La Galería Leonora Vega del Viejo San Juan exhibe una extensa colección de óleos de Arturo Duelos. Se trata de una obra intimista que nos conduce a su mundo privado. Lo ha poblado de siluetas-referencia convocadas a participar de su realidad. El pintor establece nexos con las circunstancias inmediatas, relación que le otorga jurisdicción para sustraer de las lecciones existenciales las huellas dejadas por el devenir para sellarlas en sus lienzos. Su interés por los problemas lingüísticos en todas sus facetas le ha facultado para desarrollar una producción que constituye una interesante narrativa óptica. En muchos casos, le da seguimiento a temas frecuentados anteriormente. Cuando esto sucede, hace entrar en juego desarrollos interpretativos con los cuales provee versiones alegóricas en las que lo emotivo adquiere proporciones significativas.
Entre los logros de Duelos notamos cómo alcanza a liberarse de la sucesión numérica asignada por los seres humanos a los eventos. Una de las virtudes de su quehacer es tomar los momentos fugaces, con la intención de dar la sensación de durabilidad al hacer uso de anhelos y nostalgias históricas. En ese aspecto parece dar respuesta al deseo faustico de detener el tiempo. Con frecuencia le sucede que, al retornar a algunos tópicos por segunda o tercera ocasión, descubre nuevos accesos a través de los cuales es llevado a facetas inesperadas relacionadas con las situaciones representadas.
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Los cuadros de Duelos evidencian la pretensión de raptar la mirada por la tendencia a mostrar los eventos, desvinculados de sus contextos, con el propósito de incorporar sus concepciones a una especie de presente absoluto. No hay en esas ideas escapes ilusorios, más bien enfoca objetivos concretos. Sin embargo, los seres y cosas asociadas a los textos de sus obras adquieren apariencias sublimadas que probablemente se hacen más conspicuas al ser aisladas por bases monocromáticas. Deja así que las fuerzas asociadas a sus efigies resalten por estar inmersas en atmósferas puras donde se suprimen los agentes accesorios que distraen la atención hasta llegar a eclipsar gran cantidad de detalles.
Debemos hacer notar cómo Duelos señala la existencia de concepciones que se disparan hasta provocar reacciones diferentes en los observadores. Resulta así porque toda acción creativa se encuentra supeditada a un sistema comunicativo que puede ser interpretado desde perspectivas individuales y colectivas. Cuando tal cosa sucede, los seres alcanzan a establecer vías espirituales que permiten desarrollar retiradas hacia lo desconocido, movidos por impulsos psíquicos develadores de los mensajes más profundos y menos evidentes de la creatividad. En su caso, los lienzos pendulan entre la pureza clásica y el manierismo. Un aspecto que destaca en ciertos óleos son los bordes cuyos diseños dominados por insistencias rítmicas le dan cierta continuidad que suscita un devenir sin reposo. Hay que señalar que esos ciclos se perciben a primera vista como un agente móvil que circunscribe los bordes de algunas pinturas. No obstante, la reiteración del mismo concepto se detiene en un momento dado, para que el contemplador explore el contenido simbólico de su labor. Tan singular recurso estético origina una imantación especial para la vista, pues concentra al espectador en sus metáforas pictóricas. En esos espacios sitiados trata de apresar la realidad que se escapa tan fácilmente a fin de satisfacer una apetencia de divinidad consustancial al hombre, al acercarse al concepto aristotélico del topus uranus.
Hay que indicar que las intervenciones escritas, donde deja ver sus habilidades políglotas, recuerdan los relatos que aparecerían en el cine mudo. La diferencia es que son más telegráficos, pues su intención es dotar sus conceptos de una dialéctica propia. Muchas veces la lógica es condicionada por el idioma utilizado. De esa manera consigue dar con el factor sorpresa. De otra parte, su trabajo investigativo sigue las líneas imaginativas de la heráldica, donde a veces se incorporan emblemas representativos, que confirieron los blasones ostentados por cada familia. Otras veces son verdaderas conjunciones emblemáticas que otorgan a cada concepción una genética propia, al punto de que para interpretar las piezas se precisa de códigos especiales para descifrar sus mensajes.
De cierta manera Arturo Duelos a través de su quehacer se ejercita para alcanzar un estado de identificación con los ideales estéticos más puros.
En ese esfuerzo mediativo rechaza la experiencia mística que le transporta a un cosmos intelectual donde lo tradicional y consuetudinario es transformado gracias al toque de la imaginación.
JOSÉ ANTONIO PÉREZ RUIZ
