Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Marianne De Tolentino

La IX Bienal de Arte Paiz

Vista por un jurado

Solemos repetir que en América Latina, no conocemos suficientemente el arte que se hace en los diferentes países, y, respecto a los más pequeños, el desconocimiento es prácticamente total. La carencia de informaciones golpea por ejemplo la reputación artística de Centroamérica, con excepción de sus artistas que han alcanzado una fama internacional. Sin embargo, hay un movimiento importante principalmente en la pintura, siendo los eventos colectivos el termómetro de esa actividad.

En tal contexto, se ha celebrado recientemente la IX Bienal de Arte Paiz, máxima confrontación nacional de la plástica y la gráfica guatemaltecas. Durante el mes de mayo, millares de visitantes pudieron contemplar pintura, escultura, grabado, dibujo y fotografía, montados en un inmenso galpón del Parque de la Industria de Ciudad de Guatemala. Concurrió un total de 425 artistas, con 710 obras, que se expusieron, puesto que no hay una preselección.

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Hidelgardo Igor Almonacid. Gallo de Oro. Primer Premio. Díptico.

La Bienal, que se celebra puntualmente cada dos años, resulta de una iniciativa privada, organizada y patrocinada por la Fundación Paiz para la Educación y la Cultura. Una vez cumplida la fase de inscripción, cualquier obra participante está admitida y compite para los Premios en su categoría respectiva. La Pintura es «hegemó- nica» en cantidad y desde las bases, que la subdividen en «Libre Creatividad» o estilos considerados contemporáneos, «Creación Realista» o Géneros Tradicionales, «Pintura Popular», ajena a los lineamientos académicos» y «Categoría General», cuyo único requisito es la edad mínima de 18 años. La jerarquía de los Premios baja netamente, en los montos, para los últimos dos renglones.

Escultura, Dibujo, Grabado constaban cada uno de una sola modalidad, con plena libertad técnica y temática, mientras, en Fotografía, se dividían premios y participaciones entre «color» y «blanco y negro», a pesar de la disparidad de los premios, en número y sumas atribuidas, hubo una aceptación de las condiciones y reglamentos.

Al igual que en las ediciones anteriores, se invitó a un jurado internacional, encabezado por el profesor y veterano escultor guatemalteco, Dagoberto Vásquez, integrado además por el pintor y grabador colombiano Ornar Rayo, el pintor chileno Guillermo Nuñez, la crítica de arte dominicana Marianne de Tolentino y el fotógrafo español Manuel López. Los jueces mantuvieron en todo momento la cordialidad y el conscenso, agregando a los premios varias menciones en cada categoría. Intervinieron en la parte teórica del evento, con conferencias y panel de discusión, con la asistencia y participación de un públco sorprendentemente numeroso en una ciudad donde las aprehensiones limitan mucho las salidas nocturnas. Uno de los puntos analizados y debatidos fue la superioridad cuantitativa y cualitativa de la Pintura, estimulada por el mismo reglamento del concurso, mientras la Escultura y el Grabado revelaron una pobreza preocupante.

La Pintura recibió los doce premios estipulados, tres por modalidad. La «Libre Creatividad», único renglón convocado por invitación, mostró la premiación de la figuración, siendo muy minoritaria la abstracción. Nos pareció que los artistas --por cierto un denominador común en todas las categorías- - «autocontrolaban» las audacias y poseían una información desigual sobre el arte moderno y contemporáneo. Un indiscutible Primer Premio se otorgó al díptico monumental de Hildegardo Igor Almonacid.

Reservar una premiación particular para la «Creación Realista» parece insólito. Sin embargo, en los concursos nacionales, paisajes y bodego-- nes, por bien realizadosque estén, frecuentemente se descartan o se «arrinconan», desentonando en un conjunto contemporáneo. La Bienal Paiz tiene su solución, plausible, sobre todo cuando constatamos la abundancia de excelentes trabajos, presentados entonces... sin inhibición. De La Gasolinera --Primer Premio de Guillermo Ortíz -al bucolismo verdeante - Tercer Premio de Jorge Mazariegos-, el paisajismo tradicional es obviamente vivaz e interesante. En cuanto a la «Pintura Popular», de ninguna manera cabría llamar aquí primitiva ni «na'ive». A la frescura de la expresión une la autenticidad temática, con un dominio espontáneo del dibujo y el color. Varios premios y menciones recayeron sobre algunas de las participaciones, entre muchas que ameritan difundirse internacionalmente en exposiciones itinerantes. Finalmente, la denominada «Categoría General de Pintura» dió fe de la explosión demo

gráfica en la joven pintura guatemalteca, más liberada que la «Libre Creatividad», diversificada y fantasiosa, llevando la cultura vernácula a la investigación pictórica. El primer premio de Carlos Estrada evidenció esa simbiosis, mientras el segundo -Mauro López- irradiaba de admiración por Elmar Rojas.

La Escultura no parecía provenir de un país tan fecundo en antecedentes escultóricos seculares, de los Mayas a la hagiografía colonial. Solamente la muy fina y hermosamente trabajada cerámica de María Dolores Castellanos justificaba el premio único. Las menciones, conferidas a materiales y estilos disímiles, fueron más incentivos que galardones. Podríamos externar igual criterio en el Grabado - atribuyéndose un premio indiscutible a la xilografía de Anibal López. Obviamente la gráfica sufre en Guatemala del rechazo de los coleccionistas, aparte de que no concurrieron los mejores grabadores.

Ahora bien, en Dibujo, un premio único no bastaba. Hubo que discernir menciones especiales aparte de las de Honor. Surrealismo, expresionismo, fotorrealismo, abstracción, propusieron óptimas definiciones y expresiones, resultando premiada la obra probablemente más escueta -Carlos Reynoso. La fotografía revela una riqueza insospechada, aunque más inclinada hacia el preciosismo que la

captación de la realidad etno-antro- pológica circundante. Si el «color» supera numéricamente las imágenes en blanco y negro, esas imponen su nivel -encuadre, contrastes luminosos, sutileza de los grises. El «momento decisivo» apasiona menos a los fotógrafos que estudios de composición. Una fotografía «espejo» fue, con Irene Torrebiarte, Primer Premio del Blanco y Negro, una «ventana» y poema de lo autóctono máxima ganadora del color, de autoría Rafael Jacott.

En 1996, la Bienal de Arte Paiz celebrará su décima edición. Es un logro que debe subrayarse dada su importancia para la colectividad artística guatemalteca y principalmente para sus nuevas generaciones.

MARIANNE DE TOLENTINO

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