"La historia no se repite,
pero rima."
Mark Twain
El reciente escándalo a propósito de Arte reembolso, una obra de arte de David Avalos, Louis Hock y Liz Siseo, rima con dos historias de los Estados Unidos: la amarga lucha por la libertad de expresión adelantada durante los últimos años y el papel del gobierno en relación con el arte, un frente de batalla internacional, podríamos decir; y, de otra parte, el cada vez más ferviente sentido de lo "estadounidense" (lo que Jameson llamaría quizá una neoetnia) en respuesta a la "alteridad" de los inmigrantes —un frente de batalla fronterizo por definición. Como cause célebre, Arte reembolso alcanzó un nivel de notoriedad rara vez logrado en los Estados Unidos sin imágenes genitales o de Cristo. Apareció en la primera página de The New York Times y de The Washington Post y recibió amplia cobertura en la televisión y la radio nacionales.
Arte reembolso consistía en la distribución, durante un período de varias semanas el verano pasado, de un total de $4.500 dólares ($10 dólares por persona) a los trabajadores indocumentados de San Diego, en lugares donde suelen congregarse para buscar empleo por el día, esquinas, parques, sitios públicos bien conocidos para ellos y para los habitantes de San Diego que andan en busca de mano de obra barata. A cada uno de los trabajadores se le pidió firmar un recibo y obtuvo, junto con el dinero, un papel con la siguiente explicación: Este billete de diez dólares es parte de un proyecto artístico que se propone retribuir los dólares de los impuestos a quienes los pagan, en especial a los contribuyentes indocumentados. El reembolso del arte reconoce el papel vital que usted desempeña en una comunidad económica indiferente a las fronteras nacionales. Como gesto público, Arte Reembolso invocó a los miles de mexicanos que viven en Tijuana y trabajan, legalmente, en San Diego, que pagan impuestos pero no reciben ningún beneficio social y que constituyen, por ello, una de las fuerzas laborales más baratas.
Arte reembolso fue encargado como parte de la exposición La frontera, a su vez parte de un proyecto mucho más amplio, Dos ciudades, una serie de exposiciones y "relaciones" entre San Diego y Tijuana inspiradas por el movimiento Border Art centrado en dicha región y que se propone crear un nuevo diálogo entre la cultura estadounidense y la mexicana. Como colaboración entre el Centro Cultural de la Raza, de base comunitaria, y el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego, Dos ciudades representa una importante realización institucional.
(Esto, por sí mismo, fue fuente de serias fricciones, pues algunos artistas acusaron al museo de oportunismo por subirse al tren del Border Art). La financiación del proyecto provino de diversas fuentes, incluyendo grandes fundaciones privadas y el US National Endowment for the Arts (NEA), de fondos federales. Como resultado de la controversia acerca de Arte Reembolso, el dinero destinado por el NEA para aquella parte del proyecto fue retirado.
Como ciudad fronteriza, San Diego es un terreno intrínsecamente dual y dividido. Su población está compuesta tanto por personas que se sienten con derecho a quejarse de toda intrusión en la libertad y seguras al hacerlo y de aquellas que sienten lo contrario. La volátil dinámica del frente, excesivamente agitada por una frontera cada vez más incontrolable, por el deterioro económico evidente a ambos lados de ella, por el NAFTA, etc., se ha convertido en el vehículo a través del cual trabajan muchos de los artistas de la ciudad. La frontera, un problema a la vez político y cultural, se ha transformado en una categoría de la producción y consumo artístico contemporáneos, propiciado inicialmente por grupos activistas como Border Art Workshop / Taller de Arte Fronterizo (BAW/TAF) y, más recientemente, ha sido introducida dentro de las corrientes principales por importantes museos y proyectos públicos de arte. Unas pocas figuras detentan una reputación que excede por mucho los viejos estereotipos de la marginalidad chicana, entre ellos al Artista Fronterizo Principal, Guillermo Gómez Peña (beneficiario de una beca de la Fundación MacArthur, el equivalente norteamericano de un Premio Nobel y apodada "la beca de los genios") y Amalia Mesa-Bains (quien contribuyó a la formación de los movimientos culturales chícanos y beneficiaría también de una beca MacArthur). Una emergente clase media chicana ("Chuppies") rompe con los clichés culturales de una población campesina, pobre, azteca y condenada al muralismo.
El atrincheramiento del Border Art como categoría internacional y como embajador cultural se simboliza de manera más sucinta en la exposición mayormente chicana que representó a los Estados Unidos en la última bienal de Estambul. No obstante, como algo indicativo de la naturaleza eternamente conflictiva de la apertura de las principales corrientes estadounidenses a la cultura latina, esta exposición fue patrocinada inicialmente por la Agencia de Información de los Estados Unidos USIA (que pertenece al Ministerio de Gobierno), y luego fue censurada por dicha Agencia a causa de su abierto anti-imperialismo. Los dineros públicos prometidos por la USIA fueron sustituidos en el último momento por fundaciones privadas y la exposición se presentó sin modificaciones. Resultó evidente, sin embargo, que si bien el aparato cultural oficial de los Estados Unidos estaba interesado en manifestar su aceptación de las "minorías" culturales a través del patrocinio público, sólo estaba dispuesto a hacerlo si cualquier aspecto de aquella cultura que se define en conflicto con las corrientes aceptadas era sacrificado.
Para comprender la reacción de censura a Arte reembolso, sus matices inmediatamente evidentes de xenofobia y racismo deben ampliarse de manera que incluyan las tendencias recientes de la política étnica norteamericana, que ha estado cubriendo con un brillo favorable la idea (el ideal) del pluralismo cultural ("multi culturalismo") y también la reacción del mundo del arte frente al radicalismo y a la inserción de temas políticos "difíciles" en su contenido.
Arte reembolso ha sido atacada desde varios frentes: desde el sector político, fue denunciada (en repetidas ocasiones) por congresistas locales como un insulto "al respeto que siente la clase media por un dólar y por lo que es necesario hacer para ganarlo." En cartas dirigidas a los editores de los diarios, algunos de los habitantes (anglosajones) de San Diego se quejaron de la indignidad de distribuir fondos públicos a personas que no son ciudadanos norteamericanos mientras sus propios compatriotas están desempleados y reaccionaron negativamente también a la acusación implícita de que no son "sensibles" al problema de los inmigrantes.
Se revivió el antiguo antagonismo de clase entre los artistas y "la gente común" para efectos de la polémica en contra de la obra de arte. Al fertilizar este protuberante terreno, Arte reembolso se convirtió asimismo en fuente de resentimiento entre varios miembros de la comunidad artística estadounidense, quienes lo consideraron como una crasa tribuna que le hizo el juego a los continuados ataques políticos que han diezmado la confianza y el dinero en la escena artística del país. De gran interés e irónico es el que la oposición a Arte Reembolso alimentó también el sentimiento antigobiernista entre quienes la consideraron a través del lente insignificante del escandaloso despilfarro gubernamental.
Finalmente, la pieza se convirtió en una ocasión más para suscitar la espinosa pregunta acerca de cuál debe ser el papel adecuado del gobierno frente a las artes. La mayoría de los ataques contra la exposición fueron formulados como defensas del patrocinio del arte por parte del gobierno o bien fue atacada explícitamente como la manzana podrida y como resultado de un descontento egoísta y antisocial.
¿Tuvo éxito la obra? Su propósito era señalar la verdad acerca de las contribuciones económicas hechas por los trabajadores indocumentados. Pero contribuyó a incrementar una reacción de rencor contra los inmigrantes al vincularlos con otra causa sumamente impopular, la del arte contemporáneo controvertido. En su respuesta, los artistas se apoyaron en el argumento poco convincente de que no estaban propiciando sentimientos en contra de los inmigrantes puesto que la obra insiste en que los trabajadores indocumentados ejercen un efecto positivo sobre la economía estadounidense.
Como estrategia ¿tiene sentido Arte reembolso? Alienó a varios sectores de la comunidad artística (que desean aislar a estos rebeldes del resto de la profesión) y, por ello, parecen haber hecho retroceder lo poco que se había ganado durante los últimos años en desarrollo de una agenda común para las artes. ¿A quiénes estaba dirigida Arte reembolso? ¿Estaba dirigida a la población anglosajona para reprocharle su indiferencia? ¿Estaba dirigida a los trabajadores indocumentados, para hacerles sentir que son apreciados o apoyados? ¿Eran los políticos que hacen y rehacen las políticas de frontera según los vaivenes del cambio o del descontento su verdadero objetivo? ¿Importa si se trata de una obra de arte "buena" o "mala"? ¿A quién le importa? Quizá sería mejor preguntarnos a quién debiera responder Arte reembolso. Después del prolongado debate nacional acerca del derecho del artista a la "libre expresión" que, en términos generales, ha omitido el problema de para qué es esta expresión, Arte reembolso no insistió en el mantenimiento de un espacio expresivo "abierto", sino más bien en el uso de él para un compromiso activo moral y político.
Es probable que un radicalismo semejante fuese lo que hizo del proyecto algo tan difícil de soportar para el mundo del arte.
Aún cuando ha sido el centro de un fogoso y amplio debate, las intenciones, métodos y efecto de Arte reembolso continúan sin explorar como consecuencia del carácter provinciano del debate. Como lo señaló uno de los lectores del San Diego Union Tribune, mientras que la obra se centró en presentar el hecho de que los trabajadores indocumentados aportan más de lo que reciben de la sociedad... el cubrimiento de la obra no se centró en este aspecto, sino más bien en el financia- miento del proyecto al presumir, sin tener pruebas de ello, que el dinero había sido mal utilizado.
Adicionalmente, se echa de menos una evaluación de la obra en términos estéticos, que ha sido sustituida por el vociferante debate político. En 56 páginas de noticias, sólo tres de estos artículos establecieron un punto de vista estético. Aún cuando Hugh Davies, el director del Museo de Arte Contemporáneo de San Diego, inicialmente evitó comentar acerca de la obra como arte, diciendo a la prensa que el museo no tenía ninguna opinión acerca de la calidad de la obra, de arte.
Resulta irónico que, en caso de presentarse una controversia, estas
obras se tornan políticas más que (esto es, en vez de) estéticas, a pesar de su intención de politizar el ámbito artístico. Esta transformación tiene varios significados. Paradójicamente, aun cuando no tuvo especial "éxito" dentro del mundo del arte, Arte reembolso sustituyó su fuerza en este ámbito por su efecto en un terreno de carácter más público, comunicando así a la obra de arte cierto grado de éxito político. Confirió también nuevos papeles a los funcionarios: como lo señaló Avalos, los políticos están actuando como artistas, mientras nosotros tratamos de ser políticos.

El editorial de un diario local observó acertadamente que la controversia, junto con la documentación de los medios, es ella misma arte. En estos términos, la pieza era problemática en cuanto se convertía a los ojos de la prensa, en un símbolo no intencionado de la distribución. En una atmósfera saturada de caracterizaciones propagandísticas de los inmigrantes mexicanos como holgazanes y parásitos, el acto simbólico de darles dinero tendió a reforzar la imagen. Respecto de la tendencia del multiculturalismo hacia el ennoblecimiento exótico del "otro", Arte reembolso presentó a sus beneficiarios mexicanos como personajes mucho menos fulgurantes cuando utilizaron el dinero para comprar tacos en la calle. (El primer problema se manejó reduciendo el número de reembolsos hechos en un sólo lugar, con lo que se disminuía la apariencia de un proyecto de beneficencia).
De todas maneras, como obra de arte, Arte reembolso logró momentos de verdadera e inesperada fortuna. Su humor inexpresivo prolonga el espíritu de colaboraciones anteriores entre Avalos, Siseo, Hock y otros artistas de la ciudad. Las obras anteriores han incluido, por ejemplo, un afiche (1988) colocado en el costado de los buses públicos que dice: Bienvenidos a la Mejor Plantación Turística de Estados Unidos (un juego de palabras basado en la pretensión de San Diego de ser la mejor ciudad turística), rodeado de fotografías de manos morenas dedicadas a trabajos domésticos. Algunas personas, de ambos lados de la broma de Arte reembolso, captaron su espíritu, entre ellos Domingo Santiago, uno de los beneficiarios de las donaciones quien, según The New York Times, afirmó: Es extraño, pues por lo general la gente no nos da dinero. Según el curador del Centro, Patricio Chávez, uno de los funcionarios locales fue motivado por la obra a proponer que toda la financiación futura de el NEA fuese reasignada para contratar 600 guardas fronterizos adicionales, respuesta que, por su carácter absurdo y grandioso, impresionó a algunos de los observadores como un coup de gráce brillante y por completo accidental.
Finalmente, como lo señaló el crítico de arte del San Diego Union Tribune, Bob Pincus, Arte reembolso fue un elemento crucial de la exposición La frontera. Puesto que el movimiento Border Art no se ha preocupado principalmente por las galerías y los museos, sino más bien por el espacio público, habría sido una absurda domesticación el haber preservado la totalidad de La Frontera escondida dentro de un museo.
Es evidente que Arte reembolso tocó un nervio sensible. Hubo un inconfundible aroma de enojo por la ingratitud --morder la mano de quien nos alimenta-- dirigido tanto a los artistas como a los mexicanos.
En medio del culto al multi culturalismo, Arte Reembolso-resaltó el hecho de que "Latinoamérica" significa algo muy diferente en la frontera y el Museo de Arte Moderno. Vista desde la frontera, Latinoamérica no es una tradición artística (magnánimamente valorizada) interpretada en paralelo con los nobles logros del norte. Los mexicanos primitivos, sucios, desvergonzados, con pandillas de niños dedicados a robar en la frontera, roban empleos, roban la seguridad "estadounidense." En este sentido, Arte reembolso es un remedio efectivo contra la acepción equivocada de progreso que ha acompañado la mayoría de las evaluaciones anglosajonas de la trayectoria del arte latinoamericano y latino en su inserción dentro de la corriente principal (y productiva).
Arte reembolso hizo también una importante contribución absurdista al provocar la adición potencial de becas que podrían beneficiar a inmigrantes ilegales a la lista de temas artísticos que han sido excluidos del apoyo federal. Esta lista, que anteriormente sólo incluía obras ... que muestren o describan... actividades u órganos sexuales o excretorios, religión o símbolos religiosos, ha llegado a convertirse en una especie de barómetro para medir los límites de tolerancia del ámbito público en Estados Unidos y ha sido revisada en el transcurso de los últimos años para cubrir nuevas poblaciones y problemas según lo exija el talante del momento.
Desde una perspectiva más amplia, podríamos decir asimismo que estos artistas ha conseguido crear con el tiempo un clima en San Diego que ha sido altamente sensibilizado por controversias y debates anteriores y que, por esta razón, reacciona cada vez con mayor fuerza a nuevas fuentes de estímulo. El clima artístico de San Diego es ciertamente extraordinario y único, debido tanto a la vehemencia y resistencia de sus movimientos artísticos políticos, públicos, colectivos como a la forma en que el tinte radical se ha extendido a instituciones más plácidas.
Con la multi culturización, el público del arte en los Estados Unidos se ha habituado a la experiencia de lo ajeno; ha aprendido incluso a gustarlo por su aroma exótico. Al saquear el extranjero cada vez con mayor frecuencia, invita a lo desconocido a las instituciones nacionales, si bien éste siempre aparece oculto en lo familiar. (Vale la pena anotar, como un aparte, que esto ha permitido también al capitalismo del norte llegar a algunos lugares a los que anteriormente nunca hubiera accedido). La inmigración, sin embargo, es un proceso demasiado inexorable y estigmatizado como para incluir únicamente ideales. Al polemizar aquella región en la cual el país, por razones geográficas, se ve obligado a confrontar directamente lo que significa esta multiplicación de identidades, este y otro proyectos del Border Art han despojado de gran parte de su retórica de beneficencia a un proceso mucho más complejo y comprometedor. Ava- los, Hock y Siseo han señalado que en la década de 1990, la refacción de La frontera, financiada por el gobierno, basa sus ganancias en el temor, el racismo y la búsqueda de un chivo expiatorio. Lo que ha hecho Arte reembolso es ... utilizar la frontera como el trasfondo teatral de un drama que tiene por objetivo principal despertar la animadversión del público por la política pública.
El incidente de Arte reembolso es interesante porque se encuentra a medio camino entre las controversias estadounidenses suscitadas, por una parte, en torno a la financiación pública del arte y al derecho a la libre expresión y, por la otra, en torno a la creciente población latinoamericana en los Estados Unidos y sus presuntos efectos sobre todos los aspectos de la vida, desde el trabajo hasta la moral. Llama la atención sobre el lado oscuro de la economía en el cual los ideales de una cultura plural se ven derrotados por banales realidades, algo de lo que todos prefieren no hablar. De alguna manera, resulta muy apropiado que, en la frontera más grande del mundo entre el Primer y el Tercer Mundo, haya continuos e irritantes recordatorios de otra verdad.
Rachel Weiss:
Curadora y crítica radicada en Boston y directora del Programa de Administración de las Artes en Lesley College.
RACHEL WEISS

