Exposición Individualabr 1995 - jun 1995· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Gustavo Acosta

Gutiérrez Fine Arts

Durante el mes de enero de 1995, la galería Gutiérrez Fine Arts de Miami Beach expuso la muestra Probando la trampa de Gustavo Acosta. Se trata de una exposición importante pues, además de mostrar su trabajo más reciente, presenta bajo la misma temática, que el mismo denomina las trampas de la naturaleza humana, las diversas etapas que han caracterizado su obra.

Desde ya no sé dónde (1994) recuerda los espacios interiores y exteriores que caracterizaron la pintura de Acosta a principios de los noventa. Este cuadro representa el interior de una estación de tren, la cual, por su oscura tonalidad monocromática y el efecto de cinta rayada, recuerda una sombría escena de alguna película sobre la Segunda Guerra Mundial. Obras como ésta tienen gran semejanza con la obra de Kiefer. Sin embargo, el tratamiento de la textura y la característica arquitectónica de los trazos dan a la obra de Acosta su reconocida individualidad.

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Quizá te atribuya un infierno que es mío, Mínimas partes de la trampa, Un objeto inocente e Imán, representan de alguna manera la siguiente etapa, iniciada en 1992 durante su estancia en España. En estos cuadros, objetos ,en su mayoría inventados, dominan el espacio de las telas. Una trampa metálica, un fusible gigante, una especie de trinche con características de herradura y un arpón de tres brazos que recuerda un ancla, aparecen centrados en los cuadros, como si la arquitectura hubiera sido reducida al objeto único, material y gráficamente detallado. El carácter inventivo y el significado poético de estos objetos hacen parte de una simbología distinta, más personal que la que en un momento dado constituyeron los espacios. Sin embargo, existe una clara continuidad marcada por el tratamiento del acrílico, utilizado para crear una gama de texturas que van desde los pegotes más espesos hasta los chorreados más fluidos. Los tonos monocromáticos también se mantienen, aun cuando en algunas obras se comiencen a ver algunos toques de color. Tal es el caso de Viendo morir y matando, en el cual Acosta representa una especie de ala de ave cuyas plumas (que más parecen escamas, especialmente si se comparan con las escamas del submarino representado en el díptico Hunt) presentan colores más brillantes como rojo y amarillo, camuflados por el tono sombrío que domina la obra.

El ala, el submarino y el zepelín de Near constituyen un subgrupo dentro de la serie de objetos en la obra de Acosta. Tienen un carácter más anecdótico y quizá por ello no tienen la fuerza de los objetos más abstractos. Igualmente anecdótico y claramente autobiográfico es el cuadro Ofrenda e itinerario, en el cual Acosta coloca una copa o cáliz de cristal con vino rojo en medio de una cruz formada por los nombres de los distintos sitios donde el artista ha residido: La Habana, México, Santa Cruz y Miami. Se trata de una obra demasiado personal, que desentona en el conjunto de la muestra.

En general, la utilización de textos como parte fundamental de la obra presenta inconsistencias. Influenciado quizá por otros artistas contemporáneos, Acosta introduce palabras y frases en la mayoría de los cuadros de la exposición. En algunas telas éstas se integran a los objetos en una forma coherente, como en el caso de Ofrenda e itinerario o Quizá te atribuya un infierno que es mío, pero en otras, si bien facilitan la transmisión del mensaje, perjudican la composición y la fuerza visual, como en Desde ya no sé dónde o Viendo morir y matando. En Imán, por ejemplo, cuatro frases escritas en los extremos del lienzo sirven de marco y crean a la vez un contraste entre la frialdad del objeto y la calidez de versos tales como "tu forma es suave" o "luces tan dulces", mientras que en Viendo morir y matando el texto escrito en el extremo derecho del lienzo resta fuerza a la imagen del ala.

La última tela, This is Only a Light, presenta una nueva alternativa a nivel visual y es tal vez la más interesante de toda la muestra. Sobre un fondo muy oscuro, Acosta pinta un cono de luz que sale de un reflector no representado; la luz se refleja en un supuesto suelo, que a su vez refleja el cono de luz de manera inversa; y en la intersección, que coincide con el centro del lienzo, aparece escrito muy sutilmente el nombre del cuadro. En esta obra, Gustavo Acosta logra transmitir su capacidad reflexiva sin necesidad de utilizar objetos, pues el espacio o, mejor aún, la luz misma, acaso resultado del mismo proceso reduccionista que transforma el elemento arquitectónico en objeto, es suficiente. This is Only a Light, esta es solo una luz... pero es una luz importante pues no sólo marca el comienzo de una nueva serie, en lo que a la imagen se refiere, sino que además presenta una alternativa puramente abstracta que bien puede ser explotada dentro de la línea de trabajo que ha seguido Acosta durante toda su trayectoria artística.

FRANCINE BIRBRAGHER

Gustavo Acosta, por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD | artnexus