, Miró, Calder, Lapicque, Baziotes, Atlan y otros más. La artista ha retomado consciente o inconscientemente ese formidable legado y le ha añadido una innegable dosis de osadía cromática y de desenfado tropical. Las libérrimas composiciones de Margarita Gutiérrez entreverán los trazos, los rayados, los punteados, las manchas y los campos de color. En cada uno de sus cuadros las formas se relacionan de manera diferente, los colores abundan y se instalan en las más variadas vecindades y los conjuntos resultan completamente abstractos o con sutiles referencias a la realidad —estrellas, nubes, caracoles, granos, pétalos, etc.—. La exposición de sus pinturas fue una rica experiencia de energía y vitalidad.
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
