Las instalaciones de Ernesto Pujol expuestas en Intar de Nueva York (septiembre-octubre 1994) podrían haber sido tituladas La blancura como metáfora. En esta serie autobiográfica de obras recientes, el artista recorre la trayectoria de su vida, confiriendo significados que van más allá de lo aparente a sencillos objetos domésticos. El estado de ánimo que predominantemente transmiten los objetos y la totalidad de la exposición es el de la blancura. Pujol hace amplio uso de pintura blanca y de talco sobre lino, algodón y barro. Para el artista, dicho color simboliza su infancia burguesa. En la Cuba prerrevolucionaria, la blancura representaba la antítesis de lo africano. Uno de los legados del colonialismo español, "la pureza de sangre", fue durante muchas generaciones requisito esencial para la aceptación social. En otro nivel, los zapatos y los uniformes blancos de las niñeras negras, los vestidos blancos de los niños y los trajes de lino blanco y las guayaberas de los hombres eran de rigor.
Nacido en 1961, Pujol abandonó Cuba con destino a Puerto Rico a la edad de cuatro años, pero llevó consigo el trauma del desarraigo. Está obsesionado con su historia perdida, historia que conoce primordialmente a través de los relatos casi míticos de su familia. Su última exposición en la Galería Cavin-Morris de Nueva York (1993) trató temas tales como su vida de familia en una pequeña plantación, cuentos folclóricos acerca de serpientes mágicas, objetos domésticos, decorados kitsch y la inequidad de las relaciones humanas. Los protagonistas de muchas de estas obras eran hombres blancos dominantes y abusivos, mujeres blancas victimizadas y negros explotados. Pujol reduce sus temas a un alfabeto simbólico repetitivo. Utiliza manos, guantes, zapatos, las chozas de los campesinos guajiros, cunas, camas ensangrentadas. El tiburón, predador temido por los exiliados que huyen de las playas cubanas en balsas, es una imagen ubicua. Representa también el exceso de agresividad masculina.
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En la exposición en Intar seguimos al artista a través de su casa cubana de la memoria. Laundry y Kitchen Utensils hablan de las labores femeninas. Baby Pillow, Sheet y Donkey Sheet se relacionan con el proceso amargo y dulce de crecer. Voyage, Operation Peter Pan y Cage son extraordinarias por las alusiones que hacen a los sentimientos de un niño lanzado al mundo inseguro del inmigrante. El artista recuerda encontrarse en el aeropuerto de La Habana intentando sin éxito abandonar Cuba en uno de los vuelos "Peter Pan" que llevaron a tantos jóvenes cubanos a vivir en los Estados Unidos en hogares sustitutos hasta que consiguieran reunirse con sus padres en el exilio.
En Paddles, aparecen raquetas individuales de ping-pong que contienen una imagen única donde se resume el pasado del artista y la frustración que experimenta al haber sido separado de él. Esta obra funciona como una especie de diccionario de la iconografía de Pujol.
Más allá del exilio y el recuerdo, los arquetipos de Pujol expresan una ambivalencia fundamental respecto a los papeles del género. Las expectativas de virilidad y las nociones latinas de machismo se contraponen a la feminidad. Las efigies fálicas de barro blanco y las representaciones de tiburones y otros atributos de masculinidad se equilibran con delicados abanicos, rosas blancas, ropa blanca y humildes objetos de cocina. Es evidente que a Pujol le perturban dichas oposiciones y, como lo ha hecho en anteriores ocasiones, las analiza. Este análisis dialéctico se convierte en una clave para comprender la identidad psicológica del artista dentro del contexto de su herencia cubana. Pujol parece atrapado en la tierra de nadie de quienes carecen de país y de quienes se rehúsan someterse a los estereotipos culturales y sociales de feminidad y masculinidad.
GIULIO V. BLANC
