Exposición Individualoct 1994 - dic 1994· Por Germán Rubiano Caballero

Beatriz González

Museo de Bellas Artes

El Museo de Bellas Artes de Caracas, sin duda el más importante de la capital venezolana, ha realizado en los últimos años varias exposiciones retrospectivas dedicadas a artistas colombianos. En 1992, fue la de Luis Caballero; en 1993, la de Manuel Hernández y este año, la de Beatriz González, de la que fue curadora Katherine Chacón. La muestra reunió noventa obras -pinturas, objetos, telones, cortinas, murales, grabados y dibujos- realizadas entre 1963 y 1994. Se completó con un excelente catálogo de 56 páginas, 23 fotografías a color y textos de la curadora, Carolina Ponce de León, Roberto Guevara y Germán Rubiano. 

Exposición Individual: Beatriz González — imagen 1
Beatriz González. Tapen, tapen. 1994. 150 x 150 cm.

Estoy convencido de que la exposición debió ser admirada plenamente porque la producción de Beatriz González tiene siempre unas imágenes llamativas y un mensaje paladino. Además es, sin la menor duda, una de las más caracterizadas artistas de América Latina por sus temas, por sus preocupaciones sociales y políticas y por su gusto. La posibilidad de ver buenos ejemplos de todos sus trabajos (incluyendo los muebles) -debió facilitar la comprensión de los muchos intereses que se encuentran

en su obra, desde los puramente formales, hasta los de carácter contestatario, pasando por los experimentales, los iconográficos, los iconológicos y los semánticos (pensando en los títulos de sus realizaciones). En medio de la crisis de las artes plásticas y, sobre todo, de la pintura en los últimos años, producciones como la de Beatriz González reconfortan. En ella se mantiene vigente la esencia de la pintura y del dibujo y, también, la idea de que el arte debe tener una identidad y decir algo propio. Y la verdad es que son muchas las cosas que comunican estas obras, cargadas de humor en sus primeros años y desde el decenio de los ochenta plenamente comprometidas, aludiendo de manera directa a las figuras de la política colombiana y menos explícitamente a la angustiosa situación de los últimos tiempos. De los trabajos sobresalientes expuestos hay que mencionar entre otros: Los suicidas deiSisga, dos versiones, óleos de 1965, que inician una de las épocas más conocidas y admiradas de la artista, aquella que muestra su observación de la idiosincracia y el gusto de mucha gente del país. Tragedia pasional, excabo da muerte a la esposa de su amigo y luego se suicida, pequeña tinta sobre papel, de 1967, un anticipo de su estilo de abusar de manera tan sumaria como incisiva; Nací en Florencia y tenía 26 años cuando fue pintado mi retrato, esmalte sobre lámina de metal ensamblada en mueble de madera, de 1974, una de sus muchas versiones sobre la historia del arte, en este caso transformado la célebre Gioconda en una imagen aplanada de colores intensos y arbitrarios; Decoración de interiores, serigrafía sobre tela, de 1981, una extensa estampación con la figura del Presidente Turbay rodeado de damas en una de sus innumerables francachelas; Sr. Presidente que honor estar con usted en este momento histórico, pastel y carboncillo sobre papel, de 1986, una dramática alusión a la violencia en torno a los tristes acontecimientos de la toma del palacio de justicia y Eiaitar, óleo de 1990, una completa escena presedida por un personaje anónimo yacente, rodeado por dos figuras del portero Higuita y todo el conjunto enmascarado por exóticos indígenas que viajan en barcas.

GERMAN RUBIANO CABALLERO

Beatriz González, por Germán Rubiano Caballero | artnexus