Monografíaabr 1995 - jun 1995· Por Germán Rubiano Caballero

Luis Fernando Zapata

Una obra centrada en el tema de la muerte

Los objetos del artista pueden vincularse mejor a la tendencia contemporánea que, con antecedentes desde comienzos del siglo, se ha interesado en reconstruir, con diversos contenidos y con la mayor libertad, piezas e incluso edificaciones del campo de la etnografía o de la arqueología.

En una carrera artística de menos de diez años —si solo se cuenta su producción a partir de su primera muestra individual en 1985—, Luis Fernando Zapata (1951-1994) alcanzó a realizar una de las obras más particulares del arte colombiano de los últimos años. Abstracto y pictórico en sus fundamentos, el trabajo del artista comienza a ser importante desde que deliberadamente rompe los cánones de lo que se entiende por abstracto y por pictórico. Si se recuerda que Zapata hizo, desde la segunda parte del decenio de los ochentas, Escudos, Estelas, Objetos rituales, Excavaciones y Sarcófagos, resulta evidente que su producción tenía una clara inclinación realista y, al mismo tiempo, objetual. Y en efecto eso parece ser: escudos, estelas, objetos rituales, excavaciones, sarcófagos. De acuerdo con Read la abstracción tiene que ver con "Lo derivado o desprendido de la naturaleza, la forma pura o esencial abstraída de los pormenores concretos"1. Estas acepciones, por supuesto, no casan con los objetos creados por el artista. De la misma manera que la noción de pictórico —fundamentalmente un soporte bidimensional cubierto de colores— pierde sentido ante las "cosas" artísticas elaboradas por Zapata que pronto, además, invadieron el espacio y se volvieron tridimensionales. Así pues, entre lo abstracto y lo no abstracto, entre lo pictórico y lo escultórico, la obra del artista adquirió pronto una identidad peculiar.

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Mas, a lo anterior se añaden otros aspectos sui generis. Zapata realizó sus trabajos como un verdadero artesano. Preparó los soportes de sus obras con pasta de papel, utilizó pigmentos naturales que instalaba directamente, sin pinceles, y con frecuencia añadía diversos materiales —palitos, tiras de cuero, pajitas, espejos, conchas, etc..— Cada trabajo era toda una labor manual, llena de paciencia y cuidado. Lejos estamos aquí de los lienzos puestos en bastidores. De la empresa de pintura al óleo. Más que cuadros, las producciones del artista son verdaderos objetos recubiertos de colores y texturas —reales o agregadas— que, sobre todo en los más planos, recuerdan las pinturas tradicionales. Trabajando sin bastidores, Zapata se aproximó rápidamente al concepto de los shaped canvas —o lienzos con forma—. Sin embargo, en su caso, tal expresión, utilizada como es obvio para aludir a las pinturas contemporáneas con marcos distintos a los cuadrados o rectangulares, no resulta demasiado exacta. Sus obras no sólo tienen formatos diferentes, sino soportes distintos.

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Muy posiblemente, la manera más correcta de señalar este tipo de realizaciones sea decir que pertenecen a la categoría de los trabajos hechos con "soportes pictóricos no convencionales". Fue precisamente éste el título de la exposición que organizó el Centro Colombo Americano de Bogotá en 1989 para reunir las producciones de seis artistas de un mismo grupo generacional, incluyendo lógicamente a Zapata, que se caracterizaban por trabajar sin bastidores o con unos bastidores muy poco tradicionales y, sobre todo, reemplazando el lienzo por la resina de poliester (Nadín Ospina), la madera (Teresa Sánchez y Jairo Toro), el cartón (Dennis Echevarría) y la pasta de papel (Zapata)2. 

Otro rasgo singular de la obra de Zapata tiene que ver con la estrecha relación que establecía entre el soporte, el color y las texturas. Desde algunos Escudos, las pastas tienen el color completamente involucrado a su materia y ésta aparece recubierta de granulados, costras, marcas, incisiones, surcos, etc., que con evidencia se integran al tejido de las pastas de papel. Esa íntima unidad del soporte con el color y las texturas resulta alterada por la presencia de los materiales añadidos ya mencionados. Sin embargo, no hay duda de que son elementos contrastantes que destacan y enriquecen la superficie de esos trabajos tan homogéneos, o elementos que, pese a sus calidades divergentes, se camuflan con la epidermis de aquellos. Al llegar a este análisis que recorre la producción de Zapata a ras de piel, resulta obvio que se comienza a rondar el tema del Informalismo, aquella tendencia artística que nació en el decenio de los cuarenta a partir de ciertas obras especialmente interesadas por las superficies matéricas realizadas por artistas como Fautrier, Dubuffet, Burri, Tapies, etc. La producción del colombiano es heredera de esa tradición que le dio especial importancia a la mezcla de los más diversos materiales—yeso, arena, piedritas, arcilla, polvo de mármol, harpilleras, etc.—con los pigmentos pictóricos, que solió confundir la textura con la estructura de las obras y que relievó los procesos de deterioro y la estética de lo vetusto, hasta el punto de que un crítico como Juan Eduardo Cirlot se atrevió a decir que si "En la forma vive el espacio, en la textura palpita el tiempo"3.

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Finalmente, Zapata fue el creador de una obra atípica que concibió una serie de objetos bi y tridimensionales que directamente se presentan como tales y que en efecto se parecen a escudos, estelas, sarcófagos, etc.. Pero hay que hacer de inmediato una aclaración: los trabajos del artista no tienen ninguna relación con el arte objetivo, aquel que, desde los collages del cubismo, los ready mades de Duchamp y los object trouvé del surrealismo, introdujo en las obras de arte fragmentos de cosas reales o convirtió en trabajos artísticos —o antiartísticos— cosas comunes y corrientes. En la mayoría de estas piezas se desprecia el oficio y se le da especial valor al concepto. Zapata, como ya se ha dicho, trabajaba artesanalmente sus objetos y casi con seguridad buscaba ante todo la creación de hechos estéticos. Los objetos del artista pueden vincularse mejor a la tendencia contemporánea que, con antecedentes desde comienzos del siglo, se ha interesado en reconstruir, con diversos contenidos y con la mayor libertad, piezas e incluso edificaciones del campo de la etnografía o de la arqueología. Nombres como los de Robert Stackhouse, Debora Butterfield y Charles Simonds, entre otros, vienen a la mente, así sus realizaciones y temas sean muy distintos, ante los Objetos rituales, las Excavaciones, etc. de Zapata. Alguien que observe desprevenidamente las fotografías de Bruno Jarret en las que el colombiano aparece junto a sus Objetos rituales amontonados es muy difícil que pueda pensar que se trata de un artista al lado de unas pinturas; cualquiera puede imaginar que está conociendo a un etnógrafo orgulloso con su botín de extraños fetiches4.

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¿Qué se proponía Zapata con esta clase de trabajos? Sin duda, fundamentalmente, la creación de unas obras de arte distintas, frente a las cuales los espectadores tuvieran la posibilidad de apreciar unos objetos muy bien elaborados, en los que, aparte de sus condiciones estéticas, se encontrara un parentesco con cosas ajenas al mundo de las pinturas y esculturas tradicionales. Cosas que en un completo inventario tienen que ver con la guerra, la protección del cuerpo —Los escudos—, los monumentos conmemorativos de carácter funerario —Las estelas—, los fetiches, las reliquias —los Objetos rituales—, los lugares arqueológicos donde muchas veces se encuentran restos humanos —las Excavaciones— y los féretros y sepulcros —los Sarcófagos—. Es decir, y como es evidente, cosas que giran en especial en torno del tema de la muerte; cosas que Zapata presentaba sin ninguna connotación religiosa específica y sin hacer pensar en alguna cultura particular o en una época determinada. Sin embargo, es preciso anotar que ante tal clase de objetos es imposible no tener alguna vivencia religiosa. De acuerdo con Mircea Eliade: "El hombre profano, lo quiera o no, conserva aún huellas del comportamiento del hombre religioso, pero expurgadas de sus significados religiosos. Haga lo que haga, es heredero de éstos. No puede abolir definitivamente su pasado, ya que él mismo es su producto. Está constituido por una serie de negaciones y de repulsas, pero continúa obsesionado por las realidades de las que abjuró"5. Y respecto del carácter abierto de esos mismos objetos no sobra decir que cada quien, de acuerdo con su imaginación y conocimientos, puede aproximarse a ellos de muy diversas maneras. Por ejemplo, Álvaro Medina —el crítico que siguió de cerca toda la evolución del trabajo de Zapata en París— ensayó algunas interesantes interpretaciones de los Objetos rituales y de las Excavaciones que aparecieron en el catálogo de la exposición de estas obras. He aquí dos muestras: "para un Objeto ritual: ¿Ara de sacrificios? ¿Túmulo sagrado? ¿Imagen propiciatoria? ¿Amuleto que protege a un guerrero? ¿Ofrenda votiva? ¿Maleficio? ¿Brujería? ¿Contrabrujería? ¿Prenda? ¿Conjura? ¿Reliquia? ¿Relíquia de héroe? ¿Relíquia de mártir? ¿Reliquia de santo? Y para una excavación: Aquí comieron y abrevaron las bestias. Aquí saciaron el hambre y aliviaron la sed algunos hombres. Aquí, os aseguro, pasó la noche un alma en pena. Aquí, según una bella aunque dudosa leyenda, retozaron Changó el africano y la griega Afrodita. ¿ Quién fue el primero y quién el último en pasar? Un arqueólogo de la imaginación comenzó la excavación para poder determinarlo"6.

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En breve síntesis, el siguiente es el proceso de la obra de Zapata desde su primera muestra individual en 1985, cuando ya residía en París, a donde llegó el año anterior, hasta su exposición postuma de noviembre de 1994: acrílicos Sin título, en su mayoría aparentemente monocromos y caracterizados por la presencia bien visible de unas pinceladas que recubren por completo la superficie de las telas en sentido diagonal, espiral, etc.. A veces se aprecia un sutil diseño geométrico hecho con pinceladas de otro color. Cuadros verticales rigurosamente abstractos en los que la huella del pintar es lo esencial. Como Robert Ryman, Zapata asume la pintura no como una descripción o una evocación de algo, sino como un hacer que deja marcas —1985—. Señales y Escudos en pasta de papel acompañados de diversos materiales. Trabajos con formas circulares o con dos semicírculos apuntados, de colores llamativos, algunos con diseños geométricos de colorido contrastante y otros con los materiales añadidos que, por su abundancia, entran prácticamente a formar parte de la textura de las piezas —1988— . Estelas y primeros Objetos rituales también en pasta de papel coloreada, acompañada ahora de resina plástica. En su mayoría, obras de poco color y en las que las superficies muestran variadas incisiones, algunas muy posiblemente inspiradas en el arte precolombino. Otras alcanzan a recordar grafías elementales y desconocidas. Mientras el formato de las Estelas es bastante regular: dos semicírculos intercomunicados por dos bordes rectos, el de los primeros Objetos rituales es muy cambiante: algunos pueden estar constituidos por un triángulo y dos círculos superpuestos encima y otros por un extremo circular y otro que termina en tres a manera de puntas, con una innegable alusión a la cabeza y a los brazos extendidos—1989-1990—. Objetos rituales y Excavaciones, realizados en pasta de papel, pigmentos y diversos materiales y objetos—puntillas, cordeles, cintas, fragmentos de mimbre, conchas, palitos, huesos-. Las texturas de las superficies son muy variadas y a veces crean patrones regulares, casi siempre destacados por los materiales agregados. El color es discreto y casi siempre manchado; abundan los rojizos, los habanos, los ocres, los cafés. Mientras los Objetos rituales repiten el mismo contorno: en el extremo superior, tres pequeñas formas de ángulos rectos aludiendo a la cabeza y a los brazos extendidos y en el inferior una silueta semicircular, las Excavaciones recuerdan en la mayoría de los casos el contorno de las Estelas, aunque en ocasiones el semicírculo superior puede exceder el tamaño del resto de la pieza. En la exposición de Bogotá las Excavaciones se presentaron como obras de piso —1991-1992—. Nuevos Objetos rituales trabajados en técnica mixta: telas superpuestas y colores licuados. Pinturas hechas con base en las telas utilizadas para realizar sus obras anteriores. La imagen centrada corresponde a los perfiles de sus Excavaciones y Objetos rituales previos. Cuadros rectangulares de poco color, con predominio de los rojizos manchados y chorreados—1994—. Y Sarcófagos, piezas tridimensionales trabajadas de nuevo en pasta de papel, pigmentos y diversos materiales y pequeños objetos. Conjunto llevado a cabo en los últimos meses de la vida del artista y que, obviamente, impresiona por la configuración de ataúd de cada una de las obras. Sorprende la diversidad de tratamientos de las texturas, la sobriedad del colorido y la bella integración de los elementos agregados con la pasta de papel y el color. La superficie de cada uno de los Sarcófagos aparece como una gruesa epidermis protectora en la que se evoca lo orgánico y lo geométrico, lo natural y lo cultural—1994—.*

NOTAS

1. Read, Herbert, Filosofía del arte moderno, Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1960.

2. Rubiano, C. Germán, Soportes pictóricos no convencionales, Centro Colombo Americano, Bogotá, 1989.

3. Cirlot, Juan Eduardo, El arte otro, Seix Barral, Barcelona, 1957.

4. Medina, Álvaro, Luis Fernando Zapata, Objetos rituales y Excavaciones, Galería Garcés Velásquez, Bogotá, 1991.

5. Eliade, Mircea, Lo sagrado y lo profano, Editorial Labor, Barcelona, 1992.

6. Medina, Álvaro, Opus Cit.

(*) La fechas entre guiones corresponden a los años de las exposiciones en las que se presentaron las obras reseñadas.

GERMÁN RUBIANO CABALLERO

Profesor titular del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro fundador del Consejo Editorial de Arte en Colombia / ArteNexus.

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