Nacido en México en 1950, habiéndose dedicado al diseño industrial, Mazal decidió dejarlo todo y pintar, en un alarde de romanticismo finisecular muy a proposito con estas fechas. De la misma manera podemos caracterizar su pintura, matérica, transparentemente barroca, tan mexicana como española, resuelta para esta exposición en dos series espectaculares. Una, de grandes bastidores con obstrucciones visuales en forma de damero, de cuadrado y de triángulo, mientras que la otra se sujeta a dimensiones opuestas.
La exposición para España se planeó y realizó en Nueva York. En ella intervienen la música que Mazal siempre escucha mientras pinta, la fotografía -de la que hablaremos seguidamente- y algo que podría clasificarse como las visiones abstractizadas de Goya, de las iglesias y de los muros de la ciudad. En las obturaciones está sugerido México y la “x” como la letra que España no usó y que esta tierra atesora. Una “x” que es cruz y es estructura -tanto a la vista como oculta. Sobre las diferencias de las partes con el todo podría hablarse tanto; acerca de las similitudes queda todo por decir. Habiendo vivido en España, ha exhibido con éxito en ciudad de México y actualmente alterna su residencia entre España y Nueva York.
En esta ocasión, la fotografía toma un papel tutelar. Un amigo de Chicago tomó unas fotografías de sectores de sus obras, se las envió, Mazal las retrabajó y las regresó. Se volvieron a fotografiar. En ocasiones, el proceso se repitió más de una vez en pos del enriquecimiento de la imagen. Estas experiencias interdisciplinarias atienden a la situación “resorte” que vive el arte en general, cuando de arte se trata. Alternando fotografías con dibujos y con pinturas, produce con estas interpolaciones un aire necesario y una línea conductora. Al introducir “aire” a la cargada autonomía de las grandes pinturas, que van en una paleta de amplio rango, de muy claras y luminosas a, violentas y rojas, se remarcan los opuestos entre la materia pictórica y la tela, frente al soporte papel.
Una obra resuelve otra, lo que parece inacabado aflora. Con el reprocesado de las imágenes se establece un panorama crítico de los “bordes/borders/fronteras” -en las que se habita, en las que se trabaja, en la que se desarrolla toda la vida-. No hay duda que interesaría desarrollar más aun este concepto interdisciplinario, el artista así se lo ha trazado.
No es la suya una expresión lejana a la religión. Ese tema se manifiesta con un pathos contemporáneo, desiconificado y en una perspectiva emotiva manejada a sabiendas, pero transparente. Sus pinturas dejan ver algunas figuras, textos y gestos de reconocible significado, es una etapa en la que Mazal va con la antorcha encendida de la figuración oculta tras la cascada pictórica.
GRACIELA KARTOFEL
