Desde que Jorge Gumier Maier se hizo cargo de la dirección de la sala de arte del Centro Cultural Ricardo Rojas -que depende de la Universidad de Buenos Aires-, se ha convertido en un espacio alternativo que alberga la producción de artistas que trabajan al margen de los circuitos oficiales, aunque sin oponerse a ellos. Tal es el caso de Feliciano Centurión (1962), un joven artista paraguayo, radicado en la Argentina desde 1974, representante, junto con Miguel Harte, Marcelo Pombo y Sebastián Gordín -entre otros-, de la estética «light» de los años 90. En esta muestra, Centurión plantea la temática sobre la construcción de la categoría del género en el pensamiento actual.

Como es característico en sus obras, usa frazadas de lana manufacturadas como soporte de sus trabajos. Al principio las pintaba, pero ahora les cose por encima pequeños manteles y carpeticas tejidas a mano. Estrellas de mar, tentáculos, pulpos y margaritas, se reiteran como una reserva natural de una zoobotánica fantástica y exuberante, diseñada en la tarea silenciosa de las personas que pueblan su mundo personal. Los manteles son tejidos por las abuelas, madres y tías de sus propios amigos: Aurora Varela -la' abuela de Ariel-, Gelucha - la tía de Ana-, mamá Yolanda, doña Josefina y toda una serie de mujeres hacendosas, modistas y amas de casa.
Evoca los rituales domésticos de su infancia en Paraguay, con los entrecruzamientos de una sociedad que conserva hábitos y costumbres como las recetas de cocina o la tejeduría del ñanduti, que se van transmitiendo a través de la educación de las madres y las abuelas. Mediante el mecanismo de la repetición, superpone tramas sobre tramas, que a la vez oponen la procedencia industrializada del soporte con la manualidad del objeto textil.
Esta es una operación analítica que cita el contexto de la artesanía tejida doméstica con un punto de vista diferencial. La falta de prejuicios le permite representar, desde una perspectiva masculina, el lenguaje característico que en la red de asociaciones de género se vincula con ía tradición femenina: la dimensión decorativa y ornamental de sus trabajos, la función protectora de sus frazadas y el lugar que en su producción ocupa la subjetividad, el sentimiento y la emoción.
Es un camino iniciado a mediados de los años ochenta con manifestaciones similares realizadas por artistas como Robert Kushner y Thomas Lanigan-Schmidt, integrantes, entre otros, del grupo norteamericano Pattern & Decoration (Diseño y Decoración).
Bajo la aparente inocencia de una estética banalizada, la obra de Feliciano Centurión es una declaración explícita de que lo personal es político, legitimando la esfera de lo privado en el debate del arte contemporáneo.
LAURA BATKIS
