Guillermo Conte es un verdadero romántico: así lo define Bonnie Clearwater en la presentación del catálogo que acompañó la muestra de sus obras más recientes, las cuales estuvieron expuestas durante los meses de abril y mayo, en la Galería Fernando Quintana. Artista argentino de nacimiento, de ascendencia italiana y por antonomasia inmigrante, vive en la actualidad en San José de Costa Rica y realiza por primera vez una muestra individual en Colombia.
Conte es un romántico fuera de lo común. En esta muestra sueña nostálgicamente los recuerdos de sus antepasados y con el mismo delirio presenta las imágenes de su adolescencia. De igual manera maneja los símbolos, evidentes y fuertes, con los que transmite el sabor de lo que para él es la ciudad de Buenos Aires.
Su recuerdos-sueños están centrados en un espacio cósmico apoyado en los textos, los cuales al verlos en la distancia dan toda la sensación de ser legibles, pero en verdad resultan ilegibles al tratar de leerlos; así es como convierte el infinito en soporte cargado de emocionalidad. En el fondo caligráfico vemos la historia de un diálogo epistolar con sus antepasados. La añoranza brinca a cada instante en símboloscomo cornisas, balaustradas, enrejados, puentes que entrañan los recuerdos callejeros, al igual que la silla Thonet de los bares.
En la distancia encierra su condición de inmigrante, énfasis con el que apoya su memoria para darle paso al árbol - símbolo del árbol genealógico-, marcando el nexo inexorable a sus raíces, recreando la selección de recuerdos tanto del pasado como los actuales. Tal vez los elementos que envuelven su existencia, sus emociones, su sensualidad y el amor se presentan en las obras en las que transforma sus recuerdos para ser simbolizados en el corazón, la rosa y la guaca.
Al color difuso del fondo le contraponen la exactitud dada a los elementos que siempre flotan. A la materia empleada como base del espacio confronta la distancia al definir los perfiles y contornos de los objetos. Crea en el ensueño los recuerdos, le da vida a su historia, que igualmente comienza a ser la historia del espectador. Es la poesía de sus obsesiones a las cuales les inyecta misterio.
MARÍA TERESA GUERRERO
