La grabadora argentina Matilde Marín podría hacer suya la siguiente afirmación de Barnett Newman: "Mis cuadros no se atan ni a la vinculación del espacio, ni a la imagen, sino a una sensación de tiempo". Esta frase fue escrita por Newman en 1949 en un monólogo que quedó inconcluso y que se llama Prologue for a New Aesthetic1.
La sensación de tiempo ha sido una constante preocupación y presencia en el arte de Matilde Marín desde sus inicios y la llevó a ir más allá de sus propios límites temporales y operativos.
Formada en Buenos Aires en los estudios regulares de las Escuelas Nacionales de Bellas Artes, completó su formación a través de largos viajes por Latinoamérica, por Europa, Turquía, Asia Menor, Grecia. Su interés por las culturas antiguas la remitió a descubrimientos formales importantes para su trabajo futuro, sobre todo en lo referente a las texturas y la fuerza de lo táctil y a una conciencia cada vez mayor de que había que bucear en el pasado para extraer claves de comprensión del presente.
Desde sus comienzos en el grabado —tal vez por el hecho mismo de haberlo abordado después de especializarse en escultura— se relacionó con la actividad artística de una manera muy libre, poniendo la técnica al servicio de su siempre renovada creatividad.
[[IMAGE]]
El grabado surgió en la Argentina como disciplina independiente a fines del siglo XIX. Desde la segunda década de este siglo empezaron a marcar su presencia artistas de la talla de Guillermo Fació Hebequer, Víctor Rebuffo, Pompeyo Audivert, Fernando López Anaya, Ana María Moncalvo y otros que culminaron con la originalidad de Antonio Berni consagrada en la Bienal de Venecia de 1962. Matilde Marín constituyó con otros artistas de su generación como Zulema Maza, Mabel Rubli, Graciela Zar, Alicia Díaz Rinaldi, Olga Billoir, un grupo de personalidades motivadas por un gran desprejuicio hacia las prácticas, iconografías y técnicas convencionales. Algunas de ellas realizaron en 1985 una exposición llamada Intuiciones, intenciones, impresiones en el Museo de Arte Moderno, donde fue evidente la voluntad de afirmación de las posibilidades de expansión del grabado.
Marín presentó gruesas planchas elaboradas con pulpa de papel sustentadas por bases de madera configurando objetos tridimensionales.
En general, cuando trabaja sobre la chapa de metal utiliza a veces un somero boceto que actúa a modo de apoyo inicial de una labor donde el azar y el accidente son incorporados con maestría. En un trabajo directo resuelve simultáneamente imagen y técnica. Usa el carburundum y el gesso que le permiten lograr relieves en la última pasada de prensa. A veces reemplaza la resina por el aerosol. El color siempre es sugerente, nunca estridente. En su afán de ir más allá de los límites, no vaciló en dar complejidad a su imagen valorizando el fragmento, superponiendo planos, cuestionando con sutileza el manejo tradicional del espacio, sugiriendo la obra dentro de la obra.
Marín ha insistido mucho sobre la importancia que tiene el papel dentro de su obra, ya sea artesanal, semiartesanal o hecho a mano. Siente que su trabajo está conectado íntimamente con el papel y la seduce la gran ductilidad que tiene y su posibilidad de funcionar en diferentes situaciones plásticas. Para el conocimiento y manejo de este elemento tuvieron mucha importancia el grabador argentino Fernando López Anaya, primero en investigar en la Argentina la producción del papel hecho a mano, y Laurence Baker, quien en su taller de Barcelona se ha dedicado desde hace años con exclusividad a obras realizadas con pulpa de papel.
[[IMAGE]]
A partir de allí Matilde Marín refinó cada vez más su búsqueda expresiva, eligiendo las fibras vegetales, el teñido de la pasta, la conformación definitiva de la superficie según los procedimientos que preceden al secado. Alertar la sensibilidad en todos los detalles le permitió multiplicar su evolución creativa. Fue de este trabajo personal en la realización del papel que emergió la tridimensión en relieves y en esculturas.
Actualmente lo utiliza en dos situaciones: en una funciona como soporte y le adhieren ramas, objetos precolombinos, papeles de color con relieve o previamente impresos. Una segunda situación es la utilización del papel como depositado sobre esculturas en madera, piedra o mármol. En las últimas muestras Matilde Marín ha utilizado el papel estampado hecho a mano, en obras de gran tamaño, como sacando una vez más la gráfica de los límites y poniéndola en otro contexto.
Hay dos exhibiciones que realizó nuestra artista que parecen estar estrechamente conectadas con la imagen que trabaja en la actualidad, una es Bibliografías en 1985 y Desde el muro en 1987.
En la primera utiliza como punto de partida dos textos antiguos: el Popol-Vuh y sus historias de la creación de civilizaciones precolombinas y uno de Lao-Tseu, el Tao Te-king (c. 600 A.C.). Como ella misma afirmara, hubo palabras, ideas de esos escritos o interrelación de conceptos de ambos que desencadenaron su imaginación. En estas obras incorporó parte del texto y desarrolló grafías propias en torno al tema.
Sobre la serie Desde el muro escribió lo siguiente: "Los muros fueron silenciosos testigos en la historia de diversos acontecimientos. En ellos, a través del tiempo, pueden verse los primeros intentos de representación, las escrituras de los pueblos y en la actualidad los trazos de los que buscan exponer sus ideas. El tiempo los horada, los modifica, los vuelve más bellos, dramáticos o irreconocibles. A través de varios años, he conocido algunos muros, aquellos silenciosos de nuestro continente, los antiguos de diferentes civilizaciones, los fugaces del presente; todos ellos conforman la memoria de estas obras".
[[IMAGE]]
Matilde Marín vuelve la mirada a los muros como un espacio donde se inscriben signos y escrituras de civilizaciones desaparecidas y a los graffiti actuales que recogen las pulsiones de los distintos grupos urbanos. En todos los casos se trata de un registro del afán desesperado del hombre por simbolizar su presencia en el mundo. Y de esa dramática circunstancia hace la artista su tema. Pero esa "sensación de tiempo " en la obra de Matilde Marín a la cual hemos hecho referencia ha adquirido también otras formas. Recientemente ha presentado Mitos de Creación, realizado en el taller Arte Dos Gráfico de Santafé de Bogotá, en Colombia.
Aparecen aquí once mitos de la creación pertenecientes a diferentes culturas antiguas con siete grabados originales al aguafuerte y al aguatinta realizados por la artista sobre planchas de zinc, además de viñetas y ornamentos. El libro cuenta con un texto sobre los mitos escrito por Nelly Perazzo. Matilde Marín se siente muy vinculada a lo latinoamericano y ha admirado siempre en artistas como Tamayo o Matta esa virtud de producir imágenes de gran potencia que se reconocen inmediatamente como propias de nuestros países. Sin embargo, en este caso, la artista no se ha ceñido exclusivamente a textos latinoamericanos sino universales.
Desde la década del setenta han sido muchos los artistas que se han interesado por la arqueología, la etnología, la antropología y otras ciencias del hombre. El estudio de los vestigios, y también del tiempo interior de la memoria, ha sido objeto de una intensa búsqueda artística. En Latinoamérica, varios artistas han buscado síntesis entre lenguajes derivados de la abstracción geométrica y formas arcaicas del arte indoamericano. Es el caso, por ejemplo, del artista argentino Alejandro Puente.
La obra de Matilde Marín plantea una reflexión que va más allá del anclaje en una identidad o una incursión por el primitivismo para desertar de los códigos establecidos y de la tiranía de la racionalidad o buscar nuevas claves para conectarse con la realidad y la naturaleza en forma no programática o utilitaria. Su conexión con la memoria del hombre es filosófica, existencial.
Las voces anónimas presentes en el mito, las grandes preguntas que han desgarrado al hombre sobre su creación, sobre el sentido de su presencia en el mundo, sobre el silencio, el vacío y los misterios del cosmos, encuentran en la obra despojada y rigurosa de Matilde Marín, atenta a registrar realidades profundas, un intérprete de singular energía.
NOTAS
1. Citado por Jean-François Lyotard en "L’instant, Newman" en L’art et le temps. Musée Rath. Musée d’art et d’histoire. Geneva, 1984. Ed. Société des expositions du Palais des Beaux-Arts de Bruxelles et I.P.C.O.
NELLY PERAZZO
Crítica docente e historiadora de arte contemporáneo. Miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes de Argentina. Curadora de la Colección Libero Badii de la Fundación Banco de Crédito Argentino.
