Colectivaabr 1995 - jun 1995· Por Darío Ruiz Gómez

La ciudad en sus aspectos urbanos y plásticos

Museo de Antioquia

La idea de revisar un período de la ciudad tan extenso como el que va de 1894 hasta 1994 en lo que suponen sus aspectos urbanísticos, transformaciones espaciales, vigencias de estilos arquitectónicos, etc., era de salida una tarea compleja y cuyo resultado dependía de una puesta en escena lo suficientemente coherente para no caer en lo anecdótico. Recordemos exposiciones paradigmáticas en este sentido como las de Viena en la investigación histórica y por el otro una capacidad escenográfica para dar a la muestra el sentido pedagógico que debe tener.

Aquí en lo mostrado en el Museo de Antioquia se cayó por desgracia en lo anecdótico. ¿Dónde se ahondaba en las transformaciones urbanas dictadas desde el siglo pasado por la agudez de la especulación inmobiliaria? ¿Dónde estaban presentes las razones de un estilo fin de siglo, el Beaux Art europeo frente a pronunciamientos tan lúcidos como los de Lalinde? ¿Dónde la manera clara con que los maestros de la generación del treinta (Pedro Nel, Vásquez Doteé, Obregón, Ospina, Longas) fueron dando una idea magnífica de modernidad? La visión anecdótica elude así el drama real del conflicto vivido entre una idea y otra de modernidad.

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Este intento fue valioso en su intención. Y mostró lo que significa en el espacio de la ciudad la ausencia del Museo de Desarrollo Urbano. Una investigación indica la voluntad de vencer la tentación de las escogencias gratuitas, de hacer salir al presente obras que fueron significativas en un momento determinado y luego cayeron en el olvido. Hay de este modo la presencia de una generación donde se ubican nombres como los de Fernando Botero, Augusto Rendón, Darío Tobón, Escobar Toro, Hanné Gallo y cuyos planteamientos estéticos hablan de una modernidad que está más allá del legado y presencia de los maestros de la vieja generación, pero que ha sido analizada suficientemente.

¿No seguimos despreciando acaso lo que consideramos artistas menores? El amontonamiento de obras de todas las generaciones sirvió, sin embargo, para comprobar cómo nombres que fueron hace diez años relativamente importantes, hoy —teniendo enfrente su obra— sabemos que han desaparecido para siempre. ¿Museo imaginario o rastro historiográfico de un proceso donde expresiones aparentemente menores alcanzan de repente una dimensión que no habíamos sospechado? Volvemos otra vez a la necesidad urgente de control contra verdaderos especialistas para que una muestra no se reduzca a la exhibición de cuadros y esculturas, sino que tenga la capacidad de iluminar áreas que han permanecido a oscuras, bordes de la expresión plástica como la ilustración que llegan a ser más significativos que las nuevas y viejas academias.

Rebosante de vitalidad, ecuánime en su escogencia la muestra de artistas jóvenes en el MAMM. Para nadie es un secreto el vigor con que los artistas jóvenes de la ciudad se abren hoy a infinidad de nuevas experiencias estéticas. Por eso, como colofón de este intento de visión del trabajo en proceso de una ciudad, esta muestra llamó finalmente al mejor de los optimismos.

DARÍO RUIZ GÓMEZ

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