Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Autor no disponible

Miguel C. Victorica

Galería Klemm

Después de muchos años en los que no se exhibían trabajos de Miguel Carlos Victorica (1884-1955), la muestra que se realizó en la galería Klemm reviste el carácter de homenaje y reconocimiento a uno de los artistas que han forjado en nuestro siglo la tradición pictórica del país. Se puede afirmar sin ser exagerado que no existe artista argentino que no le deba algo a este maestro del arte nacional.

Exposición Individual: Miguel C. Victorica — imagen 1
Miguel Victorica. Desnudo con espejo. 1946.

Algo más de treinta trabajos entre óleos, acuarelas y pasteles en los que se suceden la figura humana, la naturaleza muerta, el paisaje urbano y los temas religiosos ponen en evidencia que el protagonista de todo ello es el tratamiento del color al servicio de un clima en que se unen el simbolismo y la dramaticidad contenida. Si bien el tratamiento de su lenguaje plástico se ajusta a las propuestas clásicas en las que se integran la elaboración de la materia y la estructura compositiva, hace que las transparencias y los em'- pastes se contrapongan a zonas en las que la tela aparece despojada de materia generando una inquietante ambigüedad. En algunos trabajos la línea aparece como un toque dife- renciador en un tratamiento estrictamente pictórico.

Si bien la mayoría de las obras están fechadas entre las décadas del cuarenta y cincuenta existen algunos ejemplos de los años treinta. La imagen a simple vista tradicional tiene en algunos trabajos elementos inquietantes que han hecho sorprender a muchos jóvenes artistas y provocado la concurrencia masiva de los mismos. Esta actitud nos lleva a detenernos y reflexionar sobre un fenómeno no previsto como es el redescubrimiento del viejo maestro.

Victorica se formó en la Academia de Estímulo de Bellas Artes, antes de ser nacionalizada en los comienzos de siglo, con Eduardo Sivori y Ernesto de la Cárcova en Buenos Aires y en París

por siete años a partir de 1911 con Luis Desiré Lucas. A poco de su llegada a Buenos Aires se establece en el barrio proletario de la Boca, alejándose de la alta sociedad a la que pertenecía. Artista bohemio y marginal, tuvo como único apoyo el de sus padres que siempre lo consideraron. Aunque alcanzó los premios más importantes, su reconocimiento se va haciendo firme a partir de los años cuarenta, ya que se le objetaba cierto alejamiento de las reglas académicas: los críticos más importantes de esos años lo consideraban un introductor del modernismo.

Victorica es fundamentalmente un colorista que trabaja entre una gama de valores intermedios a bajos, y alcanza gran sensualidad en el tratamiento de la materia, por superposición de capas, de transparencias, veladuras o de extremos en los que va de ricos empastes a falta total de materia en algunos sectores del cuadro. Este tratamiento está unido a un planteo del espacio ambiguo que incluye en muchos casos las formas que representa. Un buen ejemplo lo encontramos en Desnudo con espejo, un óleo de los años cuarenta, en el cual la figura femenina nos desconcierta al transgredir las convenciones anatómicas y al jugar con la realidad y su reflejo en la representación del rostro. La relación de figura -fondo mediatiza la profundidad espacial generando una irrealidad que se aproxima casi a lo grotesco. Quizá sea en este punto en donde surgen el interés y las coincidencias entre este maestro y los jóvenes artistas, poniendo en tela de juicio el concepto de postmodernidad en la caracterización de la producción artística de nuestros días en el continente latinoamericano.

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