Galería Botello de Plaza de las Amé- ricas en San Juan de Puerto Rico presenta la exposición de pinturas y dibujos de la artista Inés Tolentino. La muestra se titula Hechos y desechos y en su realización se mantienen conceptos que entablan puntos de convergencia con fuerzas psíquicas propias de nuestros pueblos. En ellas puede convivir cándidamente una secuencia de correlatos ubicados en torno al tema central. Los mismos actúan como ráfagas de las que afloran destellos de recuerdos cuya función es estremecer sedimentos anímicos. Esas narraciones actúan en forma de latidos' disímiles con el propósito de reflejar una vida sin límites, lo fugaz y lo cósmico se conjugan a fin de rescatar instantes reveladores de visiones que emiten estados espirituales.

La artista establece una dinámica maniquea al darnos cabida en concepciones nocturnales, donde el tiempo parece cronometrarse de manera diferente a cuanto ocurre en sus cuadros diurnos. Imprime en las sombras una carga nostálgica y deja asomar atisbos a veces hostiles ante el inapelable paso de la vida. Refleja también la tediosa rutina de una existencia en la que los esquemas del pensamiento tienen como agente nutriente un televisor con facultades infinitas para repetir situaciones. Se originan así retornos involuntarios y a veces indeseados a escenas ya frecuentadas. Semejantes repeticiones pueden causar el entumecimiento de la sensibilidad o hacernos vivir en medio de un cónclave de fantasmas. Tolentino nos ubica en la médula de esa dramaturgia absurda, cuya autoría es compartida por la tecnología y la incoherencia interna prevaleciente en nuestro devenir. El reconocer elementos perdidos en el caos existencial le conduce a integrar recursos ininteligibles que actúan a manera de agentes simbólicos en busca de estabilidad y le sirven de intermediarios para señalar los puntos revelantes de su mensaje.
Aparecen en sus obras la jungla, puertas que no conducen a ningún lugar, telerreceptores a la intemperie que transmiten imágenes desarticuladas del contexto, que imprimen acentos surrealistas al conjunto. En vida sobre ruedas, la protagonista aparenta llevar a cabo un gesto de acción de gracias por haberse liberado de un ambiente confuso. Tal exclusión la ubica en una especie de limbo tan incomprensible como el fondo del cual escapa. Otras veces recurre a lo francamente irracional, ello sucede con los árboles que subsisten levitados del suelo en La memoria ingrata. Allí efectúa un retorno a una infancia representada por un soldado de plomo. De otra parte, muestra estados selectivos de ingravidez como sucede con una escalera que no se apoya en nada, manteniéndose inexplicablemente erguida. Otras veces alude a la condición femenina al representar una torre con diversas salas, en las que se observa una pluralidad de acontecimientos observables a través del recurso de traslucir cuanto sucede entre sus paredes como si tuviéramos rayos x en la vista.
Un recurso utilizado acertadamente en esta colección es la sensación de secreto que se hace más evidente cuando recurre al proceso de fragmentar sus concepciones. Lo antes dicho es notable en Determinismo universal. Esa obra denuncia la condición discriminatoria que los mores culturales aceptados imponen a la mujer. Moviliza una simbología convencional y conserva su carga afectiva para dejar ver lo prolongado de la situación. Deben mencionarse sus lluvias de zanahorias que de cierto modo parodia el
«....ojalá que llueva café en el campo...» de su compatriota Juan Luis Guerra.
Notamos en el acopio hoy mostrado por Inés cambios sensibles de contenido si lo comparamos con muestras anteriores. Percibimos una tendencia introspectiva bien lograda, la artista invierte el sistema común para el aprendizaje; representa lo desconocido para identificarlo a partir de lo conocido. Hay en sus concepciones una dimensión que insta al observador a proyectarse hacia el pasado y el futuro.
JOSÉ ANTONIO PÉREZ RUIZ
