En la década de los sesenta, para muchos artistas, la pintura moría; se argumentaba que debido al desarrollo modernista, la pintura estaba agotada. Como forma, la pintura llegaba a sus últimos respiros; el tema recurrente, en verbo e imagen, era su canto de cisne y el luto precipitado que invocaba el fin que se esperaba. Otras estrategias estéticas, inspiradas por la vanguardia modernista temprana, experimentaban formas y alternativas protestando e intentando escapar de la recuperación y capitalización de la labor artística. Se quería, ante todo, poner en marcha el impulso utópico modernista. En esta arena de búsquedas y diálogos, deja Luis Cruz Azaceta su Cuba natal, se instala en Nueva York, estudia y se dedica a la pintura.
En el Museo Alternativo tiene lugar la primera muestra panorámica en ocho años de obra selecta de Luis Cruz Azaceta en la ciudad de Nueva York. En la exposición, titulada Hell (infierno), observamos cómo Azaceta encuentra en la pintura una viabilidad propia para pintar su experiencia. Profundamente autoconsciente de las trampas involucradas, al utilizar una forma ya condenada a muerte, Azaceta revive la pintura. Hace que la pintura se vuelva, por su materialidad y su capacidad de gesto subjetivo, una zona donde él investiga y plastifica su experiencia caracterizada por la dislocación.
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Predomina como constante en su obra, diversas expresiones de un yo nomádico en especialidades socio-geográficas al borde del colapso. El único espacio fijo del yo, se logra como autorretrato en el papel y en la tela, lo demás, afuera está en flujo permanente. El desarraigo, el exilio y la diáspora, son experiencias vividas que encuentran expresión en las múltiples poses del yo. La oposición tradicional entre cuerpo e historia se desliza la subjetividad extrema, es signo profundo de lo social, y el cuerpo es el locus donde se resuelve la enajenación y violencia de la historia.
La muestra abarca quince años de obra. Colgada cronológicamente y dividida entre trabajos en tela y papel, se aprecian diferentes temas y búsquedas estilísticas que le han preocupado al artista. Las primeras obras en la muestra, de finales de los años setenta, se caracterizan por lo que el propio pintor ha denominado, pop apocalíptico. En obras tales como, Bang Bang You Are (1978), Guns Parade (1979) y Window Display (1979), Azaceta transforma el léxico pop, terroríficamente, para abordar temas de la cotidianidad urbana. La especialidad de estas obras está repleta de imaginería cargada de violencia y fantasmagoría. Mucha de la figuración evoca el lenguaje de Phillip Guston que Azaceta transformará en propio.
A partir de principios de los años ochenta, el apilamiento visual de signos y el pop apocalíptico, empieza a desaparecer. En obras como Bloody Day (1981), y Shit My Mead is Burning, But My Heart is Filled with Love (1981), observamos la predominancia del autorretrato en un campo pictórico aislado. En Homo Fly (1984) la antropomorfia está muy lejos de su frimiento de La Venadita (1946), de Frida Kahlo; en la obra de Azaceta, el gesto y la textura de sus superficies neoexpresionistas, desatan una ironía autodepresante.
A partir de Walkman (1985) y Toy Man (1986), Azaceta desborda su neoexpresionismo. Pinta y repinta, en múltiples pinceladas cargadas de pasión, la materialización de la experiencia y el proceso de creación mismo. Azaceta deja la pintura escurrir en estas obras de gran tamaño, que se caracterizan por el uso de procedimientos alegóricos. La alegoría como operación estética, si bien tiene su fuente como el propio artista lo ha señalado, en Max Beckmann y José Clemente Orozco, le permite a Azaceta multiplicar vertiginosamente, signos de autorreferencialidad. Cada pose y gesto del yo, se referirá a sí mismo y a lo socio-histórico. El cuerpo del artista se funde con el Corpus cultural vivido como experiencia extrema.
Cuerpo, muerte e historia son temas de la Serie Epidémica del SIDA (1987-1990). La materialidad de esta obra de Azaceta, como bien analiza Susana Torruela-Leval, se volvió, como "una costra magullada de piel viva y resonante, la textura superficial se recargó con el impacto emocional que antes conllevan las imágenes narrativas."1 En AIDS Count II (1988), Crematorium (1988) y AIDS Patient (1989), la visualidad se somatiza, el cuerpo se fija, es el límite del ser en el mundo. A través de la señalización y el uso de números, correspondientes a los muertos del SIDA y de genocidios, todos los ausentes obtienen la calidad de vida que la cuantificación les niega. En el valor material del signo, y no en su dimensión simbólica, cada número representa una vida como una calidad diferente de experiencia. "A finales de los ochenta—observa John Yau sobre la obra de Azaceta—el expresionismo ya no es un estilo sino una metáfora resonante para el estado vulnerable y peleado del cuerpo"2.
Azaceta empieza a yuxtaponer elementos figurativos y abstractos en su obra a partir de los años noventa. En estas obras, el cuadriculado, más que evocar a Piet Mondrian y a Joaquín Torres-García, utiliza estrategias formales minimalistas para crear niveles de significación. En obras tales como Peripatetic Boatman (1993) y Man Fixing the Sky II (1993), Azaceta usa los mismos colores de su pop apocalíptico y un cuadriculado suelto y desasociado para crear narrativas. El sentido de desesperación resultante de múltiples dislocaciones, se acentúa al solo poder ver la figura claustrofóbica a través de la geometría de distintas rejas y repeticiones de pequeños círculos.
La exposición Hell nos percata de la trayectoria consistente de Azaceta. Sus diferentes estilos y búsquedas pintan condiciones extremas de sufrimiento, pero siempre con vislumbres de esperanza. Ante el espíritu indiferente y muchas veces totalitario de la historia, la subjetividad y la experiencia, pueden crear todavía un imaginario críticamente diferente. Viviendo Hell, no realiza la vitalidad de la pintura y sus posibilidades contemporáneas. En la obra de Azaceta presenciamos el desenvolvimiento de una tenacidad fuerte y profunda. Luis Cruz Azaceta pinta su experiencia y la ha pintado no sólo en contra de viento y marea, sino también entre la espada y la pared.
La exhibición Hell, selected works: 1978-1993 (Infierno, obra selecta: 1978-1993), de Luis Cruz Azaceta, curada por Geno Rodríguez, fue organizada por el Museo Alternativo de Nueva York. La exposición, que se celebró desde el 27 de septiembre hasta el 23 de noviembre, 1994, la componen diecinueve obras en tela y diez obras en papel. Un catálogo, publicado por el Museo Alternativo, en ocasión de la exposición, contiene un ensayo, Torn, Twisted and Broken, de John Yau, y la transcripción de una conversación informal entre Geno Rodríguez. Eleonor Heartney y Víctor Zamudio Taylor sobre la obra de Luis Cruz Azaceta.
NOTA
1. Susana Torruela-Leval, Arte y Conciencia, Luis Cruz Azaceta: Serie Epidémica SIDA, (Nueva York: Alternative Museum, 1994), catálogo, página 13.
2. John Yau, Torn, Twisted and Broken, Hell, Luis Cruz Azaceta: selected works: 1978-1993, (Nueva York: Alternative Museum, 1994), catálogo página 13.
VÍCTOR ZAMUDIO-TAYLOR
