En una ciudad pequeña con un público limitado para las artes plásticas como lo es Panamá, la asistencia de casi mil personas a la inauguración de una exposición marca un hito en el acontecer cultural. La ceremonia de premiación de la II Bienal de Arte Cervecería Nacional que tuvo lugar el 25 de agosto pasado en el Museo de Arte Contemporáneo de la Ciudad de Panamá obviamente despertó el interés de muchos. Con buena razón, pues la Bienal se ha convertido en la más importante exposición colectiva del arte panameño actual.
Desde los años sesenta, diferentes empresas comerciales en Panamá han invertido en la promoción de las artes a través de certámenes de pintura. Están aún muy presentes en la memoria de los pintores los Concursos Xerox, que de 1969 a 1978 tuvieron gran éxito y causaron tanta reacción dentro del ámbito cultural panameño, y luego en Centroamérica. En los años ochenta, aunque sólo por corto tiempo, se dieron los concursos ArteGulf para pintores jóvenes que siguieron el patrón establecido de invitar jueces extranjeros y otorgar premios de adquisición. Ahora una empresa netamente panameña, conocida más por su patrocinio de la hípica, los deportes y los conciertos de salsa, se ha propuesto llenar el vacío que existía en Panamá en cuanto a salones de pintura serios y duraderos.
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La Bienal Cervecería Nacional reúne la obra de pintores nacionales y extranjeros residentes en Panamá, así como de panameños que viven fuera del país. La participación de estos últimos es especialmente valiosa, porque da un vistazo a la creación reciente de artistas internacionales que se invitan como jueces a la Bienal y ofrecen objetividad, así como una ventana al mundo de afuera. Este año, el Jurado estuvo integrado por la brasileña Fátima Bercht de las Américas Society en Nueva York, el reconocido pintor peruano Fernando de Szyszlo y la historiadora del arte puertorriqueña Ángeles Ramos-Baquero de Castillero.
El Primer Premio de la II Bienal de Arte Pictórico Cervecería Nacional fue otorgado al joven ecuatoriano Fernando Toledo por su acrílico Refugiados II, una obra con un lenguaje de signos que hace referencia al entorno exterior y a la luz del ocaso, pero también al paisaje de la imaginación. Mereció el Segundo Premio el óleo de rojos luminosos y figuras misteriosas Las tres gracias de David Solís. Este artista, que lleva dos décadas depurando su estilo y su técnica, también impresionó con su excelente trabajo enviado a la primera Bienal desde el sur de Francia, donde vive actualmente. Haydée Victoria Suescum, panameña residente en Texas, recibió el Tercer Premio por su pintura en cuatro partes sobre papel titulada Figuras esenciales, una obra intensa y simbólica en grises y negros que forma parte de su investigación del arte como testimonio de sus raíces y vivencias.
El jurado también otorgó cinco Menciones de Honor. Entre ellas, las obras de tres mujeres nuevas en el arte contemporáneo de Panamá. Lezlie Milson fue un descubrimiento por su Enemigo residente, un tríptico de tonos terrosos y formas naturales que ella describe como "fósiles esculturales de su subconsciente". La joven artista Ana Elena Garuz, estudiante de pintura en Estados Unidos, mostró una pintura abstracta de trazos sueltos y colores naturales sobre un lienzo casi crudo. La autodidacta Fabiola Buriticá sorprendió con las figuras humanas que reposan en su gran lienzo expresionista La Vida es arte. En notable contraste estaban las otras dos menciones de honor. De José Inocente Duarte, la selva tropical titulada Marjal entre divergencias que se acercaba al realismo . Roosevelt Díaz impactó con su Fantasma de bestia, un gran lienzo oscuro y atrevido en el que se insinúa la forma de un animal herido por una lanza en un cuadro casi negro.
La exposición de la II Bienal en el Museo de Arte Contemporáneo incluía ochenta y cuatro pinturas por cincuenta y ocho artistas seleccionados por el jurado del total de trescientos un trabajos por doscientos cinco artistas que se inscribieron en el certamen. Bercht, De Szyszlo y Castillero escogieron obras en estilos que variaban desde paisajes primitivos hasta abstracciones líricas. Aunque la calidad de las obras seleccionadas no era pareja, la exposición ofreció una visión general del arte contemporáneo de Panamá. Dentro de este contexto, cabe mencionar que faltó la participación de algunos artistas jóvenes establecidos, cuyas obras deberían formar parte de una colectiva como esta que busca mostrar lo más representativo del arte actual de ese país.
La Bienal de Arte Pictórico es el resultado de la iniciativa del Ing. Alfredo Arias L., gerente general de la empresa patrocinadora y de las coordinadoras Sa. Irene Escoffery y Dra. Mónica Kupfer. Primordial entre sus logros ha sido la proyección de este evento a través del catálogo a todo color que representa una de las pocas publicaciones actualizadas sobre el arte panameño a fines del siglo XX.
MÓNICA KUPFER
