Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

José Bedia Canción del Emigrante

Center for the Fine Arts

La retrospectiva José Bedia: De donde vengo, organizada por el Instituto de Arte Contemporáneo de la Universidad de Pensilvania, fue exhibida en el Center for the Fine Arts de Miami durante los meses de julio, agosto y septiembre. Además de las obras expuestas en Filadelfia, la muestra incluye algunas piezas pertenecientes a colecciones locales tales como Moana tiene bilongo, 1992, (Carlos y Rosa de la Cruz), Jaguar, 1993 y Toda la fauna, 1994, (Jerry M. Lindzon). Por otra parte, la exposición incluye dos instalaciones adicionales Angola-La Habana, 1994, y Canción del inmigrante, 1994, esta última creada especialmente para el espacio New York del Center for the Fine Arts.

Exposición Individual: José Bedia Canción del Emigrante — imagen 1
José Bedia. Canción del inmigrante. Instalación.

Continuando con la serie de instalaciones realizadas específicamente para esta sala (1), Bedia rediseña la galería para ajustarla a las necesidades de su obra. Las paredes este y norte desaparecen tras un muro cóncavo provisional, el cual forma una esquina con la pared sur de la sala. Al crear este espacio, el artista hace referencia a los altares de la santería, los cuales son colocados en las esquinas de las habitaciones de las casas. Según Carol Damian (2), Bedia utiliza la esquina como espacio no tradicional alejándose intencionalmente de las formas occidentales de presentar y ver el arte; en este caso, la instalación, al igual que los altares, debe ser vista de -frente pues no hay manera de caminar a su alrededor, debido a su confinamiento.

El título de la obra, Canción del inmigrante está inspirada en una vieja canción cubana que, según Bedia, le cantaba su madre. Físicamente, la obra tiene tres ejes marcados por tres gruesas sogas que parten del mismo punto focal ubicado al fondo del salón. La primera soga se extiende sobre la pared sur y termina amarrada en una base de muelle oxidada; la segunda atraviesa la galería y finaliza enrollada en el piso creando una espiral; la última soga se extiende sobre la pared cóncava y termina atada al cuello de una figura delineada en la pared, integrando perfectamente los elementos bidimensionales y tridimensionales de la obra. A nivel pictórico se destacan dos figuras pintadas en la pared sur, una acostada y otra dando un gran salto. Los personajes tienen colgados en distintas partes objetos tridimensionales (uno lleva en la mano una hélice de avión y otro tiene un cuerno en su zona erógena). Al fondo de la misma pared se ve un avioncito de madera del cual sale una pequeña nube de humo. En la pared cóncava está delineado un torso de cuya boca sale humo negro, similar al del avión, y en cuyo pecho han sido colocadas tres escotillas. Frente al torso se lee además la frase Yo te ¡uro arrastrarla por los mares, la cual pertenece a la letra de la canción mencionada anteriormente (3).

La carga simbólica de esta obra es ilimitada y está marcada por una gran cantidad de referencias a la vida y al pensamiento de José Bedia. La utilización de las tres sogas, por ejemplo, hace referencia al valor ritual del número tres (en la instalación aparecen además tres figuras y tres escotillas). - Las tres sogas pueden también relacionarse con un triángulo, el cual simboliza objetos espirituales tales como una montaña o un «teepee» indio. El uso exclusivo del blanco y el negro, por otra parte, hace referencia a la ceremonia de iniciación de Palo de Monte; en ella, los cuerpos morenos son marcados con tiza blanca y, una vez iniciados, tatuados generalmente en el pecho y en los hombros (es posible que la presencia de las escotillas en el pecho del torso también esté relacionada con este ritual). Los objetos tridimensionales tienen distintos significados: los cuernos representan poder y masculinidad; las sogas, la hélice y el avioncito representan el viaje, entendido no sólo como el viaje del inmigrante sino como el viaje espiritual, el cual se ha transformado en este siglo debido al desarrollo de nuevas tecnologías, especialmente en el ámbito del transporte y la comunicación.

Tal y como lo menciona Ménica Amor: en la obra de Bedia no hay una sola verdad, no hay un solo territorio, no hay una sola historia (4). La multiplicidad de lecturas, común en su trabajo, se presenta en Canción del Inmigrante más imponente que nunca, acaso por la dimensión misma de la instalación, por el espacio en que está expuesta y por el momento histórico en el que se exhibe.

NOTAS

(1)       . Alfredo Jaar (Art Nexus No. 11), Eugenio Dittborn (Art Nexus No. 13).

(2)       . Entrevista a Carol Damian, Julio 1994.

(3)       . Carol Damian, Ibid.

(4)       Amor, Mónica. «José Bedia». Art Nexus No. 13, julio 1994. p.#97.

FRANCINE BIRBRAGHER

José Bedia Canción del Emigrante | artnexus