Días antes de la terminación del gobierno de Gaviria Trujillo se inauguraron siete esculturas en la avenida que conduce al aeropuerto El Dorado de Bogotá. Sin duda, son obras de arte que adornan la vía, pero, al mismo tiempo, una extravagancia en una ciudad que carece de hospitales, escuelas, calles y avenidas y sobre todo que ve crecer los mendigos de todas las edades, los drogadictos y los maleantes. Haciendo una abstracción—hasta donde es posible—de estas tristes realidades, hay que decir que son esculturas que no están instaladas en el mejor de los sitios, toda vez que la avenida es de alta velocidad y no hay cerca de ellas espacios adecuados para verlas en detalle. Para esto hay que correr, saltar zanjas, pisar prados y estar de buenas para que de repente no salga algún atracador.
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Ya en sus inmediaciones se descubre que las obras artísticas no tienen bases apropiadas, ni avisos que las identifiquen—el nombre del autor, el título—, ni mucho menos luces para la noche. Bien observadas, se destacan detalles de mal terminado. Por ejemplo, la construcción de Carlos Rojas tiene zonas irregulares que desdicen de su presencia sobria y pulcra. Las esculturas corresponden a tres artistas extranjeros: Angela Gurría de México, Antonio Seguí de Argentina y Fernando de Szyszlo del Perú, los dos últimos conocidos más como pintores, y, a cuatro colombianos: Negret, Ramírez Villamizar, Carlos Rojas y Bernardo Salcedo. De los extranjeros la obra más afortunada es la de Seguí: una de las típicas figuras anónimas que va rauda hacia el aeropuerto; tiene sombrero gris, corbata verde, maletín rojo y zapatos negros; de resto, su vestido es café, el color de las láminas gruesas de hierro en proceso de oxidación. Completamente plana y colocada al borde de una de las calzadas, la construcción se ve bien al paso rápido. El personaje es abreviado y ciertamente parece que corre con afán. La menos lograda es la de Szyszlo: la única en concreto y que en dos paralelepípedos con círculos agregados rompen el material y tratan de recordar algunas de las formas típicas del peruano, aquellas que se asocian con columnas totémicas y discos manando gotas. Completamente frontal, la obra solo tiene anterior; poco interesan sus costados y menos su posterior. La escultura de Ángela Gurría está constituida por tres discos instalados uno detrás del otro y unidos por otros dos, mucho más pequeños. El resultado es muy estático, pese a las formas circulares. Las mejores construcciones son las de los colombianos. Aunque Rojas y Salcedo se basan muy de cerca en trabajos anteriores, sus dos esculturas no dejan de ser de gran calidad formal. El primero realizó u gran dibujo de cuadrados en el espacio que a manera de un ventanal gigantesco enmarca el paisaje a la distancia de montañas y edificios; dispuesto para ser visto mejor de occidente a oriente, el trabajo posee también el gran mérito de estar ubicado en un lugar que obligatoriamente tiene un recorrido peatonal. Salcedo instaló un conjunto de piezas aserradas de piso que en su disposición ondulada alude a las briznas del pasto del entorno. De hermosa oxidación, a la escultura del artista le faltó escala, ha debido ser un poco más alta y mucho más extensa.
Negret colocó sobre un amplio tablero catorce piezas construidas con dos clases de elementos, unos erguidos a manera de columnas y tres lados y otros dispuestos en la parte superior, de formas ovaladas y que se entrelazan entre sí. Cada una de las secciones es un plano sin ninguna inclinación y como muchas son exactamente iguales pueden considerarse verdaderos módulos. La escultura tiene una clara unidad cromática; sus piezas están pintadas de negro y lila en el sector columnario y de estos mismos colores más azul y rojo en las formas ovaladas. Ramírez Villamizar, finalmente, realizó la construcción más grande y poderosa. Dividido en dos partes que se instalaron a uno y otro lado de una de las vías de la avenida, el conjunto llama la atención por su presencia de gran obra ingenieril y por su morfología geométrica con recuerdos de las alas desplegadas.
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
