Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Antonio Espinosa

Saul Kaminer

Palacio de Bellas Artes

Aún antes de establecerse en París en 1976. Saúl Kaminer (México, D.F., 1952) ya sabía lo que buscaba, estaba convencido de que el arte debería llevarlo a la creación de un mundo mágico que tuviera como fuerza motriz al erotismo. El juchiteco FranciscoToledo le marcó el camino y el decidió seguirlo para iniciar su propia aventura. En París, Kaminer reafirmó sus raíces y se hizo dueño de un lenguaje plástico acorde con su espíritu. Reivindicando su ser latinoamericano, el joven pintor rescató mitos ancestrales, prácticas rituales y creencias primitivas para realizar su obra. En la cuna del surrealismo, orientó definitivamente su quehacer a la exploración del imaginario mágico de América Latina.

Exposición Individual: Saul Kaminer — imagen 1
Saúl Kaminer. Los pájaros pasean el mar en su alma. 1993. Técnica mixta. 70 × 49 × 6 cm.

Esta experiencia individual se transformó muy pronto en colectiva. Kaminer conoció a otros jóvenes pintores latinoamericanos con quienes se identificó de inmediato pues perseguían objetivos estéticos similares. Surgió así el grupo Magia-Imagen (Magie Image), que a lo largo de diez años (1982-1992) realizó una importante labor artística y expuso su obra en América y Europa. El grupo finalmente se disolvió y sus integrantes, con lenguajes cada vez más personalizados, siguieron su camino en forma individual aunque sin dejar de reflejar en su obra la magia de su tierra. Sobre las reuniones realizadas por el grupo durante dos lustros, Kaminer afirmó en una entrevista: Nuestras discusiones (se centraron en) decir claramente que no éramos surrealistas y que nos situábamos fuera del surrealismo; que nuestro mundo imaginario venía del imaginario mágico latinoamericano, propuesto por la literatura del continente. Cosas muy diferentes porque si (dicho) mundo imaginario tenía raíces en la experiencia barroca latinoamericana, el surrealismo tenía sus raíces en la experiencia racionalista y romántica europea. (1)

Esta diferenciación hecha por Saúl Kaminer resulta por demás interesante y obliga a una reflexión. A pesar de que en París conocieron a epígonos del surrealismo, Kaminer y los otros pintores que formaron Magie Image nunca pertenecieron a un ámbito surrealista ni aceptaron la etiqueta de dicha corriente. Y no la aceptaron simplemente porque no les quedaba. La verdad es que estos artistas en ningún momento se postularon como buscadores de lo irracional. Ellos prefirieron, por el contrario, crear muy conscientemente universos mágicos inspirándose en la realidad cotidiana de sus países de origen, Y esta aventura la realizaron en equipo durante diez años, para luego separarse y continuarla cada quien por su lado.

Saúl Kaminer hizo lo propio y hoy en día continúa construyendo su mundo personal. Se trata de una obra que podemos ubicar dentro del llamado realismo mágico, concepto derivado de las reflexiones realizadas por el escritor cubano Alejo Carpentier en su novela El reino de este mundo (1949). Ahí Carpentier habla de lo «real maravilloso» para referirse al carácter extraordinario e insólito de la realidad latinoamericana, lo mismo en su naturaleza que en su vida cotidiana. (2) Del concepto de realismo maravilloso surgió el realismo mágico, que en lo personal me parece más preciso y que de hecho ha sido utilizado con mayor frecuencia para definir ciertas expresiones literarias y, más recientemente, plásticas, de América Latina.

Sólo conociendo la realidad mágica de nuestro continente se puede entender la obra de Saúl Kaminer. Para crear, este pintor moderno se nutre en los mundos mágicos que son pasado y presente en América Latina. Así, su obra se emparenta con la de algunos grandes pintores latinoamericanos como Rufino Tamayo, Wifredo Lam, Roberto Matta y Fernando de Szyszlo, creadores cuya vocación de universalidad no les impidió reflejar en su obra la herencia cultural de sus pueblos de origen; artistas que ante la disyuntiva de identidad o modernidad, escogieron la segunda vía pero no pudieron dejar de transitar por la primera y en consecuencia muestran en su obra la impronta evidente de la tierra que los vio nacer. (3) De todos ellos, quizá sea Lam el pintor con quien más se identifica Kaminer. Con el cubano fallecido en 1982, el mexicano comparte la visión de un mundo primigenio en el que todo puede ser posible.

¿Quienes pueblan este mundo maravilloso? El repertorio iconográfico de Kaminer es rico y variado: personajes femeninos y masculinos (Evas y Adanes en amorosas cópulas), árboles, aviones, caballos, cocodrilos, focas, pájaros, perros, serpientes, teléfonos, toros, velas, vírgenes... seres y objetos que conviven en escenarios insólitos, donde la acción de la naturaleza (fuegos, lluvias, rayos y centellas) se hace presente en todo momento. Ya el poeta y crítico Alberto Blanco ha hablado de la presencia de los elementos --agua, aire, fuego y tierra-- en la obra de Kaminer. (4) Sí, ahí están siempre, formando parte de la armonía cromática (hecha a partir de los colores terrosos) de un universo intemporal, cargado de erotismo, lleno . de humor y libre de pecado original.

NOTAS

(1)       . Angélica Abelleyra, México envía a Europa la imagen que quiere ver (entrevista a Saúl Kaminer) en La Jornada, México, 5 de junio de 1993, p. 25.

(2)       . Alejo Carpentier, El reino de este mundo, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1980.

(3)       . Jorge Alberto Manrique Identidad o modernidad? en Damián Bayón et.al., América Latina en sus artes, México, Unesco/Siglo XXI Editores, 1983, p. 35.

(4)       Alberto Blanco, La otra mitad del cielo de Saúl Kaminer en Kaminer. Las cuatro tierras, México, CNCA/ Fundación Cultural Barcomer, 1944, pp 14-17. Este es libro-catálogo que se publicó con motivo de la exposición Las cuatro tierras, abierta en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México entre el 7 de abril y el 30 de mayo de 1994.

ANTONIO ESPINOZA

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