Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Giulio Blanc

Leandro Soto

Galería Weiss Sori

En su reciente exposición (mayo- junio) en la galería Weiss-Sori de Miami, Leandro Soto demostró su continuado interés por la cultura indígena. Al igual que su contemporáneo, José Bedia, este artista cubano, formado en una sociedad en la cual las creencias y prácticas religiosas han perdido importancia, se vuelve hacia el valioso legado espiritual de los mal llamados primitivos. A este respecto, tanto Soto como Bedia siguen las huellas de Wifredo Lam, cuyo arte en su totalidad, a su regreso a Cuba de Europa en 1941, implicó la búsqueda de la magia de vivir la tradición afrocubana.

Exposición Individual: Leandro Soto — imagen 1
Leandro Soto. Ritmo Vital. 1994. Acrílico sobre tela.

Parte del grupo pionero Volumen I que surgió a comienzos de la década de 1980 como renovación del arte cubano, Soto viajó a México en 1988 y fundó una escuela de arte popular en la población de Tamulté de las Sabanas, en Tabasco, donde vivió y trabajó con los indios Chole y chontal, estudiando su cultura, profundamente arraigada en el pasado precolombino. Esta región es, después de todo, centro de la antigua civilización olmeca, una de las culturas originarias de las Américas. Se encuentra también próxima a las regiones mayas de Chiapas y Yucatán. Familiarizado ya con los sistemas de creencia afrocubanos, Soto se vio expuesto al lenguaje y modo de vida de un pueblo indígena para el cual la realidad está entretejida de mito y ritual. Aceptado por los indios como uno de los suyos, Soto se vio abrumado por una visión del mundo muy diferente de la de su experiencia pasada.

El impacto de México resulta evidente en las anteriores exposiciones individuales de Soto, realizadas en México y en Cuba, pero esta exposición en Weiss-Sori revela en todo su esplendor la exitosa asimilación del artista a la cultura nativa americana y su interpretación. La pintura, de líneas llenas de color y energía, vibra con ritmos de arte op; refleja las leyendas y cuentos folclóricos mexicanos, muchos de ellos relatados al artista por sus estudiantes y amigos de Tabasco. Soto ha comprendido a cabalidad la estética de las culturas precolombinas y de las comunidades indígenas contemporáneas de América. Sus pinturas de dos dimensiones, a menudo son reductivas hasta la abstracción y hacen eco a los aspectos lineales de los tejidos que constituyen hoy una de las principales manifestaciones del arte indígena en América.-

En pinturas como Danza solar de tres naguales, Nagual e Historia del hombre que se convierte en tigre, Soto examina una creencia fundamental difundida en Mesoamérica desde la época de los olmecas: el concepto de la interrelación y transformación chamá- nica entre el hombre y el animal. En Olokun se remonta al mito afrocu- bano. En este caso también, el hombre es visto como parte de una totalidad cósmica en la cual la magia, las fuerzas invisibles y el mundo natural participan todos en el ciclo de la existencia. Pero Soto, un artista altamente entrenado y diseñador de escenarios, es más que un antropólogo en su documentación del ethos indígena americano. Al igual que Bedia y otros artistas iluminados que utilizan fuentes nativas, insiste en una visión humanista universal. Como resultado de ello, ha creado un estilo postmoderno único en el que interactúan la línea, el color y el contenido en perfecto equilibrio.

Las preocupaciones de Soto trascienden lugares y tradiciones específicos. Trata con arquetipos y con los hilos espirituales comunes de la humanidad. Algunas de sus pinturas evocan las mándalas budistas y los vórtices de los ciclones, ambos fuentes de enorme energía, el uno en el plano metafísico, el otro en el plano terrenal.

GIULIO V. BLANC

Leandro Soto, por Giulio Blanc | artnexus