En el pequeño folleto que acompaña esta exposición de nuevas adquisiciones del Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber, en Caracas, la directora escribe: Es su colección la que distingue a un museo de otras instituciones que exhiben obras de arte y promueven la educación artística. Es en las colecciones permanentes de los museos donde podemos decir que las obras de arte están en uso, accesibles para investigadores, brindando estímulo a nuevas generaciones de artistas y disfrute a un vasto público que puede ver con sus propios ojos, en el museo, obras que son raras y de gran valor. Solo cuando una obra de arte ingresa a la colección de un museo cumple su verdadero destino: formar parte del patrimonio de la comunidad en su conjunto.
Estas palabras subrayan la importancia del museo dentro de la comunidad y la responsabilidad que tiene en la formación del gusto, la difusión de información y la mediación entre los procesos creativos. Es una labor que ahora se extiende más allá del ámbito puramente artístico, penetrando en el tejido de la vida social.
No cabe duda de que el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber posee una de las colecciones más completas y valiosas de Venezuela. Fundado con apenas cincuenta obras cedidas en préstamo gratuito por el Centro Simón Bolívar, la colección ha crecido a un ritmo asombroso gracias a donaciones del Estado y diversas fuentes. Las grandes figuras del arte del siglo XX —Picasso, Léger, Miró, Soto, Moore, Chagall, Botero, Vasarely, Tàpies, Marisol, entre otros— forman parte de esta colección de unas 2.500 piezas.
Esta exposición de adquisiciones recientes reflejó muchas de las características del arte internacional de las últimas décadas.
La muestra incluyó obras de importantes figuras nacionales e internacionales. Aunque hubo cierta desigualdad, debido a la inclusión prematura de algunos artistas cuyo lenguaje aún es inmaduro, las piezas demostraron los esfuerzos del Museo por adquirir obras maestras de destacados creadores contemporáneos y por mostrar el papel activo que juega Venezuela en el arte actual.
Las esculturas incluyeron trabajos de artistas de la talla de Kenneth Armitage, Eduardo Chillida, George Segal, Jim Dine, Pablo Gargallo —representado con su expresivo Gran Profeta—, Jacques Lipchitz y el japonés Takashi Nahara. Eduardo Ramírez Villamizar y Marisol son dos maestros latinoamericanos de la escultura, merecidamente representados en la colección, que también incluye obras de los escultores venezolanos Gaudí Esté, Mailén García y Carlos Quintana.
Las pinturas incluyen obras de Antoni Tàpies, Willem de Kooning, Larry Rivers y Francisco Javier Valdés; América Latina está representada por Maripaz Jaramillo, Carlos Rojas, Santiago Cárdenas e Ignacio Iturria, mientras que entre los pintores venezolanos figuran Diego Barboza, Adonay Duque, Francisco Bugallo —tres renovadores del arte figurativo en nuestro país— y Samuel Baroni y Víctor Hugo Irazábal. Cabe mencionar también la inclusión de jóvenes artistas, como Jesús Guerrero, quienes han ganado un merecido lugar en la pintura contemporánea venezolana.
Otros artistas presentes en la exposición fueron Abertye, Javacheff Christo, David Hockney, Robert Motherwell, Francis Bacon, Lucian Freud y Red Groome.
Sorprendió que no se publicara un catálogo con una lista completa de las obras para este evento. Una publicación de este tipo habría sido un punto de referencia útil para los investigadores y habría contribuido a una mayor difusión y conocimiento de la nueva colección.
KATHERINE CHACON
