Una de las exposiciones individuales más sobresalientes del mes de julio en Caracas es la del artista Franco Contreras. Su muestra constituye no sólo una gran revelación para la escultura venezolana sino también una experiencia sin duda inolvidable.
Nacido en Las Piedras, Estado Mérida (1953). Contreras es un joven escultor de apenas seis años de experiencia en el oficio, y premiado en varias ocasiones entre 1993 y 1994. Su formación en Letras con Maestría en Filosofía del Arte, además de su actividad docente, no impiden al artista mantener una sencillez y humanidad que respiran en su obra. En este sentido, su escultura es ajena a una ¡intelectualización mal entendida o mal formada por falsos o sofisticados conceptos. Mantiene, por el contrario, una hermosa relación primera con los elementos naturales que conformaron su mundo cotidiano.
Mérida entonces está presente en su trabajo. La naturaleza y también las cosas más sencillas. El mundo familiar: Mi casa estaba ilena de la huella evidentísima de mis padres que casi todo lo habían como levantado del suelo porque todo estaba allí desde siempre -dice-. Todos éramos como una misma cosa, la cosa de la vida y del mundo. Como uno solo. Y el arte, de lo que he podido entender, se trata de eso, de la manera particular de ver y representar ese mundo que afuera y adentro nos sigue conmoviendo. Por eso, la jaula, el corral, la vaca, el diablo, el perro, el sol, el árbol y tantas otras imágenes sin referencias de lo que palpita en ese afuera y adentro que constituyen el mundo de Franco Contreras. Son elementos que están tan internalizados en el artista que fluyen en ese tejido, casi artesanal, de sus manos. Porque trabajando con cuerdas y palos de café va concibien

do estructuras, en un habla sintética y esencial, ajena a retóricas innecesarias. Por eso es su obra primera sutil y enérgica; austera a la vez que enriquecedora. Y sobre todo, hermosamente espontánea y auténtica.
SUSANA BENKO
