Hugo Zapata

Pila. 1993. Lulita y agua. 120x32c13cm

Monografíaoct 1994 - dic 1994· Por Ivonne Pini

Hugo Zapata

Buscando la huella de la memoria

los materiales locales una forma de reencontrarse con su propio entorno, con su realidad cultural y geográfica.

Primero fue el juego entre abstracción y figuración, luego el interés por paisajes que sólo el inconsciente recuerda y que recupera con formas no excentas de un cierto automatismo, dando paso a un lenguaje más pictórico, con preocupaciones más enfáticas por color, textura y línea, se pierde la referencia reconocible, para llegar finalmente a la tridimensionalidad.

En ese recorrido de Hugo Zapata (1) desde sus serigrafías iniciales hasta su acercamiento a la escultura, hay un hilo conductor que conceptualmente recorre su obra: el interés por la superficie, por los materiales orgánicos y por la presencia de una racionalidad cercana al mundo de la geometría.

Monografía: Hugo Zapata — imagen 1
Sendero. Rio Grande II Yoruma y batolito

Los comienzos: en torno a la serigrafía

Los primeros trabajos (1973) realizados por Zapata, giraron alrededor de un marcado interés por la gestualidad, moviéndose entre la abstracción y una representación más explícita que incluyó los autorretratos (1975), utilizando como técnica la serigrafía. De manera progresiva se fue diluyendo la referencia a la realidad inmediata, a medida que predominaba el interés por superficies en las que trabajó líneas más geometrizadas, utilizando el color de tal suerte que afirma la idea de plano. A esa etapa del trabajo corresponden sus obras tituladas Ritos y Rituales, serie serigráfica que inició a fines de los setenta (2), y que juntó con sus subsiguientes trabajos —de los elementos y Estelas a comienzos de los ochenta- cerró un ciclo alrededor de la serigrafía y el dibujo. La obra se interesa en destacar la idea de amarres, de volúmenes, de veladuras, a partir de colores primarios, dando paso en sus últimas series al predominio de la superficie sobre el dibujo. A la gestualidad inicial siguen formas más controladas, menos automáticas. Pese a que nunca se desliga totalmente de la realidad parecería que recorre los objetos para volver a descubrirlos, para encontrar un lenguaje que permite rearmarlos. Y es interesante observar cómo todo se torna superficie con textura, planos que tratan de evadirse, de salirse, jugando con elaboradas estructuras cromáticas, y formalizando planteamientos que tienen que ver con la realidad y el sueño. En esos trabajos con los que abre la década del ochenta y se va separando progresivamente de la bidimensionalidad, se evidencia el interés que reafirmará en su obra escultórica por la confrontación entre geometría y estructuras, con referencias orgánicas que buscan conectarse a la naturaleza.

El primer intento por pasar a la tridimensionalidad se produjo con la creación de sus Cajas, iniciadas en los tempranos ochenta. Naturaleza e intervención artificiosa del hombre vuelven a estar relacionadas en estas cajas de metal, muy bien acabadas, donde coloca minerales, piedras y maderas fosilizadas. La ruptura con la bidimensionalidad no es total pues estos objetos están previstos para verse frontalmente, y la caja sigue funcionando como idea de límite. De nuevo contención y gesto están presentes. Las cajas en bronce se relacionan con el paisaje, lo enmarcan, intentando establecer un nexo entre paisaje real e inventado.

Los materiales

Zapata comenzó a realizar las primeras aproximaciones a la piedra como material susceptible de manejarse artísticamente, en el Departamento de Geología de la Universidad Nacional. La atracción por ese material se fortaleció al conocer los monolitos chinos — las Estelas— donde tradicionalmente se graban inscripciones de textos de carácter filosófico, verdaderas "tablas de la ley". Un viaje a China le permitió conocer esas Estelas, que de alguna forma ya estaban presentes en su trabajo serigráfico. Y uno de los aspectos que le llamó más poderosamente la atención fue la forma en que modificaban el paisaje, cómo se convertían en huellas del paso del tiempo sobre su superficie pero sin olvidar la que deja el hombre interviniendo esas enormes lajas. (3)

El trabajo con diversos materiales le permitió reconocer progresivamente, que le interesa rescatar la memoria que las piedras guardan. La roca le abrió una cantera inacabada de posibilidades, pero antes de descubrirlo fue necesaria una búsqueda de años.

Primero recorriendo diversos sitios como las minas de Titiribí, la Guajira, zonas volcánicas de las cordilleras Oriental y Central, hasta encontrar en el Río Negro (Departamento de Cundinamarca) y cerca a la población de Pacho, las lutitas y pizarras. Allí donde hay hierro, donde se establecen fundiciones de forja, descubrió un material clave para el desarrollo de su propuesta escultórica: rocas que se obtienen con gran esfuerzo, que deben ser llevadas cientos de kilómetros a lomo de muía, hasta que llegan a su taller.

Zapata los considera elementos sensuales^ tanto por el sonido y la textura, como por el color. Y si bien son manejables, permitiendo descubrir geometrías, brillos, volúmenes, ellas deben ser respetadas, pues mantienen viva la huella del pasado del tiempo. El encuentro con la roca no queda librado al azar: Siento que voy a buscar y que voy a realizar mi propia elección, redescubriendo las formas que están en ellas, que le son inherentes (4). De allí que cuando las ensambla con vidrio, metal o agua, no adultera su estructura orgánica, sacándole el máximo de partido a las irregularidades, a las oxidaciones, a su geometría interna.

Monografía: Hugo Zapata — imagen 2
Arca 1993. Roca tallada y agua 60x60x15cm

Esa apropiación de la naturaleza, junto al ensamblaje de los materiales señalados, supone además la incorporación de avanzada tecnología que le permite el corte exacto, las superficies continuas y pulidas. Nuevamente el artista pone a funcionar la relación racionalidad-intuición que ha presidido todo su trabajo.

En sus esculturas de pequeño formato, se percibe claramente esa preocupación. Baste citar a título de ejemplo su serie Reflexión (1987-88) en la que mármol, vidrio y bronce se ensamblan en una armónica relación. Son objetos pensados no sólo para mirarlos sino para tocarlos, para relacionarse sensorial y directamente con ellos.

Del pequeño formato a la monumentalidad

Paralelo a su trabajo escultórico de pequeño formato, Zapata proyectó y realizó obras para espacio público. Es una obra que rescata preocupaciones manifestadas en sus serigrafías iniciales y en sus todavía tímidos acercamientos a la tridimensionalidad como fueron sus Cajas. El paisaje puede ser atrapado, señalizado, y la relación entre paisaje real y paisaje creado vuelve a adquirir papel protagónico.

Destacaremos algunos proyectos públicos por Zapata. El primero de ellos fue Pórticos (1964), realizado para el Aeropuerto José Ma. Córdoba, cercano a Medellín. Elaborada en lámina de hierro y pintura reflectiva y midiendo 18 metros de altura cada una de las seis estructuras geométricas de claras referencias minimalistas, éstas se convierten en una peculiar forma de delimitar el paisaje, que se vuelve indiscutible objeto de contemplación. La obra pretende ser un marco para la naturaleza que se ve a través suyo.

Tal actitud pervive en su proyecto Cota 1535 para el Cerro Nutibara (1986) pues allí también se busca —a partir de trazar una gigantesca línea roja de cemento preteñido que da vuelta al cerro redescubrirlo. Está pensada como un balcón para ver la ciudad.

La tendencia a usar mínimos elementos, a la racionalidad de la forma geométrica que caracterizó esos trabajos, tuvo un viraje en sus obras públicas posteriores. En 1987 con la obra Estelas, construida en los jardines del edificio de una compañía de seguros, Zapata regresó a su interés por la huella. Utilizando mármol y vidrio, genera unos grandes bloques de piedra (3.00 x 2.50 metros) donde se percibe cómo el agua fue modificándolos, horadándolos. El artista sostiene que: La idea de este bloque de esculturas es mostrar la memoria del agua, la huella quedejaelagua en rocas de formación milenaria. Por eso, ocultos entre los cortes de las rocas, van unos cristales color verde agua que sufren distintas transformaciones con la luz y representan la acción del agua. Además, reflejan todo el movimiento externo (5).

En el año 89 el proyecto Senderos (que se encuentra aún en construcción), continúa esa búsqueda. Senderos fue la obra ganadora del concurso Obra de Arte Rionegro II. Para su realización se vale de tres elementos: batolito triturado con el que construye un camino blanco de más de 70 kilómetros que rodea el segundo elemento, el agua de la represa alrededor de la cual se arma el proyecto escultórico, y se acompaña de un tercero: árboles de yarumos plateados que también recorrerán los 70 kilómetros (6).

Abasteciéndose con los materiales que existen en el lugar, planea construir alrededor del espejo de agua una marca que lo circunde: árboles, tierra, agua y cielo como líneas matemáticas,

líneas todas ellas que se perciben en la naturaleza y son utilizadas por el artista. Se busca que la obra no sea sólo para mirarla sino para estar en ella, para penetrarla.

Monografía: Hugo Zapata — imagen 3
Porticos Aeropuerto José Maria Cordoba. 1964 Acero y pintura reflectiva 18x18x0,60m

Uno de sus últimos proyectos urbanos es Entreaguas (1991) y fue construido en un centro comercial de la ciudad de Medellín. Dos elementos básicos le sirven a Zapata para levantar esos dos grandes taludes de 37.5 metros cada uno. Por una parte ese interés obsesivo por el paisaje colombiano y por otra el recuerdo de la fuente ceremonial del Lavapatas (7). El material escogido fue nuevamente la pizarra, recogiéndose alrededor de 40 mil toneladas para seleccionar los cortes que se utilizarían en la ejecución de la obra. La superficie irregular que aprovecha la textura y variedad mineral que el material posee, es recorrida por agua que se bombea regularmente, generando variaciones cromáticas y sonoridades peculiares al transitar las irregularidades de las paredes inclinadas. La preocupación del artista por vincular su trabajo con una vivencia sensorial más directa, se concreta en esta relación de la naturaleza con el espacio urbano. Busca generar un remanso, en un espacio donde lo que prima es el movimiento.

Sin desprenderse de características presentes en la escultura contemporánea, parecería estar buscando en los materiales locales una forma de reencontrarse con su propio entorno, con su realidad cultural y geográfica. Pensando de esa forma, intenta materializar lo que concibe como la base de su trabajo: Pienso que mi trabajo no sólo es posible por la convivencia con los seres y elementos que conforman mi entorno, cada sonido, cada presencia, cada material que me permite interactuar. Comulgar con algo que puede transformarse y materializarse en un ser nuevo, con memoria y energía propias. Las huellas, los signos, los códigos sin descifrar, son tal vez los elementos que más motivan mi actitud indagadora e interrogante, orientada a construir esas cosas materiales pero realmente inexistentes como entes precisos y solucionados. Son difusos, brumosos, no aprehensibles, sin verdades, a pesar de que su peso, su forma y carácter los ubiquen en la realidad (8).

Ivonne Pini:

Profesora de la Universidad Nacional de Colombia y Editora Ejecutiva de Arte en Colombia.

IVONNE PINI

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