Exposición Individualene 1995 - mar 1995· Por Giulio Blanc

Arturo Rodríguez & Demi

Museo de Fort Lauderdale

El exilio ha constituido una de las principales preocupaciones de muchos artistas cubanos. Los artistas de "La Generación de Miami", que fueron educados en ambientes biculturales y sufrieron las angustias de los refugiados, de las personas errantes, ilustran vividamente tal preocupación. Ejemplos de ello serían Ana Mendieta, Luis Cruz Azaceta y Juan González. La exposición conjunta de Arturo Rodríguez y Demi en el Museo de Arte de Fort Lauderdale, Florida (septiembre-noviembre 1994) reunió los lienzos de otros dos cubano-norteamericanos obsesionados por definirse dentro de una existencia confusa. Ambos se acercan ahora a los cuarenta. Llegaron a Miami y se conocieron durante la década del 70. Desde que contrajeron matrimonio en 1984, viven y trabajan juntos.

Ambos artistas son autodidactas. Rodríguez inició a su esposa en la pintura hace ocho años. Al contemplar sus obras dentro del contexto de un museo, nadie pensaría que carecen de entrenamiento artístico. Ambos despliegan un fuerte sentido del dibujo y una sutil comprensión del color. Las texturas de sus lienzos son ricas, pero cuidadosamente acabadas. Rodríguez siempre se ha mostrado inexorable acerca de la importancia del oficio. La experiencia de visitar El Prado para estudiar las obras de El Greco, Velázquez, Goya y los maestros venecianos le comunicó el profundo sentido del propósito y el respeto por la disciplina pictórica que ha transmitido a Demi.

En el caso de Rodríguez y de Demi apreciamos el legado de los pintores de El Prado y de figuras del siglo XX tales como Lucien Freud, Francis Bacon, el cubano Carlos Enríquez y los expresionistas alemanes. Las escenas que retratan comparten con todos estos artistas un alto sentido del drama, de la tragedia humana. Son imágenes de dislocación y de escape desesperado. Ambos artistas padecieron difíciles experiencias de exilio, llenas de privaciones e incertidumbre. Demi se vio especialmente afectada por la ejecución de su padre durante los primeros años de la Revolución Cubana. Las imágenes que presenta Rodríguez en Broken Journey son figuras contorsionadas, atrapadas en pequeñas habitaciones colocadas sobre ruedas. Están rodeadas de un paisaje rojo infernal. En Sub-Rosa, pequeñas figuras desnudas se ven retenidas por marcos de madera, se aterran a botes que naufragan o realizan hazañas acrobáticas con cuerdas y columpios. En El suelo del cielo III, las figuras desnudas de Rodríguez se sostienen sobre escaleras mientras aparece una mano enorme dispuesta a eliminar todo. Las imágenes del artista son autobiográficas. Por lo general, él y Demi figuran como los personajes principales de sus composiciones.

Las pinturas de Demi son también autobiográficas: conmovedoras imágenes de su traumática infancia. Niños calvos y elegantemente vestidos, con crípticas expresiones, emergen de floridas glorietas en The Capture, o bien se ven abrumados por palomas en Touch Down. Hay un elemento de Art Nouveau en las composiciones envolventes y floridas de Demi que evocan un intensificado sentido de la fantasía. Hay también, en la decoración caleidoscópica y puntillista de millones de puntos, hojas y flores, un ambiente que raya en la locura. Recuerda aquel género de arte visionario "intruso", pero también los últimos años del atormentado Van Gogh. Las figuras de Demi se asemejan a las de los niños ahogados del relato moralista victoriano de Charles Kingsley, The Water Babies, vigilados por las hadas mientras retozan en las profundidades del mar. Testigos de la tragedia y víctimas inocentes preservan, a pesar de todo, una ávida esperanza.

Demi ha comentado acerca de la influencia que ha tenido la música sobre ella y sobre su esposo. Encerrados en casa en sus estudios, sus pinceles danzan al son de las notas de Bach o del jazz. La música cubana es objeto de especial reverencia entre ellos y les suministra un vínculo espiritual con su cultura y un antídoto contra la vida surrealista e híbrida de Miami. Enclaustrados en el frágil capullo de su disciplinada rutina y en la seguridad de su mutuo apoyo amoroso, transforman continuamente sus demonios en arte.

GIULIO BLANC

Arturo Rodríguez & Demi, por Giulio Blanc | artnexus