La Friedrichstrasse en la parte oriental de Berlín es aún la zona de construcción más grande en cualquier ciudad europea. Aquí, donde latía el corazón de la metrópolis durante los "dorados veinte”, deberá surgir una de las avenidas comerciales más lujosas de la ciudad. Cuando esto ocurra, no habrá ya lugar para espacios como la galería del Instituto para Relaciones Internacionales, en donde se mostró la exposición Vuelo de los cubanos René Francisco y Ponjuán entre el 19 de agosto y el 26 de septiembre.
Lugar, título y fecha no pudieron estar más dotados de connotaciones. Justo en frente de la galería se encuentra todavía el Palacio de las Lágrimas donde alguna vez se retornaba a Berlín Occidental en la estación del metro Friedrichstrasse. Hasta hace cinco años familiares y amigos se abrazaban allí con el rostro cubierto de lágrimas, poco antes de que la cortina de hierro se cerrara entre ellos por un tiempo indeterminado. Al inicio de la exposición de los dos artistas, acababa de empezar en Cuba el gran escape por el mar. Naturalmente el público y la prensa empezaron a establecer paralelismos entre la situación de la antigua DDR (República Democrática Alemana) y la masiva huida hacia el Oeste que hizo tambalearse al régimen de Honecker. Por esto no nos sorprende que para la mayoría el título Vuelo significara desaparecer, huir.
Más René Francisco y Ponjuán habían pensado en una dimensión mucho más amplia del concepto. Ellos se referían al propio sobrevuelo de círculos culturales, épocas y tendencias del arte, para lo que se apropian de los más diversos elementos y medios estilísticos. En el sentido de Tatlin, el vuelo significa para ellos ni más ni menos que la utopía del arte. Pero también se referían al elevado vuelo del artista y su esfuerzo en pos del reconocimiento y el éxito, sobre el que ambos trabajan irónicamente desde hace años. Sin embargo, parecen haber olvidado la facilidad con que en estos asuntos uno se puede estrellar.
Una parte de la exposición estaba compuesta por viejos trabajos cuyo sentido se amplió agregándoles algunos detalles. Así, por ejemplo, el cuadro Utopía (1988), en el que un soldado soviético con orejas de demonio besa la bandera del Movimiento 26 de Julio, estaba desprendido del marco y colgaba como una especie de estandarte en la pared. Sus bordes estaban decorados por pequeños objetos a la manera de la decoración de altares de las religiones afrocubanas, como barquitos de plástico o un encendedor.La obra se incluyó en el "Rincón patriótico” en cuyo costado rojinegro se levantaba la figura de Lenin. A la derecha brillaba en neón rojo la palabra "iluminación”. Para los antiguos ciudadanos de la DDR, bombardeados hasta el agotamiento con ideología socialista, era fácil establecer el vínculo con la fórmula de Lenin "Comunismo = Poder soviético + electrificación de todo el país”. En este sentido se comprendió también la ironía que se derivaba para los dos artistas de la escritura luminosa, que para los cubanos sigue siendo símbolo de progreso, con los mechones que en la Cuba de hoy, a raíz de los constantes apagones, se han convertido en la única fuente de luz. Otros mechones figurativos, un San Lázaro y sobre todo el colorido y la iluminación daban al espacio la peculiar atmósfera de un santuario dedicado a las utopías perdidas.
Una gran instalación en la pared trataba sobre el intercambio del arte cubano con el mundo occidental. Con la Galería IFA como punto de contacto se comunicaba un artista cubano con un teléfono de lata de cerveza con Joseph Beuys, en cuya obra aparece este tipo de teléfonos a partir de latas. De la chimenea de la galería sale la silueta de Cuba formada por cordones de perlas, en cuyos bordes figuras hechas de tubos de pintura continúan el diálogo.
Entre las obras más impresionantes y artísticamente consistentes se encuentran tres nuevas pinturas, cada una de dos metros de alto, expuestas en la primera habitación. Unidas entre sí y haladas por un avión conformaban la instalación El vuelo. De uno de ellos, El anclado, brotaba una irradiación mística. En tonos muy oscuros de café se encuentra una figura con rostro de máscara africana sumida hasta la mitad en el agua. La cuerda del ancla a sus pies está rota, lo que indica que aún a pesar de todo anclaje en el propio contexto existe la posibilidad de arrojar el sobrepeso y elevarse en el propio vuelo. En los detalles del pájaro y la langosta citan los dos artistas ejemplos del arte antiguo japonés. La obra en sí misma es un ejemplo excepcional de este sincretismo cultural que atraviesa toda la obra de René Francisco y Ponjuán.
Su exposición, Vuelo, era buena y sugerentemente compuesta, ofrecía trabajos espectaculares y más bien crípticos, unía pinturas, instalaciones y objetos y era en sí misma una composición lograda. Tuvo eco en la opinión pública y podría significar para ambos un importante ingreso en la escena cultural alemana.
GERHART HAUPT
