El cartel es un medio para dirigirse rápidamente a un gran público y causar un impacto inmediato. Usualmente contiene una imagen contundente, fácil de captar y una corta leyenda que determine el producto, el acontecimiento, la idea que se quiere transmitir.
El cartel en los últimos años ha tomado un giro diferente. Medios como la televisión con movimiento y sonido han ganado terreno. El público para quien iba dirigido el cartel permanece en casa y por sus ojos pasan multitud de mensajes que duran unos segundos y por su repetición generan en el espectador determinadas actitudes — es muy posible que el aviso del detergente pasado por centésima vez lo mueva a uno a ahorcar al actor de turno. A pesar de la aparente fugacidad del cartel, éste cobra una mayor perennidad con respecto al aviso de la televisión, permanece un tiempo más y puede ser observado más cuidadosamente y un medio que se describía como "un grito silencioso" pasa a ser una pieza de reflexión.
Los medios electrónicos llegan a tal perfección que una obra, en otro tiempo trabajada con meticulosidad en acuarela, se puede hacer con "clicks" del ratón; sin embargo, nada llegará a reemplazar el pincel, el color y el agua como medios expresivos. Otro de los aspectos que el cartel tiene para que pierda sus objetivos es que se convierta en obra de arte. Cuando el cartel se vuelve un objeto de colección, pierde aparentemente uno de sus atributos principales que es el de comunicar con impacto y rápidamente a un gran público una determinada idea y se torna en una obra de arte para ser contemplada en casa y volverse propiedad privada.
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A finales del 94 tuvo lugar en México la Tercera Bienal Internacional del Cartel. Esta fue organizada por Trama Visual, con Xavier Bermúdez a la cabeza, y patrocinada por gobiernos diferentes e instituciones particulares. El evento se acompañó durante los dos años de preparación con cursos, conferencias y exposiciones relacionadas con diseño gráfico. Se nombraron dos grupos de jurados: el primero que seleccionaba el material venido de todas partes del mundo, en este caso se escogieron unos 350 carteles de 1.500 que se presentaron, y un segundo jurado compuesto principalmente por ganadores de la Bienal anterior y por diseñadores gráficos que representan distintas áreas del mundo.
Se tenían cuatro categorías: la del cartel cultural; la del político, ideológico o social; el publicitario o comercial y finalmente una categoría que cambia en cada Bienal y que para esta ocasión fue dedicada a carteles contra la violencia, trabajos hechos especialmente para participar en el evento.
La Bienal tuvo lugar en los amplios corredores del Museo Franz Mayer, una casa colonial que guarda una colección de arte propiedad del inmigrante alemán Franz Mayer con la heterogeneidad que puede tener el gusto personal y al mismo tiempo con una espléndida calidad. El tema más popular fue el SIDA y su prevención, con soluciones crudas y directas a excepción de un cartel de Israel por Yessei Lemel que debajo del texto: Life Saver— para todos los miembros de la sociedad de consumo les evoca un dulce con el mismo nombre— aparece un condón en forma de salvavidas y está dedicado al día internacional del SIDA, volviendo un tema íntimo en algo con humor, alegre y dulce como debe ser el amor.
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Las bienales del cartel se han convertido en un termómetro de lo que pasa en el mundo en Diseño Gráfico. Es el punto de encuentro de diseñadores de Alemania, Estados Unidos, Francia, Polonia, Japón y, obviamente, México con la más abundante representación. La participación de los países latinoamericanos fue muy reducida y su confrontación con otros países se dificultaba por presentar afiches en tamaños pequeños frente a piezas de pliego o doble pliego.
Lany Sommese de Estados Unidos, creó una visión de Romeo y Julieta esencial. Son dos figuras unidas por un espacio negativo que configura un corazón y un puñal, las leyendas están hechas con una tipografía elemental. El todo se antoja como un desafío a los medios electrónicos que tienen capacidad de hacer todo perfecto, pero a menudo son el "temblor" de lo sentido. Ella, por el conjunto de su obra, mereció la máxima distinción: el Premio José Guadalupe Posada.
En la categoría del cartel político, ideológico o social se escogió como primer puesto un cartel que tiene dos imágenes horizontales del brazo de una mujer musculosa: en una aparece sosteniendo una pesa, en la otra una rosa, la leyenda "Working Woman Working" hecha con una burda tipografía separa los dos momentos descritos. Impacta por su tamaño, mas no por su mensaje. Fue ejecutado por Mamá Bunnel de Canadá.
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En la misma categoría Masatoshi Toda del Japón se presenta con una imagen fotográfica preparada: un niño negro con ojos azules que se derriten de llorar con una leyenda redactada por alguien no familiarizado con el inglés pero que por el impacto profundo se adivina un texto como "llorar las lágrimas de un niño".
En la categoría del cartel publicitario hubo poca participación, tanto que el primer premio se consideró desierto.
En la categoría de carteles contra la violencia, el hecho de no tener un cliente determinado se prestó a la participación de estudiantes. Efectivamente, el primer premio lo ganó un estudiante francés, Zakri Sandrine, con la obra titulada: La violence engendre la violence, solución sencilla compuesta por cuatro pistolas en negro conformando una swástica sobre un fondo rojo. En esta misma categoría obtuvo el tercer puesto Jesús Insausti de México: es el grabado en negro de una mano cuyo dedo índice se ha convertido en el cañón de un arma y cae mutilado, interpretándose que cuando uno ejerce violencia se está violentando a sí mismo.
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El premio Willie de Majo —Presidente de Icograda, recientemente fallecido— institución mundial de los diseñadores gráficos lo obtuvo el mexicano Germán Montalvo por una serie de carteles diseñados para propiciar la lectura, llenos de humor y poesía, con figuras estilizadas de humanos y animales listos a leer sobre su tema preferido: el gato sobre ratones; el perro acerca del hueso; un hombre sobre amor; la mujer en temas del corazón y la semilla. Son obras que ofrecen el difícil encuentro de lo universal con lo local: no se hubieran podido producir si no en México. Su más reciente trabajo es el realizado para el Salón México, lugar de larga tradición en la universidad para largas jornadas. Dejemos que Montalvo descubra esta bella costumbre: "El cuerpo se manifiesta y la música se enreda como un listón que cae sobre los movimientos pulcros, perfumados, envaselinados y la música es la productora de todo un estilo y de una iconografía nostálgica y precisa. Él es así: zapatos de tacón cubano con combinación blanco y negro, cadena colgando de la bolsa del pantalón, actitud vivaz, no catrín y atendiendo a cada movimiento: este baile no es cualquiera, tiene sus reglas. Ella: zapatos negros de tacón alto y medias sensuales que a lo largo de una línea blanca contonean sus bellas piernas".
Esperar el viernes, el sábado o domingo para asumirse, preparar los atuendos y proyectar las imágenes desde la fábrica, el taller, el taxi, pero antes alinearse camisa, vestido con flor, pantalón pachuco y los símbolos precisos de toda una época: los zapatos. Imaginar la llegada al salón, el acecho, la petición atenta para bailar una pieza, sentir su mano, este ritual alrededor del baile produjo los iconos con más arraigo en nuestra ciudad.
Dentro de los buenos bailarines de aquellos años veinte del Salón México, siempre destaca un macho prieto1,con un estatus basado en su identidad popular: gran dominio del léxico coloquial para que no lo agarren en curva, ser un chingón pa’ los madrazos y sobre todo: ser valedor. Este fetichismo no sólo creó una moda, sino que confirmó el culto por la dignidad popular entre ritmos y concentraciones comunes.
Ahora el Salón México funciona en una construcción hecha por los ingleses a principios del siglo para una central eléctrica, se han mantenido todas las máquinas generadoras dando a este espacio una especial calidad.
En el cartel publicitario se ve una elegante solución para anunciar el Premio Nacional del Diseño del Calzado de João Machado de Portugal.
Añoramos los tradicionales ganadores en estos eventos: diseñadores de Polonia, Hungría, la República Checa. ¿Será que ya agotaron su estilo característico de grandes ilustradores con temas surrealistas? ¿O que están repitiendo y ya el mundo pide soluciones diferentes más sencillas?
NOTA
1. Macho Prieto se les llamaba a las figuras más brillantes en los barrios populares de la Ciudad de México.
DICKEN CASTRO
Arquitecto y diseñador gráfico colombiano. Residente en Santa Fe de Bogotá.
