Colectivaene 1995 - mar 1995· Por Susana Benko

Índice

Museo Alejandro Otero

La Fundación Museo de Artes Visuales Alejandro Otero ha inaugurado una singular muestra conformada por nueve artistas venezolanos.

El dibujo, en principio, es el eje de la muestra. Sin embargo, más que proponerse una indagación del dibujo en sí mismo, en el sentido tradicional que se le ha dado a este género artístico desde siglos atrás, se trata de un dibujo no convencional, de carácter experimental. Así los materiales usualmente utilizados para el dibujo (papel, grafito, tinta, carboncillo, etc.) son sustituidos por diversos recursos utilizados tanto en pintura como en escultura, video, instalación, etc., dándose así una hibridación de los medios, cualidad muy propia de nuestra contemporaneidad. El resultado es una experiencia con la línea, la cual, si bien es interpretada bajo diversos medios y perspectivas particulares según cada artista, ello no impide que la propuesta plantee una nueva reinterpretación del dibujo.

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La curaduría de índice es compartida por Luis Romero, artista también participante, quien presentó el proyecto al MAVAO y seleccionó a los artistas, y Elíseo Sierra, director de investigación de este museo, quien a su vez tuvo a su cargo la elaboración del texto analítico publicado en el catálogo. Como bien expone Sierra en la introducción de su ensayo, a lo largo de las últimas décadas se evidencia una serie de tendencias que se sustituyen o se reeditan, cuyo resultado es visible en esta exposición. El expresionismo abstracto norteamericano de los años cincuenta fue sustituido por el pop art y luego, posteriormente, en los años sesenta, se produjo el arte conceptual. En los ochenta, sucedió un proceso similar. El neoexpresionismo de esos años fue sustituido por el neopop y el neoconceptualismo. Estas tendencias son las que se evidencian en esta exposición, al punto de que ambas son montadas en dos salas separadas del museo. En el primer grupo, el neopop, expone el propio Luis A. Romero (1967), con una obra (Más por menos) que mantiene parte de la expresividad de la línea propia de su obra anterior. Romero retoma aquellas obras realizadas en pequeño formato y las somete a una serie de transformaciones al valerse de recursos como la tipografía utilizada en el diseño, expresiones lingüísticas de uso común, además del fotocopiado a color para ampliarlas a gran formato. El resultado, como dice Sierra, es una obra de condición híbrida entre original y reproducción. Carlos Julio Molina (1972) también utiliza la tecnología en su trabajo. Su tema es el papel que cumple la sexualidad masculina en la vida contemporánea. Su obra (Apartamento 54) es resultado de una performance inicial que realiza el artista en la que escenifica a un hombre desnudo realizando labores domésticas. Esta acción es registrada en diapositivas que luego son proyectadas y calcadas por el artista. Posteriormente son retrabajadas mediante la fotografía y la serigrafía dando como resultado una imagen impersonal, casi caricaturesca. Diana López (1968), por otra parte, presenta una obra bidimensional (Serial Killa) en la que la agresividad es predominante. Un rostro atormentado, tomado del cómic, es serializado sobre una lona previamente "entramada" cuando un automóvil le pasó por encima. Juan Nascimento (1969) expone una obra que, como señala Sierra, oscila entre los discursos neoconceptual y neopop. El resultado es una instalación de latas cuyo diseño remite a la venta de un producto utópico, Dibusens, producto con el que supuestamente el consumidor podría acceder al misterioso universo de la obra de arte. Las latas son colocadas unas sobre otras tal como se venden en los supermercados. La instalación está acompañada de una muestra documental. Eduardo Molina (1967), por otra parte, realiza unos Tótems en los que igualmente recurre al cómic. Las líneas pueblan los módulos a modo de arabescos que llenan todo el espacio. El resultado es una obra agresiva, de contenido social, que se da a través de la apropiación del lenguaje del suplemento y del dibujo animado.

En la sala de los neoconceptuales, exponen Pablo Ballini (1965), Balteo Barket (1972), Luis Poleo (1964) y Dulce Gómez (1967). Ballini realiza un dibujo sin papel (Caída libre). Una trama de líneas y puntos se organiza en la pared por medio de clavos, de los que penden alfileres gracias a la energía magnética producida por estas piezas metálicas. Una vez agotado este magnetismo, los alfileres caen, por lo que se cumple el destino final de la obra: su deconstrucción. Balteo Barket trabaja la línea como único elemento configurador de un sistema de relaciones en Homenaje a Gego. La estructura en este dibujo-instalación es preponderante. Este sistema de líneas interconectadas invade todo el espacio, sale por la ventana y se expande por todas las fachadas del museo. Plasmagel de Luis Poleo, por otra parte, invita a contemplar la belleza del microcosmo ya que se nutre, como dice Sierra, de la iconografía científica. La película Super 8, el video y el cibacrome son sus materiales. El artista raspa o raya la película, cuyo resultado, al ampliarse en cibacrome, son trazos sumamente violentos. La mutación de tales formas se aprecia mediante el recurso del video. Dibujo en rojo de Dulce Gómez es, tal vez, la obra más visceral o lacerante de toda la exposición. Sobre dos paneles de madera, la artista coloca metódicamente goteros con tinta (simulando sangre) que chorrean sobre la superficie. La obra, cargada de tal dramaticidad, alude a una situación clínica, sin duda perturbadora para cualquier espectador. Por esta carga emocional, así como por su estricta racionalidad, Sierra califica esta pieza dentro de lo que él llama un expresionismo conceptual.

La presencia de una exposición como índice en el ámbito plástico venezolano tiene sin duda gran relevancia no sólo por la posibilidad de que el talento joven pueda desarrollar sus propuestas, sino también porque es una excelente oportunidad para confrontar ideas con respecto al arte contemporáneo y los nuevos medios. Lo que unifica a estos nueve artistas es el trasfondo conceptual que sustenta sus obras. Todos realizan obras en las que se apela al pensamiento y, sin duda, cada uno según sus principios, cuestiona de algún modo los medios artísticos así como la cultura que les toca vivir.

SUSANA BENKO