Arte, Postmodernidad y Periferia en América Latina

Jose Bedia Mira Mamita Estoy Arriba. Arriba 1991 Acrilico sobre lienzo y objetos encontrados 185x240cm

Ensayooct 1994 - dic 1994· Por Autor no disponible

Arte, Postmodernidad y Periferia en América Latina

Una conversación en Bogotá

En ocasión de la muestra Ante América se reunieron en la sede de Art Nexus/Arte en Colombia un grupo de artistas y críticos para intercambiar acerca de algunos temas planteados por la exposición. Ante América concluye en el Museo de Arte Contemporáneo de San José de Costa Rica un periplo de dos años por diferentes museos del continente. Ofrecemos un resumen de aquella plática.

Ivonne Pini

La exposición Ante América mostró que las propuestas actuales del arte latinoamericano generan en el público una manera nueva de mirar el entorno. Sería interesante escuchar el punto de vista de los artistas participantes en ella y de los teóricos, en el sentido de si ha variado la forma en que los creadores se apropian del contexto, y, de ser así, cómo caracterizarían este fenómeno.

Ticio Escobar

Hay una manera nueva de relacionarse con el medio, un replanteo de una sensibilidad, un escarceo constante entre la producción y el pensamiento. Con la modernidad ha habido una aceleración del pensamiento y una influencia cada vez mayor de éste, hasta llegar a una sospechosa coincidencia entre teoría y práctica. Nunca como en el arte contemporáneo ambas coincidieron tanto acerca de puntos fundamentales de la crítica a la modernidad: la abjuración de los macrorrelatos y el sujeto antiguo, la moda de los fragmentos y los pliegues, la reacus'ación de la vanguardia...

Se nota cuan- do en los debates la gente se *, A pregunta si somos o no postmodernos. No sé hasta qué punto el arte puede ser postmoderno. La postmodernidad es una sensibilidad, un método de análisis, un malestar, un espíritu de los tiempos, una manera de ver el mundo, que genera una serie de posibilidades, todo un horizonte, una episteme, como diría Foucault.

Ensayo: Arte, Postmodernidad y Periferia en América Latina — imagen 1
Carlos Cepelan, Instalación. La Habana, 1994

El hecho de que no prevalezcan normativas, de alguna manera cerró el ciclo autorreferencial de la modernidad. Al no existir dictámenes a los que recurrir hubo más libertad para que el artista diera rienda suelta a una sensibilidad. Pero fue sólo en apariencia. Gran parte del postmodernismo se sigue moviendo como una vanguardia, como lo que llegó después del modernismo. El arte latinoamericano fue tomando y expresando con mayor naturalidad grandes problemas, como si se hubiera liberado de muchas trabas. Como todo momento cultural ambiguo, la postmodernidad crea condiciones favorables para que la gente se exprese, pero hay a la vez muchos otros tratando desesperadamente de agarrar la onda. Estoy cansado de los altares populares y los ataditos, aunque hay artistas importantísimos que los hacen.

El arte postmoderno, al tratar de cuestionar la discursividad moderna, se convirtió en un metadiscurso. Se hace un nuevo discurso sobre el de la modernidad. En muchos casos se retoman repertorios y formas de la modernidad, sin el cinismo, la imaginación o la fuerza para rearmarlos de otra manera. Me parece importante crear una escena en la cual la imagen recupere sus derechos. De alguna manera el arte sigue teniendo un compromiso fuerte consigo mismo, como un lenguaje develador. Creo que el arte tiene un sentido profundamente moderno, sigue trabajando el significante buscando revelar cosas. Trabaja desde la torsión dolorosa que da el lenguaje al llegar a un límite en el que se rompe y se accede a una verdad oculta, más allá de las cosas, del amaneramiento de lo que se llama la postmodernidad.

La escena continúa siendo profundamente moderna, a pesar del coqueteo entre significante y significado. Somos modernos, pero queremos ver cuál es la nueva sensibilidad, lo transgresor, lo que rompe algún límite y se ubica más allá o más acá de lo que uno estaba haciendo. Veo una maduración de muchos lenguajes. La gente ha tomado lenguajes más filosóficos, más irónicos. De alguna manera se cumplió un aspecto de la modernidad al tratar de retomar elementos que habían quedado sueltos en la carrera maratónica de las vanguardias.

Gerardo Mosquera

Un dividendo de la postmodernidad es esa nueva libertad a la que Ticio se refería, que nos ha venido muy bien a los latinoamericanos por varias razones. Una de ellas es por el cese de esa carrera loca del modernismo en pos de lo original, que afectó al arte de América Latina al tratar de seguir a los centros. Es cierto que a menudo se tomó lo que salía de los centros para tratar de reinventarlo, y mucha de esa reinvención ha sido tan fructífera como los inventos originales. Hoy sabemos que la originalidad no resulta tan importante, por lo menos en el sentido del cambio como paradigma; es uno de los mitos de la modernidad.

La nueva conciencia nos ha hecho mirar más hacia nosotros mismos, actuar más dentro de nuestras cosas, más tranquilos. Por otro lado, la problemática de la alteridad nos ha remitido a esa cantidad de "otros" que coexistimos en América Latina, lo que ha abierto un interés por aspectos de nuestra cultura que, o no eran tocados - -so pena de que nos acusaran de no ser modernos-- o lo eran desde las perspectivas de los movimientos de la modernidad, enfocándolos más desde fuera que desde nosotros mismos. Bedia es un ejemplo medular de este cambio. Por otro lado, ha habido una mayor diversificación de los lenguajes y las poéticas acorde con la real diversidad nuestra. Vemos así el caso de Capelán, con una obra compleja, donde los aspectos discursivos tienen un gran peso y es a la vez una obra de la imagen, de la construcción de identidad, de la búsqueda de la memoria, del exilio...

Ensayo: Arte, Postmodernidad y Periferia en América Latina — imagen 2
Arturo Duclos. Punctum. 1994. Acrílico, óleo, esmalte y collage sobre tela. 140 × 179.5 cm. Foto: Patricia Novoa.

Fredric Jameson

Como no soy un crítico de arte puedo hablar mejor de las cosas individuales que acerca de lo general. Quiero empezar por decir que Ante América es una exposición extraordinaria, una de las más importantes que he visto. En cuanto a los rasgos que noto, no estoy seguro de que en el plano abstracto exista mucha diferencia con el postmodernismo norteamericano. Lo que me atrajo, por ejemplo, fue cómo la toma de imágenes en varias de las piezas, una técnica que podemos encontrar en el postmodemismo norteamericano, aquí resultó más interesante para mí. Y me pregunto por qué. Tal vez porque la realidad a la que corresponde sea más interesante. Otro ejemplo es el aislamiento de ciertos objetos, dejados sin un trasfondo, por decirlo así. Esto es característico del postmodernismo en general, y se ve en el arte norteamericano. Por lo tanto, no sería la manera de hacer las cosas lo diferente. Supongo que debe ser otra cosa, debe ser el contexto.

Resulta más impactante en toda esta cuestión de lo sagrado, lo arcaico, etc. Se trata de un tema muy interesante, porque hay también norteamericanos que han trabajado en esta dirección, por ejemplo, Smithson o los artistas que aparecen en Overlay, el libro de Lucy Lippard. Es algo sistemático que ha salido del postmodernismo: tomar una nueva posición acerca de todo esto. O sea, vemos entre los norteamericanos los mismos materiales que encontramos aquí, en esto también se establece una analogía. Pero la cuestión es que el efecto en los artistas de Ante América es mucho más poderoso, extraordinario. El problema consiste en que hablo en la creencia de que hay como un conjunto global de técnicas postmodernistas, que funcionan aquí y también lo hacen en la América del Norte. Por lo tanto, hay que buscar las diferencias en otro lado y no sé bien dónde. Resulta para mí un problema muy interesante cómo toda una nueva manera global de hacer las cosas —puede ser en instalaciones, video, etc.— produce resultados que uno definitivamente percibe como diferentes.

Mosquera

No existe tanto una diferencia formal en mucho de lo que se ve en Ante América o en el arte latinoamericano y lo que se hace en los centros.

Hay una diferencia de contenidos, de significados, de poéticas y también cultural.

Un factor fundamental que establece una identificación es que los artistas de los centros se nutrieron con elementos de culturas no occidentales, desde Picasso a Jose- ph Beuys. Picasso lo hacía con un total desconocimiento de los significados y funciones de las máscaras que tomaba como modelo, su acercamiento era ante todo formal.

Beuys era el caso de un "primitivista ilustrado" —en palabras de Luis Camnitzer—, tenía conocimientos de antropología. Su acercamiento a esas culturas era erudito y con él trabajaba en cuanto artista. La diferencia que me parece ver en los latinoamericanos es que al tratar de usar cosmovisiones, lenguajes, valores y otros elementos de tradición no occidental lo están haciendo dentro de su propia cultura, trabajando con elementos de su propio imaginario, de su manera de ver el mundo e incluso de su cotidianidad. Hay una diferencia epistemológica aunque el arte muchas veces se parece en lo formal, cuando se profundiza en él encontramos posiciones muy distintas. Si Beuys se acercaba hacia lo "primitivo" era por salirse un poco de su propia cultura, en pos de otros paradigmas. Cuando algunos de los 43w artistas presentes en Ante América y otros trabajan en esto, lo hacen para adentrarse más en su propia cultura. Hay una diferencia polar.

rica es mucho más poderoso, extraordinario. El problema consiste en que hablo en la creencia de que hay como un conjunto global de técnicas poetmo- dernistas, que funcionan aquí y también lo hacen en la América del Norte. Por lo tanto hay que buscar las diferencias en otro lado y no sé bien dónde. Resulta para mí un problema muy interesante cómo toda una nueva manera global de hacer las cosas —puede ser en instalaciones, video, etc.— produce resultados que uno definitivamente percibe como diferentes.

Carlos Capelán

El punto que más interesa del postmodernismo es que ha tenido el poder de arrebatarle el discurso a la historia del arte y dejarlo en manos de la antropología. Me interesa observar la existencia de un proyecto global, conocer cómo los centros de poder miran el planeta dentro de un contexto pluricultural y cómo se miran a sí mismos. Me interesa expresar la condición social de donde vengo (clase media baja rioplatense). Los discursos antropológicos me explican mucho más que los estéticos la definición que está en el anterior sujeto perceptor —que nosotros llamamos centros de poder—, que nos define a nosotros, los latinoamericanos, como periféricos. Esta situación puede determinar muchas de las cosas que estamos haciendo. Toda la historia de la modernidad occidental es la historia de establecer un otro (Gau- guin, Picasso...) y, a través de eso, ponerse una serie de atributos para compensar la debilidad espiritual de este Yo occidental, hegemónico, poderoso en términos económicos. Entonces ese Yo trata de convertirse en el otro e intenta apropiarse del "primitivis-mo" en aras de hacerse más puro, y por deseos de tener un origen.

Ensayo: Arte, Postmodernidad y Periferia en América Latina — imagen 3
Martín López. Ser dominicano. 1976–86. Secuencias de fotografías blanco y negro copiadas sobre papel en copy-printer

Jameson

Tiene mucho sentido.

Mosquera

También se acercan a la periferia para tratar de agarrar el último bastión, los últimos dioses, la última máscara que compense un vacío de espiritualidad.

Capelán

Cuando los periféricos nos asumimos como otra alteridad, establecemos una alteridad discrepante con la descripción que se hace de nosotros desde los centros de poder. Desde esa otre- dad concebimos un Yo perceptor del mundo y lo globalizamos, y a partir de ello podemos tener un diálogo con los centros.

A quienes estamos reunidos aquí no nos interesa coincidir con los proyectos de la mainstream. Nos interesa generar lenguajes para poder describir el paisaje inmediato que tenemos. Lo que pasa es que tal vez somos también "primitivos ilustrados". Es justo ser un "primitivo ilustrado" como Pepe Be- dia. Los "otros" tenemos derecho a serlo, sólo que de otro modo.

José Bedia

Sí, toda esta situación se plantea de forma injusta, con una visión desde los centros de poder occidentales. No se reconoce un derecho nuestro a asimilar y apropiarnos de cosas que son nuestras, mientras ellos lo hicieron y quedaron como paradigma del supuesto arte de vanguardia, que en muchos casos no es más que un reciclaje de cosas que nos pertenecen. Por ejemplo, a Keith Haring nadie le reclamó su influencia de las molas panameñas; pero a lo mejor sale un panameño tratando de basar su arte en las molas de su país y le dicen que es un imitador de Haring. Hay que poner punto final y establecer nuestros derechos reales.

Arturo Duelos

Un hecho importante es que al ser nosotros "ilustrados" lo somos por el "otro" y al mismo tiempo por el discurso antropológico, por el discurso post- estructuralista...En mi trabajo y en los demás participantes en Ante América está el aspecto del reciclaje, de tener esa información, revestirla, y ser capaces de crear desde otro lugar este nuevo discurso. Es la forma más perversa: recoger la información, apropiarla, reacondicionarla y emitir un mensaje totalmente nuevo, que cuestiona la fundación del "otro" y a la vez la de la mainstream.

Martín López

Yo me desarrollé en una isla paradisiaca. El hombre llegó a Santo Domingo en el año 500 de la era cristiana... luego vino el español que trajo al africano- llegaron judíos, libaneses, árabes., una plurivalencia cultural. ¿Cuál es mi identidad? ¿Qué es ser dominicano? Es ser universal. No me considero americano, latinoamericano ni europeo. No tengo ese tipo de preocupaciones. Soy un ser, una existencia que se desarrolla en un espacio, un cielo, un mar, un aire- capaz de ser sensible y de recrear toda una serie de percepciones. Lo de la postmodemidad nunca me lo he planteado como una cuestión de primer orden. ¿Qué soy dentro de los movimientos estéticos establecidos y dentro de su desarrollo qué papel he venido desempeñando? No me considero postmoderno. Asimilo todo lo que me ha llegado como información y conocimiento. A partir de ahí rechazo situaciones, tomo una postura... Por ejemplo, el modernismo ha venido a ser un elemento de destrucción tal que en cien años el hombre ha aniquilado su ecología.

El postmodemismo debería plasmarse desde un punto de vista de reconstrucción de los valores, de nuestra forma de respetar el ambiente, la integridad del ser humano, la libertad. Por otro lado, no veo que yo tenga grandes diferencias de las inquietudes existenciales de un Bosch, un Da Vinci... que también aportaron enormemente al modernismo. Son quizá los verdaderos premodernos, que dejaron establecidos planes que llevan al hombre a un desarrollo mayor. La misma preocupación por la muerte, por el destino, por encontrar lo imprevisto.

Mosquera

Lo que dijo Martín sobre el destino y la identidad forma parte de esta nueva conciencia que podemos llamar posmoderna. Los discursos sobre la identidad se han problematizado mucho. Por ejemplo, hay un cuento de Borges en el cual un personaje pregunta a otro ¿qué es ser colombiano? Y él aludido responde: "Un acto de fe". En la lectura de la época es una frase cínica pero la llamada antropología postmoderna le ha restado cinismo porque interpreta la identidad más como un proceso de construcción colectiva, consciente, sobre la base de determinados intereses generales, y menos como una cuestión de esencias, de tradición, de un pasado mítico que está ahí y determina esa identidad que se va desarrollando. No quiere decir que sea una actitud totalmente mental. Son procesos culturales condicionados por la experiencia, pero a la vez actos volitivos.

Pini

Me preocupa que lo latinoamericano sigue siendo visto como una totalidad. No logramos entender que sí existen elementos de identidad, pero que esos elementos son el resultado de las contradicciones y las diferencias notorias entre una región y otra. Seguimos aceptando un discurso externo a nosotros, que nos ve como una totalidad. Desde este parámetro nos pueden encasillar más fácilmente. Pienso en las exposiciones que se hacen desde fuera y desde allí nos miran. Aparece el exotismo, el folclorismo... una especie de turismo del arte en que los latinoamericanos debemos comportarnos de determinada manera.

Es necesario un cambio de actitud respecto a cómo miramos la identidad. No es que ya estemos aburridos del término o que a la postmodernidad no le preocupe. Si soy europea no me debo preocupar por la identidad, porque la tengo resuelta. El problema es si la miro desde aquí y trato de establecer esas generalizaciones. No se nos ocurre decir, por ejemplo, "el arte de toda Europa". Sin embargo, de nosotros dicen: " el arte latinoamericano". Los que se hace en una y otra punta del continente parece lo mismo, responde a parámetros similares. Debemos aceptar que somos diferentes; esa aceptación es una manera de entendernos mejor. Ver cuáles son los elementos que efectivamente existen y nos ligan

Bedia

¿Por qué la identidad si nadie se preocupa de eso? La obsesión ha surgido de posiciones paternalistas hacia nosotros. Es como si hubiera que convencerlos de lo que somos. Yo no tengo que convencer a nadie. En todo caso nos convencemos nosotros mismos.

Por otro lado, no tengo por qué ser un paradigma de la identidad cubana y latinoamericana. La gente vive la identidad de manera natural, diariamente, sin cuestionarse si es su identidad. La actúan y se nutren de ella. No tengo por qué convencerlos. Quizá ninguno de nosotros somos paradigma de eso.

Capelán

El centro de poder se define a sí mismo en la medida en que define a la periferia. En la medida en que te dice: 'Tú no perteneces a nuestro grupo". Toda la historia del modernismo, desde Rembrandt hasta acá, y desde antes, tiene que ver con un asunto de identidad local y mensaje global. Rembrandt es profundamente holandés, tiene un menaje holandés profundísimo y reflexiona sobre la globalidad. Cuando nosotros reflexionamos a partir de nuestra identidad se nos acusa de localistas y provincianos.

Ellos se representan a sí mismos y somos representados por ellos. Nosotros nos representamos a partir de los patrones de ellos. En antropología se habla de crisis de representación. La antropología es la historia del superego occidental que va definiendo al Otro. Pero ese cuento ya pasó. Desde MacLuhan sabemos que vino la modernidad global. El "otro", que siempre fue definido, empieza a usar los elementos de los centros de poder para definirse a sí mismo y hacer un juego doble o triple. Las estrategias de los periféricos son más completas, más sutiles y más trabajosas...

Pini

Alejo Carpentier decía que una de las cosas que tiene América es que nuestra realidad no estaba totalmente hecha, que había cantidad de elementos que podíamos tomar y trabajar, que en cierta medida tenemos como un banco de imágenes no trabajadas, por investigar.

Capelán

No veo que los latinoamericanos tengamos que usar la misma estrategia, la misma estructura para definir nuestro yo... somos pluriculturales. No tenemos que definimos dentro de la construcción de un sujeto nacional que viene de Occidente. Hacemos cosas más heterogéneas, más tolerantes, más intercomunicantes...

Mosquera
Las categorías de hibridación, mestizaje y sincretismo se han convertido en el gran y total paradigma de la cultura latinoamericana. Me parecen categorías muy útiles, aunque al usarlas debemos recordar que hay otro concepto que nos caracteriza y que ignoramos de manera dramática: el multiculturalismo.
Nos negamos a reconocerlo porque las burguesías criollas responsables de educar a nuestras naciones siempre utilizaron el concepto de síntesis para enmascarar la verdadera estratificación de los conglomerados que se estaban formando. Desde el momento en que el grupo hegemónico dice: “somos híbridos, mestizos”, quiere decir: “aunque seamos blancos, ricos y dominantes, también incluimos a los indígenas, a los negros... a todos los estratos de la sociedad”. Esto me parece una falacia, un concepto absolutamente ideologizado del poder, porque grandes grupos en América Latina no solo no participan en los proyectos nacionales, sino que ni siquiera son reconocidos dentro de la nacionalidad del país en cuyas fronteras viven. A diferencia de lo que sucede en África y Asia, aquí nos cuesta mucho aceptar que somos multiculturales.

Celia Sredni de Birbragher
Una de las cualidades del arte latinoamericano es su creación independiente, su capacidad individual de crear por necesidad, por placer, de una forma que no está tan atada al mercado, como ocurre en los grandes centros de poder. Es una capacidad de creación y sensibilidad, condicionada por la complejidad del mundo latinoamericano.

Lopez
Estoy haciendo obras que no se llaman arte, inclasificables. Por eso decidí llamarme extra-moderno.
No estamos en un período de posmodernidad, sino en uno de extramodernidad, donde asimilamos todas las corrientes: el “primitivismo”, la magia, lo antiguo, lo moderno, el futuro... tal vez ese deba ser nuestro objetivo: ver el mañana.

Jose Bedia
Artista cubano, vive en Miami, Florida.

Carlos Capelán
Artista uruguayo, vive en Lund, Suecia.

Arturo Duclos
Artista chileno, vive en Santiago.

Ticio Escobar
Crítico de arte paraguayo, vive en Asunción.

Frederic Jameson
Crítico de arte y escritor de Estados Unidos.

Martin Lopez
Fotógrafo dominicano, vive en Santo Domingo.

Gerardo Mosquera
Crítico y escritor cubano. Ganador de una beca de la Fundación Guggenheim. Vive en La Habana.

Ivonne Pini
Profesora de la Universidad Nacional de Colombia. Editora Ejecutiva de Arte en Colombia / Art Nexus.

Celia S. de Birbragher
Editora y publicadora de Arte en Colombia.

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