Colectivaabr 1995 - jun 1995· Por Laura Batkins

Artistas Argentinos

Bienal de Johannesburgo

Entre el 28 de febrero y el 30 de abril de 1995 se lleva a cabo en Johannesburgo la I Bienal Internacional de Sudáfrica, organizada bajo la supervisión general de Christopher Till, Director de Cultura de dicha ciudad, y asistida por Lorna Ferguson en la coordinación general. Las distintas exposiciones se localizan en el Newtown Cultural District donde se encuentra el Electric Workshop y el Museo Africano, —edificios que albergan las principales exhibiciones internacionales—, junto con el Museo Transnet, la Galería Gertrude Poseí y la Galería de Arte de Johannesburgo.

Entre los cincuenta países invitados, la presencia latinoamericana está representada por la Argentina, Brasil, Chile, México y Cuba. El evento se perfila como el primer hecho artístico internacional posterior al fin del apartheid. En este sentido, la bienal celebra la inserción de Sudáfrica en el mundo, dado que a partir del 27 de abril último negros y blancos votaron igualados democráticamente, y se levantó el boicot económico mantenido por gran parte de la comunidad internacional durante el régimen de discriminación racial. Este hecho mantuvo a la comunidad artística local en una situación de absoluto aislamiento, lo cual fomentó el desarrollo de la producción artesanal en madera realizada en las aldeas rurales por la población negra.

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A diferencia de las bienales más tradicionales como las de Venecia o San Pablo, se creó un modelo alternativo con un proceso curatorial novedoso. En marzo de 1994, se invitó a treinta críticos, historiadores de arte y administradores culturales para asistir, durante diez días, a un Foro de Curadores de Arte. En el transcurso del mismo se organizaron paneles de discusión y mesas redondas donde se fue gestionando, de manera conjunta, la posibilidad del proyecto de esta bienal. Hubo conferencias sobre la producción, distribución y consumo del arte sudafricano, teniendo en cuenta la situación política imperante durante los últimos años. Para que los curadores tuvieran un panorama más completo sobre el asunto tratado, se los llevó a visitar galerías de arte, museos y estudios de artistas de diferentes ciudades del país, tales como Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Port Elizabeth, Durban y Venda. La función de los curadores fue evaluar la idea de llevar a cabo el evento y convencer a sus respectivos países, una vez de regreso, de la importancia del mismo. Hay que destacar, entre otras, la presencia de Bart de Baere, de Bélgica, quien fue parte del comité organizativo de la última Documenta de Kassel. También estuvieron Jean-Hubert Martin, exdirector del Centro Georges Pompidou de París, Maarten Bertheux, curador del Stedelijk Museum de Amsterdam, y Tony Bond, director de la última edición de la Bienal de Sydney. Paralelamente, la Fundación de Arte de Johannesburgo desarrolló un programa educativo que consistió en un sistema de entrenamiento de trece estudiantes sudafricanos, a los que se vinculó con los curadores internacionales para que establecieran una conexión durante el tiempo que durase la preparación de la bienal.

Además de los espacios asignados para las representaciones nacionales, se organizan dos muestras especiales: Decolonizando nuestras mentes, que plantea la relación del arte africano en el continente y en la diáspora, y Alianzas volátiles, generada a partir de los contactos entre Europa y Sudáfrica.

La exposición argentina está auspiciada por la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, y es parte de la política cultural de la Cancillería, que en el transcurso del año 1994 avaló muestras en la bienal de San Pablo, la bienal de Cuba, Oxford, México y Valparaíso.

Teniendo en cuenta el tema de la bienal sudafricana, que se ciñe a la idea del multiculturalismo, el envío argentino plantea una reflexión en torno a la identidad cultural, donde se alternan distintos enfoques que se complementan en el contexto de toda la instalación. Fueron seleccionados cuatro artistas que abarcan un panorama diferenciado de la producción artística local: Luis F. Benedit, Marcia Schwartz, Mariano Sapia y Sebastián Gordín. Benedit trabaja con la tipología del rancho de barro, paja y madera, que es la construcción básica de la organización familiar de las comunidades rurales, y principal foco de transmisión de enfermedades infecciosas tales como el Tripanosoma cruzi o Mal de Chagas. En sus "morochos", Schvartz retrata con un realismo incisivo, a los grupos demográficos que conforman la población urbana proveniente de países fronterizos, en una serie de cuadros que aluden al estereotipo del varón latino. Mariano Sapia y Sebastián Gordín son dos artistas jóvenes que pertenecen a la actual generación de los años noventa. Un fenómeno contemporáneo es el proceso migratorio interno de las provincias hacia la Capital en búsqueda de mejores oportunidades laborales. En San Cayetano, Sapia documenta una procesión de estas zonas suburbanas, donde la conjunción de distintos ritos populares revela la existencia de un sincretismo religioso. Finalmente, los objetos de Gordín como el ESPN o la cancha de fútbol, tematizan con humor e ironía los efectos de los medios masivos del consumismo y del arte como entretenimiento, usando recursos del cómic y de los juguetes infantiles, para señalar ciertos hábitos sociales como la pasión por el deporte.

Los cuatro artistas buscan indicios que sirvan como posibles anclajes en la conformación de una cultura propia. Una cultura aluvional, de discursos que se entrecruzan, bosquejando los rasgos que definen el perfil de los que habitamos el territorio más austral del mundo.

LAURA BATKINS

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