Cuatro décadas de intensa actividad artística es lo que abarca la antológica exposición retrospectiva de Ricardo Carpani (1954-1994) que se llevó a cabo en las Salas Nacionales de Exposición Palais de Glace. Alrededor de cien trabajos entre óleos, acrílicos, dibujos en tinta originales y reproducidos, afiches de distintas épocas, así como esculturas, dan prueba de ello.

Esta muestra antológica adquirió el carácter de acontecimiento no sólo por su excelente selección y montaje, sino también por la masiva afluencia de público. Esta exposición es la tercera que realiza en los últimos diez años Ricardo Carpani (1930) después de retornar de su exilio en España que abarcó algo más de dos lustros. Es decir que es prácticamente un desconocido para quienes andan alrededor de los cuarenta años, para ellos su nombre es una leyenda que se mezcla con la historia sindical y política del país a partir de la conflictiva década del sesenta. Es de recordar que este artista bonaerense estudió en el taller de Emilio Pettoruti, así como también por varios años en París. Su primera exposición en Buenos Aires es en 1957, junto a Juan Manuel Sánchez y Mario Mollari. Dos años más tarde, junto a ellos y a Carlos Sessano, Elena Diz, Pascual Di Bianco y Espirilio Bute funda el Movimiento Espartaco, de corta vida pero de gran trascendencia. En la década del sesenta no pocos murales y la ilustración de revistas, libros y periódicos, así como los afiches para la CGT de los Argentinos han hecho de su imagen un acontecimiento popular que se transformó en leyenda. Es de interés ver los trabajos de la década del cincuenta fuertemente estructurados y en los límites de la geome- trización, ya en el dibujo como en la pintura. En ellos los temas tienen a los campesinos y obreros como protagonistas, representados en primeros planos muy dimensionados que le dan el aspecto de héroes más que de mártires, y nos deja ver la influencia del murallsmo mexicano a partir de su particular Interpretación. Ejemplo de esta primera etapa lo encontramos en Cañero un óleo de 1957. En las obras de los años siguientes el tratamiento del color gana en elaboración, generando zonas de ricos matices y empastes. Son testimonio Huelga de 1960 y Desocupados de cuatro años más tarde. También por ese entonces encontramos los trabajos que ilustran al poema épico Martín Fierro y lo más llamativo es la aparición de trabajos que inician una larga serie como la de Los amantes. Estas obras ponen en evidencia un tratamiento sensual de las formas. En los años setenta hay un tratamiento más contenido del color, quizá sea por la utilización del acrílico y una valorización de la línea. Ejemplo de ello son su nueva versión de Martín Fierro y las obras de su serie de Los amantes. En los años ochenta lo nuevo aparece con la introducción de la jungla como escenario para un porteño como personaje. A los trabajos despojados de años anteriores se sucede una propuesta barroca que cubre todo el plano de representación, con un gran dinamismo de las formas y variación de los colores.
