La exposición de las obras del artista español Felipe R. Luque es una selección representativa de sus últimos veinte años de trabajo, basados en cuarenta años de exploraciones técnicas. Abarca pintura, escultura, piezas murales, medios mixtos en papel y mobiliario. Comenzando con la atención que presta el Viejo Mundo al dominio del oficio y al experto manejo de una variedad de materiales, Felipe Luque nunca olvida la seriedad de sus ancestros españoles en la producción artística. Pareciera tener una obsesión compulsiva por crear en el medio que mejor exprese su talante del momento y mejor responda a su pasión actual. Tal pasión puede provenir de las murallas medievales y expresarse en piezas murales de metal pesado reminiscentes de fortificaciones; puede provenir de motivos orientales, elocuentemente descritos en sencillas abstracciones impresas en papel y coloreadas en tonalidades luminosas; o bien puede ser una reacción a la complejidad de la vida en el Bronx que se manifiesta en gruesas capas de pintura interrumpidas por la sutil complementación del collage.
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Felipe Luque, el consumado artesano, es capaz de transformar madera y piedra en metal y hacernos creer que estamos viendo los restos de un antiguo pasado grabados en su superficie misma. Su materia prima es el metal y sus Portales de acero y piezas murales medievales son algunos de los más exitosos objetos de la exposición. Cárcel de curas está hecha en madera y metal y parece una puerta medieval; no obstante, cuando lo observamos con detenimiento, vemos que reproduce la forma del hábito de los sacerdotes, con una hilera central de botones de latón. Se trata de una construcción arquitectónica pesada y oscura, con serias implicaciones religiosas, característica de la emotividad española pero a la que el artista confiere cierto grado de liviandad. Luque, quien al parecer se siente igualmente cómodo en la pintura y en las superficies bidimensionales, muestra la misma fascinación por la superficie y la textura en las pinturas sobre lienzo y papel. Fuga está realizada en medios mixtos sobre lienzo repujado y muestra una progresión rítmica de pinceladas verticales en cálidos tonos tierra. Al igual que hojas otoñales danzando al viento, el tema se repite con ligeras variaciones, como si siguiera la batuta del director. Un marco de madera hecho a mano extiende la superficie bidimensional con los mismos tonos melódicos de color. El artista presta atención a cada uno de los detalles, en las obras grandes tanto como en las pequeñas, en una caprichosa abstracción o en un profundo comentario intelectual.
CAROL DAMIAN
