La más reciente muestra de Kuitca en Nueva York incluyó una serie de obras titulada The Tablada Suite. El nombre de la serie, Tablada, proviene de un suburbio argentino en donde se encuentra uno de los principales cementerios judíos de la ciudad de Buenos Aires. Kuitca se ha apropiado el espacio público del cementerio como emblema de una serie de estructuras institucionales públicas que determinan silenciosamente nuestra localización espacial dentro del ambiente urbano. Así, esta serie de obras está constituida por planos de una naturaleza abiertamente arquitectónica en donde la información textual ha sido suprimida y el edificio o lugar representado ha sido despojado de sus alrededores y por lo tanto de un espacio y tiempo determinado, de una historia. De esta forma, Kuitca descontextualiza las infraestructuras descritas colap- sando paradójicamente un lenguaje de fuertes connotaciones racionalistas y de aguda precisión, como es el arquitectónico, con una ausencia de información local que permite que cualquiera de los sujetos que enfrentan la obra sea suceptible de incorporarse en ese espacio representado como un número más, una unidad o un símbolo arquitectónico que en la mayoría de los casos no pasa de ser un punto.

El anonimato urbano y la estandarización se ven reforzadas en estas obras por medio de la ausencia de títulos característicos. Como los sujetos que en la vida «real» habitan estos espacios, esta serie de obras carecen de nombres propios para sólo identifi
sucesiva y presentarla como repetición redundante, como si todo estuviera presente al mismo tiempo, como si el objeto estuviera siempre visualmente presente, plenamente visible. (1) Pero la abstracción «ideal» del plano no se produce en esta serie de obras en donde una prisión, un estadio, un archivo, un cementerio, no solamente han sido descontextua- lizados, reforzando así su fragmentación y abstracción, sino que además carecen de ese acabado preciso, limpio y definido que caracteriza a los planos.
Una mirada cuidadosa a esta serie de obras revela estrategias técnicas que en el pasado han caracterizado la producción de Kuitca. Análoga a las interrupciones constantemente presentes en sus mapas, Kuitca se complace aquí en una tactilidad corporal que contrasta con la delicadeza del dibujo y el efecto «sfumato» que logra por medio del uso del grafito. En efecto, la presencia de sus manos, probablemente también de sus brazos al desplazarse sobre la superficie del lienzo y ejecutar la obra, produce una especie de atmósfera que rodea la sólida estructura representada y que se opone a la tactilidad del cuerpo. Se establece entonces un interesante juego entre jsolidez y atmósfera, objetividad y subjetividad, espacio público y percepción privada que contrasta los paradigmas de representación del espacio urbano así como nuestra percepción como sujetos dentro del mismo. A fin de cuentas, la especificidad que claman estos lugares queda neutralizada por medio de su representación en planos. En ellos el sujeto toma su lugar, cualquier lugar de los muchos que se repiten; y es entonces por medio de la funcionalidad del plano que la estandarización del individuo se produce.
Como en los mapas de ciudades, en donde la continuidad del espacio representado era transgredido, fracturado por medio del desvanecimiento contingente de ciertos sectores, de las fronteras o de las rutas y coordenadas, en The Tablada Suite cierta ceguera es desplegada. En los mapas se establecía una especie de conexión entre la representación del espacio y la acción diaria y contingente del sujeto con respecto a ese espacio. Un espacio «opaco» que en ausencia del mapa en su visualidad total, promueve una representación parcial. En esta nueva serie, es por medio de la presencia del tacto que Kuitca parece hablarnos de ceguera. La metáfora se produce en dos niveles. Por un lado, la ausencia de especificidades y de rasgos individuales se sustituye por la señalización del modelo, la repetición; por el uso de una estructura estándar fácilmente reconocible para aquel que carece de la agudeza visual para estudiar particularidades. Por otro lado, a nivel formal, las huellas del artista sobre la obra nos hablan del ciego que extiende sus manos hacia adelante para tocar, acariciar, seguir, percibir, protegerse. La mano del ciego siempre precede, y en estas obras colapsa con la del dibujante. La ceguera cancela lo que hace la representación posible (visión), la diferencia entre el cuerpo propiamente hablando y el suplemento... Es el confinamiento del ciego, aislado en la oscuridad de su mente, entre paredes imaginarias contra las cuales utiliza sus manos y sus uñas al que estas obras pueden referirse. Y es precisamente en soledad, ausencia y anonimato, donde radica la verdadera angustia de estas obras. Pero como el mismo Kuitca dijera en una ocasión, es a la idea de soledad en medio de toda esta gente y lugares... que su obra alude. Es la ironía diaria de estar rodeados en soledad. De convertirnos en una unidad más de la serie en donde los elementos se intercambian indistintamente mientras ocupan la estructura vacía del espacio representado en el plano. Un espacio vacío, similar, carente de historias y memorias que sólo el espectador puede activar.
NOTAS
(1) . Thomas F. McDonough, Situationist Space, October #67, Winter 1994, MIT Press, Boston, pp 59-77.
(2) . Jacques Derrida, Memoirs of the Blind. The Self-Portraít and other Ruins. The University of Chicago Press, Chicago and London, 1992, p.ix.
