En los últimos veinte años el mundo ha visto nacer decenas de instituciones que están dedicadas a la difusión del arte, a un ritmo que nunca antes había sido tan acelerado. Muchas de estas instituciones han surgido para concretar su labor en la divulgación del arte contemporáneo. La revisión de objetivos a cumplir ha sido sumamente intensa y diversa. Ello ha contribuido enormemente a la aparición de nuevas maneras de entender y ver al museo que, incluso, han tenido una gran influencia sobre las instituciones ya establecidas. Así han surgido espacios expositivos cuyos propósitos varían a veces hasta diametralmente.
Mientras algunos museos aparecen o cambian sus perspectivas para ofrecer un territorio más amplio para la discusión de sus intereses, en sintonía directa con una revisión de los sistemas de exclusión, otros, por el contrario, aspiran a enfatizar nociones más tradicionales como la universalidad y unicidad del arte.

Así que enfrentados a la muy difícil tarea de abrir el que es el quinto museo en Caracas que se dedica a la divulgación del arte contemporáneo, era imposible partir de otra pregunta que no fuera ¿Por qué abrir un nuevo museo en Caracas? El hecho de estar inaugurando el Museo del Oeste (MO), regido por la Fundación Cultural Museo del Oeste, tiene como punto de partida el crear una experiencia piloto: la concepción del Museo, en todos sus aspectos se sutenta sobre la base de la experimentación. Una de las causas que nos permite pensar en esta posibilidad de la experimentación como supuesto enunciador de los propósitos del Museo, es la historia de las otras instituciones que en ésta ciudad se dedican a actividades paralelas y que están diseñadas y funcionan bajo un perfil tradicional.
Empezando con la primera muestra programada, el MO ha querido establecer una apertura a varios problemas por investigar: la relación del museo con su público más inmediato (el de la comunidad de los barrios vecinos); la relación del museo con el resto del público de la ciudad; la definición de un segmento del arte contemporáneo a tratar; la interacción del museo con instituciones multidisciplinarias tanto las que son veciñas como las que no; y la definición de las actividades del museo tanto puertas adentro como puertas afuera de su recinto. Estos problemas tienen como hilo conductor de la investigación que estamos abriendo con la exposición inaugural, una reflexión del museo como un espacio espectacular, sobre todo por estar en una zona de la ciudad en la que la población ha estado desprovista de estímulos a procesos idiosincráticos, a tal extremo que en esta zona no solo son inexistentes otras instituciones culturales de este tipo sino que incluso ninguno de los lugares significativos dentro de la trama urbana del oeste se identifican por su nombre con su ubicación cardinal, a excepción del parque que hospeda al Museo y del propio MO.
Este fenómeno distingue a nuestras instituciones no solo porque han divulgado el trabajo de artistas destacados al norte del hemisferio occidental, sino que además se han hecho esfuerzos para divulgar la obra de artistas provenientes del resto del continente latinoamericano así como se han formado colecciones que se destacan por la inclusión de estos artistas. Sin embargo, se ha dejado un vacío en cuanto a las proposiciones más contemporáneas y actualmente no existe una colección pública que reúna a artistas que han adquirido recientemente una proyección internacional como Jac Leirner, Doris Salcedo, Arturo Duelos, Gabriel Orozco, Alfredo Jaar, Félix González- Torres, Guillermo Kuitca, Julio Galán, Meyer Vaisman, Eugenio Dittborn, Cildo Meireles, Fabián Marcaccio, Saint Clair Cemin, José Antonio Hernández- Diez, entre otros a quienes el MO incluirá en su colección.

Desde el punto de vista curatorial esta exposición se propone emprender un examen de la relación artista-museo-público a través de los planteamientos de la obra de cada uno de los artistas participantes, quienes han presentado proyectos especialmente realizados para esta oportunidad. Dos de ellos, Jaar y González- Torres, presentaron proyectos que cuestionan la relación del museo tanto con su entorno inmediato como con el resto de la ciudad. En el caso de Jaar, el proyecto que está presentando es de colaboración directa con los habitantes de los barrios vecinos del Museo. Cámara Lúcida, su título, ha pasado por varias etapas en las que Jaar ha intervenido personalmente: primero fue la definición del proyecto en relación a los problemas de aceptación que tenía la comunidad hacia el MO, a partir de lo cual decidió desarrollar un proyecto en el que, a través del uso de cámaras desechables de fotografía repartidas en la comunidad, los habitantes de esta zona realizan un retrato de sí mismos compuesto por más de cuatrocientas imágenes que serán mostradas en los espacios del museo destinados a la participación de Jaar en la exhibición. González-Torres por su parte decidió presentar un proyecto para cerca de veinte vallas publicitarias diseminadas por toda la ciudad, cada una las cuales presenta la misma imagen de una fotografía en blanco y negro de una mano. Una réplica de la imagen utilizada para la valla está expuesta en el Museo donde se dispondrá de un mapa fotográfico que ilustra la ubicación de las vallas. Este proyecto abre la posibilidad de que el Museo encuentre en la ciudad más que un espacio para su expansión un espacio para la reflexión del tramado ideológico urbano. Mientras tanto, Fernández y Lámelas presentaron proyectos que se desarrollan físicamente en el interior del edificio, aunque desde dos perspectivas muy distintas. En el caso de la obra de Fernández, este aborda de manera crítica los contenidos éticos que proyecta toda institución museística, en una instalación que se desarrolla en dos plantas del edificio y que lleva por título Boceto para una historia natural del edén. Esta instalación hace uso de diferentes dispositivos que hacen énfasis en la condición segregada del espacio sexual, que queda excluido en las leyes de decoro milenariamente establecidas en las condiciones de la expulsión del edén —en la separación del hombre de la naturaleza— y con las cuales pasa el espacio del Museo a hacer eco, metafórica y espacialmente, del exilio. Finalmente la propuesta de Lámelas, producto de varias visitas realizadas por el artista a Caracas, consite en la instalación de un bosque de árboles en un espacio de doble altura que abarca desde la planta baja hasta los sótanos del Museo. Esta obra, que ha sido supervisada por un equipo técnico de ingenieros, arquitectos y botánicos, tiene como principal fin cuidar por la supervivencia de los árboles. Titulada Paraíso Artificial, la pieza elude además a la inserción del Museo en un parque y la forma en que ha sido instalada hace que los espectadores se pregunten si el museo fue implantado directamente sobre un bosque que allí existía o si por el contrario, ha desdoblado sus funciones en jardín botánico.
Luego de Cuarta Pared está prevista la inauguración de la primera exposición museística individual de Sigfredo Chacón, considerado ampliamente como nuestro pintor abstracto por excelencia. Esta muestra, bajo la curaduría de Miguel Miguel recoge la obra reciente de Chacón desde 1990 hasta hoy. Así como en el caso de todas las exposiciones que están programadas, esta estará acompañada de un catálogo ampliamente ilustrado que contará con textos del crítico y curador argentino Carlos Basualdo.

A la muestra de Sigfredo Chacón sigue la exposición La Cámara Política (The Camera Politic), bajo la curaduría de Cario Frua y Joyce Nereaux, que introduce en nuestro país la primera vez que se plantea a través de la fotografía el tema de la manipulación de realidades existentes por mensajes políticos y la ambigüedad que deja abierta la fotografía como representante de los hechos, y como estos procesos colocan un signo de interrogación cada vez más poderoso sobre la confianza que habíamos adquirido en la imagen-mensaje como equivalente de la realidad. Entre los artistas incluidos, la mayoría de los cuales no han expuesto nunca o rara vez en Venezuela, están: Dennis Adams, Víctor Burgin, Hans Haacke, Alfredo Jaar, Ronald Jones, Barbara Kruger, Daniel Martínez, Adrián Piper, Kiki Smith y Krzysztof Wodiczko.
JESUS FUENMAYOR

