Muchos estábamos escépticos. Justo en la temporada en que casi todas las subastas reportaron resultados catastróficos, Sotheby’s y Christie’s decidieron presentar para la venta mas de 800 obras de arte latinoamericano en sus sesiones del pasado mayo. Al mismo tiempo, la situación sociopolítica mexicana permitía suponer que los compradores de aquel país, que conforman la columna vertebral de la demanda, se comportarían de manera cautelosa o apática.

Este era el ambiente que se respiraba la primera noche en el 1334 de York Avenue. Al cabo de 84 lotes los aplausos dejaron claras dos cosas: que el mercado de arte latinoamericano goza de un vigor tal que le permite no creer en recesiones, convirtiéndolo en uno de los campos de inversión mas atractivos en este momento. En segundo lugar -y esto lo comprobaríamos en los días por venir- que el arte presenta rasgos atípicos que confunden al analista poco paciente: los mexicanos encontraron en los catálogos las oportunidades idóneas de asegurar su capital en medio de la incertidumbre preelectoral. Si bien es imposible saber que porcentaje de las compras se debe atribuir a la demanda de ese país, al menos sabemos que alrededor del 40 % de la oferta correspondía a sus creadores, que reportaron una cifra cercana al 50 % de los ingresos. Estos sumaron algo más de 24 millones de dólares, haciendo que el mediodía del miércoles los coleccionistas salieran entusiasmados del 502 de Park Avenue.

Tamayo fue el que deparó los topes en ambas casas. Niños jugando con fuego, un verdadero fuera de serie de 1947, alcanzó los 2.2 millones en Christie’s, mientras en Sotheby’s el Retrato de Olga del 41 se fue por 1.26 millones.
Pero si bien estas cifras suelen impresionar, son más fenomenales las obras que multuplican su estimado promedio. Entre los mexicanos en Sotheby’s Marina de Joaquín Clausell llego a 2.5 veces lo que se estimaba; la Andróme- de de Angel Zárraga a 4 veces ese monto y el Paisaje erosionado de Juan O’Gorman de 1964 a 5 veces su valor propuesto.

En general, en ambas subastas hubo mexicanos que superaron con creces las cotizaciones. Por ejemplo Le grand adieu de Leonora Carrington o el Valle de Méxicoóe Dr. Atl en Sotheby’s acompañaron el ya permanente repunte de Francisco Zúñiga, cuya Juchiteca de pie estimada en 70-90 llego a 178,500. En Christie’s fueron los Peregrini de Rafael Coronel los que pasaron de 100 a 167,500; Bali de Miguel Covarrubias llegó de 12-14 a 28,750.
Tres gouaches de Toledo (lotes 195, 196 y 197) duplicaron su precio, mientras un afortunado se llevaba, una hora antes, el óléo Composition in red por 17,250, la mitad del estimado. Es esta misma irregularidad la que llama la atención en Mérida, al tiempo que Castañeda continúa con un pausado pero continuo ascenso.

El segundo lugar en importancia lo conservan los cubanos, tanto en la cantidad de obra ofrecida como en los montos alcanzados. Los coleccionistas cubanos residentes en Estados Unidos, como los mexicanos, se benefician o se ven afectados (dependiendo de la perspectiva) por un fenómeno singular: mientras ellos reservan la mayor parte de sus recursos para adquirir obras de sus compatriotas, compradores de Venezuela, Panamá u otros tienen un gusto menos nacional y pujan también por los grandes nombres de aquellos países, dando un impulso adicional a los precios.
Una de las piezas más espectaculares se subastó en Sotheby’s. Arlequín del 39 es una obra singular de Mario Carreño, lo que reconocieron los interesados, que presionaron el valor final de 200 mil estimados a 310,500. Esto comprueba que la demanda cubana es muy selectiva, dando gran importancia a la proveniencia, la literatura y el historial expositivo de la obra en cuestión. Así se entiende que el Gallo cantando de Mariano Rodríguez no haya dado con nuevo dueño, siendo pariente sin pedigree de aquel Gallo pintado que fue sorpresa en la subasta de noviembre. En Christie’s fue su Pareyadel41 la que llegó a un excelente resultado de 74 mil.
La mayoría de los otros cubanos se quedó o se fue por valores cercanos al estimado. Decepcionó L’aigle, made- moiselle de Jorge Camacho (Sothe- by’s), mientras un afortunado se llevó Flores un óleo de Portocarrero del 68 (51x41 cms.) por solo 8 mil, en la otra casa. No ocurrió mayor cosa con Lam. Entre los más jóvenes cabe destacar The courtyardde Julio Larraz que llegó a 85 mil, coronando sus buenos resultados generales. Otro tanto se puede decir de Tomas Sánchez. La mayoría de los nuevos ingresos volvieron a las manos de sus propietarios originales.

Los grandes chilenos depararon también alguna sorpresa. Todo se mantenía en los límites de la normalidad cuando se subastaron en Christie’s los lotes 15 y 16 de Claudio Bravo, pero vino luego el White Package de 1x1.5 mts. que saltó a espectaculares 365 mil (estimado 150-200). Esto comprueba que deberíamos seguir esperando que sean los paquetes y ciertos dibujos de figura humana los que remolquen el precio de la restante iconografía del artista. En Sotheby’s Conversation between Clark & Ring se vendió en 63 mil, mucho menos de lo que su dueño pagó por él en subasta años atrás. Con Matta se invertieron los papeles, dándose en Sotheby’s la venta más alta: Inscape del 39, 73 x 92 cms. llegó levemente arriba del estimado menor a 550 mil.
Soto registro un buen nivel, especialmente el lote 134 de Christie’s, AMB. 38 del 83 se fue de 30-35 a 50,600. Armando Morales no elevó sus cotizaciones, acaso debido a que las obras ofrecidas no eran sobresalientes. Botero por su parte conservó su nivel de mercado; por ejemplo en Christie’s Naturaleza muerta en azul llegó a 398 mil y El conquistador español a 360 mil. En Sotheby’s dos bellísimos dibujos de la tauromaquia fueron intensamente disputados, El picador, por ejemplo, estimado en 20-25, llego a 65,750. Mientras allí mismo, la Promenade sur la cote d’azurun pequeño óleo del 28 de Torres García paso de 12-18 a fantásticos 31,625.

Esta misma casa presentó piezas de Arte Concreto-Invención/Arte Madi, que no cumplieron con las esperanzas cifradas en ellas. Parece que los argentinos siguen teniendo en Kuitca su mejor exponente, que continúa subiendo, aunque fue notable la ausencia en el mercado de obras de verdadera calidad; solo merece destacarse L’enfance de Chríst un pequeño colchón disputado hasta los 16 mil en Christie’s. El uruguayo Iturria alcanzó en esa misma sala los 36,800 con su Compartimiento con elefante, mientras el guatemalteco Elmar Rojas consolidó una prometedora situación de mercado vendiendo las tres obras ofrecidas en ambas partes.
En general, pocas fueron las sorpresas individuales y grande y positiva la sorpresa colectiva. La juventud de la especulación en arte latinoamericano en subasta permite suponer que su campo de expansión es aún imprevisible. Los resultados apuntan en este sentido y nos obligan a suponer un gran futuro para nuestras obras en eventos futuros, y una generalización del interés internacional por nuestro mercado.
KLAUS STEINMETZ

