¿Cómo puede un crítico europeo evaluar provechosamente la obra de un pintor que es reconocido universalmente como uno de los grandes maestros de la pintura latinoamericana? La obra de Szyszlo está llena de paradojas. Él tiene una profunda y frecuentemente aceptada (por él mismo, al menos) deuda con el arte precolombino. Descrito a menudo como un pintor abstracto, su obra contiene muchos elementos figurativos. Debe mucho a Cézanne; él es de todas formas un artista cuyo trabajo depende de la estructura, tanto como del color y la textura.
Szyszlo dice que los dos artistas latinoamericanos que le ayudaron a encontrar su camino fueron Tamayo y Matta. Viendo sus pinturas, uno entiende perfectamente lo que quiere decir. Como Tamayo, es un gran colorista. Sus colores tienen un oscuro glamour que es inmediatamente reconocible. Ninguno de sus contemporáneos europeos o norteamericanos ha conseguido tal grado de sutileza en la armonización de colores. Como Matta, él es un maestro de ambiguas construcciones espaciales. Las pinturas de Szyszlo sugieren habitaciones o paisajes, pero al mismo tiempo rechazan cualquier tipo de interpretación literal, como ocurre con Matta. En otros aspectos, él es diferente de ambos.
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Tamayo, después de un largo período esperando que el muralismo mexicano concluyera su recorrido, se convirtió en una figura central de una vigorosa escuela nacional. Sus descendientes artísticos siguen llenando la escena artística del México actual. Matta, por contraste, es el tipo de artista latinoamericano expatriado, que ha pasado muy poco de su vida adulta en su Chile nativo. La carrera de Szyszlo se encuentra en algún lugar entre estas dos situaciones. Ha pasado largos períodos fuera de Perú, de lo que se ha beneficiado mucho, especialmente de sus vínculos con París, durante la época inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Aún así, él nunca ha roto sus nexos con su país nativo, a pesar de que las artes visuales ocupan un lugar menos preponderante en la cultura peruana del siglo XX, del que poseen en México. Cuando uno piensa en creadores peruanos, los nombres son generalmente literarios: Mario Vargas Llosa y antes, Vallejo (quien es para mí y supongo que también para Szyszlo, el más grande de todos los escritores latinoamericanos).
Szyszlo nunca conoció personalmente a Vallejo (el poeta murió en 1938). Pero conoció a Georgette, la viuda del poeta, quien le dio una vez un rizo del pelo de su esposo. Como él aceptaría después, este fue un regalo intensamente simbólico, una forma de recibir un pequeño fragmento del genio de Vallejo. Lo que le da a la pintura de Szyszlo su alta calidad individual es precisamente esta calidad poética. En este sentido, siempre me sorprende que tan poca gente advierta la relación con Francis Bacon. Como Bacon, Szyszlo pinta a menudo espacios misteriosos en los que ocurren rituales —las formas están codificadas para proteger del profano los secretos de estos rituales—. De todos los países latinoamericanos en los que se desarrollaron grandes civilizaciones precolombinas, Perú es donde el conflicto entre la herencia indígena y europea es más agudo. Utilizando una manera esencialmente europea, como es la pintura con espátula, Szyszlo analiza la naturaleza de este conflicto, y enfrenta al espectador con toda la amplitud y trágica resonancia de la historia reciente de su país.
EDWARD LUCIE SMITH
