El artista que recientemente llega al exilio se vuelca inevitablemente a temas de dislocación, memoria y nostalgia para expresar las frustraciones y dificultades que experimenta al adaptarse a un nuevo país. El Punto de Vista de Pepe Forte acerca de la experiencia del exilio es diferente. En lugar de imágenes surrealistas de anhelos personales, utiliza la fotografía y la pintura y una combinación de ambas para recordar a Cuba y a la vez para transformar algunos de los desechos económicos más característicos de La Habana, los autos viejos, en obras de arte.
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Pepe Forte estudió pintura en la Academia de San Alejandro en La Habana y expandió su campo de pericia técnica a diseño, la restauración y la fotografía, habilidades artísticas que se aprecian de inmediato en esta serie de fotografías. Incluso antes de su llegada a Miami en 1993 y de acceder a nuevas posibilidades de trabajar en las miles de impresiones que trajo consigo, estaba interesado en captar el deterioro de La Habana. Lo hacía no como un comentario de crítica social (los artistas cubanos deben cuidarse), sino más bien para preservar los recuerdos del pasado. Pepe Forte veía a La Habana como una "ciudad descongelada" y describe la impresión que guarda de sus edificaciones y autos como los restos podridos y putrefactos que asociamos con alimentos congelados que luego se derriten y malogran. No nos ofrece imágenes de La Habana congeladas en el tiempo. Es demasiado tarde para ello—la ciudad ha sido destruida. Sus fotografías se presentan como el testamento de esta ruina y los autos son fósiles que, al carecer de gasolina para llenarlos, pronto se extinguirán también. La Revolución de Castro y el embargo de los Estados Unidos impidieron la llegada de autos del exterior desde 1956 y, con ocasión de la reciente crisis económica, los viejos autos que habían sido reciclados durante años ya no pudieron abastecerse, añadiendo el insulto a la injuria.
Los autos de la época transmiten un complejo de mensajes incluso si prescindimos de su conexión con La Habana y de las observaciones relativas a los vestigios del imperialismo y de la dependencia económica. Los autos viejos son como las películas viejas y "los viejos tiempos". Tienen su propio diseño estético y hacen sus propias declaraciones acerca de la temprana industria tecnológica. A la gente le agrada mirarlos. En esta exposición de fotografías, los autos apelan a diversos niveles de reconocimiento, desde lo personal hasta lo artístico. Los viejos autos de La Habana están ubicados al frente de edificios abandonados y de paisajes que crean mágicas composiciones. En otras imágenes, el artista se centra en ciertos elementos del auto para comunicarles el carácter directo del arte pop y les añade color y pinturas metálicas (con marcadores , material que puede obtenerse en Cuba).
En la serie, trabaja con diversos procesos de desarrollo y manipulación. Las fotografías en blanco y negro y en sepia son obsesionantes. Miss Mercy es una Mercedes Benz que ha visto mejores tiempos y ahora se convierte en conmemoración, quizás para no ser conducida nunca más. Algunas de estas imágenes provienen de su última exposición en La Habana en 1992 y fueron imprimidas en un papel que sólo se encuentra en los países comunistas y desarrollados en Cuba. Cada una de las escenas es conmovedora y dramática, como si el artista presintiera que no estaría allí mucho tiempo para capturar estos momentos.
Forte nunca deja de ser pintor y experimenta con la transformación de las superficies de las fotografías con los materiales que tenga a mano, tales como Elmer’s Glue. Rinde tributo a los artistas que ha admirado durante largo tiempo por sus misteriosas escenas callejeras, tales como el pintor norteamericano Edward Hopper. My Sunday Early Morning presenta una humorística variedad de imágenes tomadas de diferentes fuentes con una de las obras de Hopper rearticulada como inspiración.
Este conjunto de fotografías constituye una combinación fascinante de lo nuevo y lo viejo, lo tradicional y lo moderno, lo privado y lo público, y una experiencia para disfrutar con buenas razones.
CAROL DAMIAN
