Una selección de obras de los últimos tres años brinda al observador una imagen que se presenta madura y se integra armoniosamente al desarrollo plástico alcanzado en algo más de una década. Su propuesta estética tiene como punto de partida un tema que como metáfora se interroga o se cuestiona lo humano.
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Es de recordar las fragmentaciones humanas (torsos, manos, dedos, bocas y lenguas) que en los primeros años de los ochenta marcaban con dramatismo el inicio de su derrotero como escultora. En este hilvanar sus antecedentes también se deben mencionar sus hallazgos arqueológicos del trabajo manual, al presentar las herramientas utilizadas por el hombre en diferentes oficios, como una manera de subrayar la deshumanización en la que se halla inmersa nuestra sociedad. En los inicios de los noventa, Claudia Aranovich comienza a desarrollar el tema de los corazones, el que se va entretejiendo con lo orgánico vegetal. Semillas, ramas y raíces enriquecen su mundo simbólico, en el que se unen la nostalgia y la ironía con la esperanza. De esta serie es la selección que se presenta en el Centro Cultural Recoleta. En su lenguaje plástico se une la síntesis formal con la sensualidad en el tratamiento del volumen, lindando con la propuesta del arte conceptual. Buen ejemplo de ello lo encontramos en Plantación de corazones de 1992-1993, Semilla I y Semilla II de 1993, y la más reciente Raíces de 1994.
ALBERTO COLLAZO
