Al iniciarse la década del cincuenta, Octavio Paz acuñó el término «ruptura» para nominar a un grupo de artistas que reaccionaban contra el predominio del muralismo, contra su propuesta narrativa, de claro contenido político y mensaje testimonial. Nombres que tienen el significado de precursores -como los de Rufino Tamayo y Carlos Mérida- junto a los de Gunther Gerzo y Mathias Goeritz, entre otros, representaron una vertiente que cuestionaba direcciones únicas en el arte y proclamaba la validez de incorporar propuestas del lenguaje plástico internacional, sin que ello significara desmedro de sus propias raíces. Sin pretensiones de formar escuela o grupos con planteos demasiado definidos, su preocupación fue desarrollar opciones formales y conceptuales al margen e incluso enfrentadas a lo que consideraban un modelo percibido.

La exposición Pintores dei siglo XX en México, curada por la directora del Museo de Arte Moderno --Teresa del Conde- reúne precisamente la obra de 29 destacados artistas que fueron asimilados a esta «Generación de ruptura», denominación que, al decir de la curadora, es cuestionable pero que ha tenido fortuna crítica.
El recorrido por la muestra pone en evidencia la falsedad de algunas de las afirmaciones manejadas por quienes en la década del cincuenta criticaban la labor de estos pintores. Por una parte, considerar a esos 29 artistas como simples incorporadores de las tendencias que se daban en el arte internacional del período, supone desconocer que en sus propuestas se va más allá de la imitación de lo que estaba planteando la nueva figuración, el grupo Cobra o las diversas alternativas en que incursionaba la abstracción.
Basta mencionar el ejemplo de José Luis Cuevas, quien tempranamente se vinculó a esa generación de ruptura.
El oponerse con virulencia a lo que consideró como excesos de nacionalismo, o al muralismo como modelo, no le impidió reconocer y asimilar la importancia de José Guadalupe Posada o de José C. Orozco, influencias que se perciben desde los trabajos de su primera época.
Junto a la crítica de la mera transposición, de dar la espalda a su propia realidad, estuvo la de aplicarles genéricamente el rótulo de abstraccionistas. La exposición permite también comprobar el predominio de la figuración sobre la abstracción. Una figuración que se aleja -en general- de la propuesta realista, que se interesa por una actitud más autoproyectiva, de contenido menos explícitamente social, pero que sigue trabajando la figura, con trazos en los que predomina la gestualidad, la percepción personal. Un buen ejemplo resulta en tal sentido la figura de Gilberto Aceves Navarro, quien parte del mundo real para repensarlo en términos de manchas, líneas, color, recreando una nueva realidad.
Además de los artistas mencionados es de destacar la presencia de nombres como los de Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Lilia Carillo y Enrique Echeverría, pilares de la abstracción e impulsores de lo que se dio en llamar nueva pintura mexicana.
La muestra se acompañó de un buen catálogo que, además de introducir a cada artista con una concisa presentación, reproduce las obras exhibidas. Fueron sesenta obras de la colección del Museo de Arte Moderno, seleccionados con muy buen criterio por la curadora, cumpliendo el objetivo de presentar un amplio y a la vez selecto panorama de las artes plásticas mexicanas en el período.
Podemos concluir, como lo hace Teresa de Conde en su texto del catálogo, que... la aparición del grupo ahora llamada de Ruptura, si bien no inauguró nuevos métodos de percepción u ordenamientos originales de los elementos plásticos en sentido estricto, sí representó para México el punto de partida hacia una nueva fase de su historicidad artística.
IVONNE PINI
