Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Paola Sada

Beatriz Milhazes

Galería Ramis Barquet

A propósito de la reciente exposición de Beatriz Milhazes en la Galería Ramis Barquet, Paulo Herkenhoff describe la manera de pintar de la artista: Después de definir el color, la aplicación de las grandes pruebas preliminares decorativas se lleva a cabo sobre una superficie plástica transparente de donde se desprende, cuando ha secado, como una película. Se remueve como se removería la piel, viva y vibrante para ser transportado finalmente al lienzo como un elemento de transferencia. A esto se le añade el fondo; entonces, las vistas se complementan, las áreas se retocan y los detalles se finalizan.

Exposición Individual: Beatriz Milhazes — imagen 1
Beatriz Milhazes. Mulher descansando en sofá con ropa de seda. 1992. Acrílico sobre tela. 85 x 85 cm

Tal es el proceso de creación, paulatino y cariñoso, como si cada pintura de Milhazes existiera ya, pero en pedazos y la artista la tuviera que remendar para que brille de nuevo. Es por eso que las obras nos parecen tan preciosas, frágiles, pero a la vez fuertes, como algo que heredamos del tocador de una dama de antaño y que nos rehusamos a descartar, porque el hecho de que sobreviva lo hace bello.

Mientras otra joven artista brasileña, Jac Leirner, escoge para construir sus obras objetos del mundo urbano, comercial y nuevo (del exterior), Milhazes puebla sus lienzos con imágenes que sugieren un universo íntimo, doméstico, femenino y viejo (del interior). Collares de perlas, abanicos, flores, espejos, listones, prendedores y encajes: todas son formas circulares que se repiten y se contestan en las composiciones, delicadamente balanceadas entre movimiento y pausa, remedando en un cuadro a la mecánica de un reloj y en otro al corte de un vestido antiguo.

El sabor nostálgico que desprenden las obras se debe también a los fondos sobre los cuales se desarrolla toda esta actividad pictórica. Con el mismo cuidado con que pinta los encajes, la artista trata los fondos de manera que aparenten ser superficies viejas. Además de la técnica de despegar y pegar la transparencia, deja efectos de pintura chorreada y de arrugas en el lienzo, así como rasguños en la pintura que revelan capas de otro color. Quedamos como frente a la pared de una habitación que ha sido pintada y retapizada una y otra vez hasta que se abandona y descarapela: quedan las capas que cuentan cada una su historia. En las obras de Milhazes, es como si quedaran todavía los agujeros de los clavos en donde se colgaron los espejos y el olor de los floreros.

Lo que no tiene nada de viejo en las obras es el color. Los tonos y las combinaciones pueden ser fuertes e inesperados -rosas y aguas- o un poco más callados -ocres y verdes-, pero siempre vibrantes. De hecho, la visita a la exposición se asemeja a asomarse por un enorme calidoscopio, pero uno de colección, descubierto entre vajillas y sedas en algún bazar.

PAOLA SADA

Beatriz Milhazes, por Paola Sada | artnexus