Modernización y arquitectura
La investigadora colombiana Consuelo Corredor1 dio el título de Modernismo sin Modernidad a un ensayo sobre los modelos de desarrollo recientemente publicado en Colombia. El título es afortunado porque sintetiza una condición fundamental de los procesos de modernización, no sólo en Colombia sino en América Latina: la de no haber penetrado en las capas más profundas de las estructuras socioculturales y permanecer en los niveles externos, en forma de intentos sucesivos de dar apariencia moderna a ese conjunto heterogéneo y diversificado de componentes. En forma diferente, la idea de "otra modernidad" propuesta por el arquitecto chileno Christian Fernández Cox2 sugiere la posibilidad de entender el sustrato de los enfoques culturales expresados en algunas propuestas recientes de urbanismo y arquitectura en América Latina. La idea de Consuelo Corredor habla de la situación en la cual las externalidades de la vida moderna no están completamente apoyadas en la secularización y racionalidad propias de la modernidad. La segunda idea habla de un estado particular de cosas que, siendo moderno, no es completamente igual al que es propio de los países industriales de Occidente, productores y exportadores principales de la modernización.
La modernización planteó desde un comienzo una ruptura con la tradición. La forma relativamente repentina en que se indujo en América Latina produjo encuentros y choques entre las tradiciones y las innovaciones, entre el pasado y el futuro. Ese proceso generó la necesidad de construir discursos que contribuyeran a orientar o al menos a aclarar sus implicaciones y sus alternativas. En el seno de las élites intelectuales y, sobre todo en los niveles creativos de la literatura, el arte y la arquitectura, se plantearon desde un comienzo esas inquietudes y se formaron los bandos de una discusión que aún hoy día continúa. Las inquietudes no fueron específicamente latinoamericanas, se presentaron incluso en los mismos lugares en los cuales la modernización provocaba revoluciones en los campos culturales. En el seno mismo de las vanguardias europeas se dieron propuestas importantes de fusión de los nuevos lenguajes con elementos primitivos, tradicionales o populares. Bartok, Stravinsky, Picasso, Malevich. Braque, Chagall y el mismo Frank Lloyd Wright fueron algunos de los personajes vanguardistas que participaron de una u otra manera en esa exploración.
En América Latina las inquietudes acerca de la relación entre modernización y tradición se plantearon y resolvieron en diversas formas. En el muralismo mexicano, por ejemplo, el uso deliberado de elementos y símbolos en el lenguaje pictórico moderno tuvo la doble intención de ofrecer a las gentes imágenes revolucionarias de su propia historia y al mismo tiempo proponer un lenguaje de representación en el cual se incorporaron formas tradicionales y conceptos estéticos modernos. En pintura se dieron movimientos indigenistas al lado de propuestas claramente vanguardistas. En arquitectura se tomaron elementos formales de los pasados prehispánico y colonial, algo de la presencia de esas tradiciones, construidas la mayoría de las veces con técnicas modernas. El neoclasicismo, el estilo oficial de los edificios públicos y de las aristocracias tradicionales, fue rechazado como la forma obsoleta de representación de un pasado que la modernización debía obligatoriamente superar.
La mayor parte de los primeros intentos por mezclar tradición y modernización en la arquitectura latinoamericana no fueron exitosos, muchas obras no superaron los límites del kitsch. La modernización cobró fuerza suficiente como para imponer los nuevos lenguajes arquitectónicos, como parte de esa internacionalización que de hecho suponían los intentos modernizadores. Quienes persistieron en emplear referencias a las arquitecturas tradicionales e históricas no siempre lograron buenos resultados y ese capítulo quedó, en general, relegado a profesionales mediocres y poco imaginativos. Entre 1940 y 1960 se impulsó considerablemente la defensa de la modernización en el urbanismo y la arquitectura y se alcanzaron algunos de los mejores logros en la arquitectura moderna latinoamericana con obras tales como las de Lucio Costa y Oscar Niemeyer en Brasil, Gabriel Serrano y Rafael Obregón en Colombia y Carlos Raúl Villanueva en Venezuela, entre otros. Luis Barragán, vinculado inicialmente a esta corriente modernizadora, cambió posteriormente su orientación y sin perder de vista su espíritu moderno, se aproximó en forma muy refinada a la estética cultural mexicana, introduciendo en su obra la poética de esa "otra modernidad", que vino a ser descubierta y apreciada años después.
Hacia 1960 afloraron en diversos lugares de América Latina las intenciones por producir una arquitectura "diferente", alejada de las corrientes principales de la arquitectura moderna internacional entonces en boga como paradigma de la modernización. Ello condujo por una parte a estudiar la obra de "otros" arquitectos, situados fuera de esa corriente: Wright, Aalto, Sharoun, Kahn. Por otra parte, en forma complementaria, se intensificó el trabajo conceptual que, de diversas maneras, ha conducido al estado actual de la discusión latinoamericana. Historias locales y regionales de la arquitectura, investigaciones sobre el patrimonio urbanístico y arquitectónico, rescate de obras olvidadas y de autores relegados a segundo plano durante años, han sido algunas de las actividades que se han dado en forma paralela a una práctica en la cual, de una u otra forma, se tiene en cuenta la condición latinoamericana. Obras tempranas, tal como el libro titulado Nuevas direcciones en la arquitectura latinoamericana de Francisco Bullrich, publicado en Nueva York en 1968, estuvieron orientadas a evidenciar las obras progresistas que correspondían a planteamientos convencionales de ratificación de la modernización como paradigma; desde esta perspectiva, cualquier obra construida en América Latina debía relacionarse con algún ejemplo, tendencia o modelo existente en el repertorio de la arquitectura europea y estadounidense o en las propuestas de algunos de sus grandes maestros, especialmente de Le Corbusier, la figura más influyente en el panorama latinoamericano de la época.
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Las diferencias
La perspectiva actual es relativamente distinta. Las diferencias son ahora tanto o más significativas que las semejanzas, la modernidad se aprecia en una perspectiva más amplia y flexible. La propuesta es interesante en múltiples aspectos. Permite entender los procesos modernizadores como parte de los procesos de la construcción política, económica y cultural de cada país, identificando con ello elementos de valorización particular de obras y proyectos que en un determinado momento asumieron como base problemas específicos y cualidades especiales de sus entornos geográficos, sociales y culturales. La modernización se entiende como un fenómeno que se ha llevado a cabo en distintas capas de la sociedad, unas más superficiales y otras más profundas, como un proceso inconcluso, se percibe no sólo como un compromiso obligatorio de participación en los fenómenos mundiales sino también como un ámbito en el cual respuestas poco usuales pueden darse a situaciones que, de otra manera, permanecerían en lo convencional, en el estancamiento de las repuestas conocidas.
El enfocar con preferencia la diferenciación sobre las semejanzas con la ortodoxia moderna posee un cierto sabor de postmodernidad. En el caso latinoamericano, las diferencias, cuando se evidencian, no se vinculan con los conceptos o propósitos abstractos propios de la "fatiga de la razón " en los discursos postmodernos, sino más bien con situaciones que se han originado en la algarabía latinoamericana de lo heterogéneo, multidimensional y diverso. Es difícil entonces discernir si se habla de una modernidad abierta y flexible o del compromiso escéptico de la postmodernidad. No es extraño entonces que ya se hable de "otra postmodernidad".
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Edificios sin manifiesto
La modernización llegó a América Latina con un repertorio de discursos, modelos y símbolos para ser aplicados en la práctica del urbanismo y de la arquitectura. Trajo también métodos y estrategias para el desempeño profesional, para la constitución de empresas de diseño, urbanismo y construcción, para la gestión pública y privada y para lo que en general se conoce como "desarrollo urbano ". Las estrategias y modelos han cambiado periódicamente, junto con las formas acompañantes, desde los modelos capitalistas incipientes de los años treinta hasta los modelos neoliberales del momento. Las edificaciones preferenciales del Estado y del sector privado han cambiado igualmente, desde las sedes bancarias, edificios públicos, casas individuales y viviendas en serie de las primeras décadas a los centros comerciales, los grandes edificios de oficinas, los condominios y las viviendas exclusivas de la actualidad.
Nada hay más evasivo que encontrar la "latinoamericanidad " en una propuesta arquitectónica. Al igual que la identidad o el carácter de una persona, es algo que se percibe y se aprecia, pero que no se puede reducir a explicaciones científicas. La interpretación de rasgos particulares de las obras es una manera de aproximarse a su carácter y de postularlas como representativas de un movimiento o tendencia latinoamericana. Las intenciones explícitas de quienes realizan las búsquedas son un sustento para esa interpretación. La relación contextual es un factor importante en cuanto a la validez de una propuesta se refiere, pero no puede tomarse como un simple problema de iconografía sino que admite un amplio espectro de conceptualizaciones, abstracciones y referencias. El asunto adquiere así un sabor ideológico en el que priman actitudes de rechazo hacia la esterilidad de la gran producción comercial y hacia los efectos de las modas de turno y el interés por profundizar en la historia, la geografía y la cultura de un lugar específico.
Dentro del ámbito comercial en el que se efectúa la mayor parte del trabajo profesional contemporáneo en América Latina, no existe mucho espacio para el desarrollo de ideas y propuestas creativas, las cuales son más la excepción que la regla. El núcleo principal de la producción arquitectónica repele, a veces en forma brusca, las propuestas que tienden a modificar los esquemas aceptados por los promotores e inversionistas. Las propuestas que revisten interés forman una "periferia", un espacio circundante en el cual las leyes de gravedad del núcleo disminuyen de intensidad y existe una mayor libertad creativa. Es usualmente en esta periferia donde se encuentran las obras más interesantes de los últimos años y donde investigadores y críticos trabajan activamente en la,formación de los nuevos discursos. La dinámica de este proceso periférico ayuda a mantener las ideas en movimiento, trascendiendo las limitaciones impuestas por la fuerza de gravedad del núcleo. El ámbito de aproximaciones y propuestas se limita entonces y por ahora al trabajo individual que encuentra necesario y significativo explorar en cada proyecto las cualidades de una arquitectura comprometida con el propósito de construir un entorno cultural y estéticamente significativo.
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Cuatro ejemplos
La Casa de Huéspedes Ilustres, proyectada por Rogelio Salmona y construida en Cartagena entre 1982 y 1985, es un ejemplo cuyas características representan cabalmente el espíritu de las nuevas aproximaciones. El tema, un lugar para alojar personalidades del mundo político colombiano y mundial, es importante como imagen de Colombia ante el mundo y era perfecto para ser planteado en términos monumentales. La casa es "antimonumental", lo cual de por sí implica una aproximación no convencional al problema. Es una casa y ese carácter marca la pauta de su escala y proporciones. No es fácilmente perceptible desde fuera, hay necesidad de entrar en ella y recorrerla para captar su encanto. Patios de diverso tamaño y carácter forman el "tema" principal de su trazado y podrían ser interpretados como referencias a la arquitectura doméstica cartagenera, como un signo de lugar. Pero el patio como tema pertenece a diversas arquitecturas del mundo: española, islámica, prehispánica. No es un espacio universal, pero posee cualidades universales. El uso de la manipostería de piedra podría también tomarse como referencia inmediata a las fortificaciones coloniales de la ciudad. Pero la casa dista mucho de ser una fortaleza, de modo que el material es evocador, pero no es una cita textual. Es una edificación única y al mismo tiempo es una fuente de ideas sobre arquitectura que no pueden ser tomadas en forma estricta, sólo entendidas en forma abierta.
El Teatro Metropolitano diseñado por Oscar Mesa y construido en Medellín entre 1980 y 1985 es un ejemplo bastante diferente del anterior que provee a su vez nuevos elementos de interpretación. En medio de la "fiebre de la cocaína" de los años ochenta, la ciudad se vio envuelta en una avalancha de riqueza y violencia. La construcción tuvo un auge notorio, en parte por el caudal de inversión de dineros provenientes de diversas fuentes que la nutrió. El lujo se extendió como parte de los signos visibles de enriquecimiento. La idea de construir un centro cultural no surgió de las fuentes de riqueza, sino de un pequeño grupo de personas que, sin mayores recursos, buscaron la manera de ofrecer un espació para la creación en medio de la confusión circundante. El proyecto, propuesto como un símbolo de la vida cultural de la ciudad, resultó ser el opuesto de los excesos que hicieron parte de ese momento.
La arquitectura del Teatro Metropolitano es deliberadamente monumental y severa al mismo tiempo. El uso del ladrillo a la vista en grandes superficies planas que conforman masas sólidas otorga al edificio el sentido de un enorme símbolo secular. Hay referencias abstractas a la imagen de una catedral: las dos torres y el atrio en la fachada principal contribuyen a este sentido solemne. Estas características asumen así un sentido concreto de ritual, la representación de las ceremonias de la vida cultural. Ninguna señal de lujo irrumpe la calma silenciosa de las masas arquitectónicas o de los sobrios espacios interiores.
El situarse entre lo específico y lo general, entre lo local y lo universal, entre lo histórico y lo moderno, este "estar en medio" que se percibe en los dos ejemplos anteriores es una de las características más significativas de la mejor arquitectura reciente en Colombia. En buena parte tiene que ver con las condiciones de la cultura latinoamericana, en la cual el pasado y el presente, lo local y lo universal, lo nativo y lo extranjero, lo artesanal y lo electrónico, lo real y lo mágico comparten un lugar en la vida cotidiana. Prehistoria y futurismo se encuentran en los extremos de este espectro cultural. Tradición y modernización se encuentran en permanente interacción. Es difícil explicar en leyes o reglas fijas la dinámica de este fenómeno. Tan difícil como domesticar la selva tropical.
El espíritu de los dos ejemplos anteriores puede encontrarse en proyectos construidos en otros países latinoamericanos. Uno de ellos es la casa Ghezzi, construida por Juvenal Baracco en las afueras de Lima en 1984, en la cual se perciben intenciones de situarse en los intersticios que separan la tradición de la modernidad y la abstracción geométrica de las imágenes concretas de la arquitectura tradicional. El espacio virtual del patio está subrayado por el carácter transparente y artesanal de la estructura de madera que lo configura volumétricamente y contrasta con la solidez de las masas perimetrales. La relación de la casa con el lugar parece "natural", pero no es evidente, ha sido filtrada a través de la interacción inteligente del arquitecto. Tan diferente como es de la Casa de Huéspedes en Cartagena, la casa Ghezzi comparte el mismo sentido de indagar en las ambivalencias de los espacios intermedios.
El sentido austero del Teatro Metropolitano de Medellín encuentra eco en la abadía Benedictina de Gigüe cerca de Caracas, diseñada por Jesús Tenreiro y terminada en 1984. La abadía es uno de los hitos históricos en la arquitectura de Occidente y su diseño trae de por sí una serie de compromisos y responsabilidades. En América Latina no se construyeron grandes abadías, las comunidades religiosas se albergaron en los conventos urbanos y rurales organizados alrededor de uno o varios patios. Esas referencias se encuentran sutilmente presentes en el trazado de esta obra, al lado de evocaciones igualmente sutiles a la arquitectura de maestros modernos, especialmente Le Corbusier y Louis Kahn. La implantación de la rigurosa geometría del edificio en la no tan rigurosa topografía ocasiona una serie de exquisitas anomalías hábilmente trabajadas. El edificio tiene así el doble sentido de pasado y presente, de religión y arquitectura, de lo sagrado y lo profano.
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La modernización es un proyecto incompleto en la vida latinoamericana. Cuando Jürgen Habermas pronunció esa frase en el famoso texto que circuló por todo el mundo, seguramente no tenía en su mente la condición de ese mundo distanciado de las leyes totalitarias de la razón y de las condiciones de vida en Europa y el resto del mundo industrializado. Si la modernidad para Habermas es un proyecto incompleto en ese mundo, podría convertirse en un proyecto imposible en América Latina.
La arquitectura latinoamericana está en cierta manera en el comienzo de la construcción de su propia historia. El sentido de lo nuevo, del descubrimiento, del avance que marca los nuevos enfoques contrasta fuertemente con la frustración, el escepticismo y la anarquía que permean buena parte de la postmodernidad. La fragmentación y la irracionalidad en América Latina no provienen de intentos deliberados por destruir las reglas opresoras de la racionalidad, son parte de la cotidianidad. Si para los ojos de Occidente parece existir caos en esa cotidianidad, ese caos proviene de la particular simultaneidad de diversas experiencias y traslapes. Multidimensional como es, la vida latinoamericana tiene múltiples posibilidades de sobrevivir de manera creativa. Ese escepticismo no encaja en ningún esquema de futuro. La modernidad es todavía posible, pero en forma diferente. Dentro de este espacio, algunos arquitectos latinoamericanos están construyendo elementos para el futuro, no para el pasado.
NOTAS
1. Corredor, Consuelo. Modernismo sin modernidad: Modelos de desarrollo en Colombia. Bogotá: Cinep, 1990.
2. Fernández-Cox, Christian. Arquitectura y modernidad apropiada. Tres aproximaciones y un intento. Santiago de Chile. Taller América, 1990.
ALBERTO SALDARRIEGA ROA
Arquitecto. Director del postgrado en Historia y Teoría de la Arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia y profesor de la Universidad de los Andes en Bogotá.
